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La persona humana se completa al afirmarse en un contexto, situada en un lugar en el que sus raíces se entrelazan con los demás, el ambiente, el entorno natural, cultural y ambiental, formando una totalidad indivisible. La educación significa la síntesis entre la persona y su entorno social y el territorial en que anida. Posibilita al ser humano completarse a sí mismo, en tanto desarrolla sus capacidades cognitivas, metacognitivas, espirituales y corporales, a la vez que le facilita como persona desplegar todas sus potencialidades en el contexto social y ciudadano en el que convive.

Nuestra historia educativa refleja la adopción al carbón de experiencias y modelos ajenos y contradictorios con los contextos del país y su diversidad cultural y étnica. Esto ha “facilitado” el trabajo de las administraciones educativas en cuanto a su visión eficientista, agilizando la implantación rápida de modelos y experiencias, pero ha significado la negación de capacidades del país para gestar e idear sus propios modelos y experiencias. La vida de tales modelos y experiencias tiene una vida útil muy limitada, sin sostenibilidad alguna, con la pérdida de los recursos invertidos, como consecuencia.

Esta cultura de dependencia llegó al extremo que, algunas agencias internacionales, procuraron cumplir más sus objetivos y no los del país, imponiendo agendas ante la incapacidad de las administraciones para formular sus requerimientos. En los últimos diez años esta situación ha sufrido cambios, al demandar de la cooperación coordinar el aporte de recursos para apoyar las políticas. A pesar de ello, esta realidad de dependencia ha calado de manera profunda en el aparato educativo, y aún persisten manifestaciones de ella a pesar de los esfuerzos por salir de tal postración.

Superar esta situación de dependencia encubierta no es tarea fácil. Exige notables esfuerzos desde el nivel central hasta el local para identificarse, en profundidad, con el fenómeno educativo y los contextos en que éste se desarrolla. Dos dinámicas requieren ser desarrolladas y potenciarse entre sí: por una parte, la dinámica de profundización y actualización en el desarrollo de capacidades de los recursos humanos, y por otra, el conocimiento profundo de las características nacionales, departamentales, municipales y comunitarias. En definitiva, se requiere, no sólo una aproximación a comprender la naturaleza de los actores educativos situados en contextos específicos con las características que imprime la identidad nicaragüense genérica, sino también cómo ésta se enriquece con elementos que arroja la diversidad cultural y problémica de las regiones, los municipios y comunidades.

Resultados de investigaciones realizadas con docentes apuntan esta situación, al referir que estos se sienten obligados a aplicar modelos ajenos a la realidad; demandan tomar en cuenta sus experiencias situadas, sistematizarlas y transferirlas, generando, así, sus propios modelos e iniciativas. Algunos ejemplos de descontextualización son los siguientes.

La incorporación de un currículum centrado en competencias, obedece a una moda regional y mundial, y no han mediado procesos de interiorización ni adecuación. La descentralización de procesos de gestión educativa ha obedecido a traslados mecánicos de otros países y contextos, sin tomar en cuenta que ello exigiría conocer a fondo la cultura local, trasladar recursos, funciones y no problemas a los municipios y comunidades. Por su parte, la adecuación curricular, que debiera convertirse en el mejor espacio de contextualización, en la práctica no se realiza desaprovechándose tal oportunidad. Las nuevas sensibilidades educativas, son transferidas e implantadas sin la reflexión e interpretación compartidas con maestros y maestras, por lo que se convierten en meros estereotipos sin contenido alguno. Los ejes transversales constituyen una riqueza importada para el planteamiento curricular, no obstante, al no ser asimilados, adecuados y compartidos con los maestros a la realidad y contextos del país, quedan reducidos a meros imaginarios. El cuadro de valores que se incorpora en el currículum no obedece a valores concertados socialmente, por lo cual difícilmente se incorporan a la práctica cotidiana. Los libros de texto suelen replicar conocimientos de textos de otros países, con bajos niveles de aproximación a las realidades del país; se hacen esfuerzos por contextualizar los nuevos textos, pero no están exentos de imposiciones ideológicas. Se adoptan objetivos y metas para todo el país, pero sin tomar en cuenta las particularidades de sus contextos. Se copian metodologías de enseñanza, sin tomar en cuenta experiencias pedagógicas exitosas de maestros y maestras.

En tanto, la capacidad de iniciativa de la educación del país y de sus funcionarios se realce, más difícil será que otros impongan sus enfoques y metas; mientras no se promueva que los maestros y maestras proyecten y compartan con otros sus experiencias pedagógicas exitosas e innovaciones, se continuarán imponiendo y copiando, sin éxito, otros modelos.

*Ph. D. / Ideuca