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La restitución de la personalidad jurídica del Partido Conservador produjo como consecuencia inmediata el debate interno sobre la renovación de las autoridades, punto en el cual hay consenso en todas las facciones de la organización, ya que el partido siempre ha sido detractor de las reelecciones y prueba de ello es que nunca ha habido un dictador conservador en la historia de Nicaragua. En la primera comparecencia pública que hizo Alejandro Bolaños Davis, al serle regresada su diputación, anunció su interés en presidir el partido. Más recientemente, Luciano García, manifestó el mismo interés en ocupar dicho cargo y de igual manera Azalia Avilés, declaró a este diario que hay dos personas más interesadas en la presidencia del partido, pero, a diferencia de Ortega, ella no tiene interés en continuar en el cargo a pesar de la prohibición.

La pretensión de Alejandro Bolaños no es nueva, y en su favor puedo destacar que es un Metodólogo y ex Docente de Incae; además, su constancia en la capacitación a jóvenes es una de la mejores cosas que hay en el partido. Sin embargo, siento que el despojo arbitrario de su diputación no fue capitalizado de la mejor manera; también hay alguna resistencia en él de recorrer el país para visitar a la familia conservadora; asimismo, su manejo ante los medios de comunicación no es bueno y, sobre todo, hay mucha expectativa sobre su labor futura en la Asamblea Nacional.

Por otra parte, yo sólo llevo tres años militando en el Partido Conservador, por lo que conozco muy poco de la trayectoria de Luciano García; de hecho, sólo le he visto tres veces en mi vida, todas ellas en el Cenidh. Dos de esas tres veces llegó acompañando a Eduardo Montealegre, en las denuncias que éste ha hecho sobre la persecución política que Daniel Ortega tiene en su contra.

También tengo muy presente las declaraciones de Luciano García, cuando fue electo candidato a alcalde de Managua por el Partido Conservador, las que parecían más un juramento de lealtad a un dirigente de otro partido, que palabras de agradecimiento a quienes lo designaron. Ilustrado de forma gráfica, su comportamiento es como una sandía, de esas pequeñas, con corteza verde y su interior es rojo; él es conservador, pero su actuar coincide a la perfección con la facción del liberalismo que lidera Montealegre. De ahí mi principal reserva, que su candidatura tenga una finalidad alienable.

Como joven, me entusiasma la idea del cambio de autoridades en mi partido, ya que crea la oportunidad de plantear nuestras necesidades como relevo generacional de la organización. Por lo pronto, identifico tres cosas: la primera es la transparencia y participación de toda la familia conservadora en este proceso electoral interno; en segundo lugar, la presentación detallada por parte de los candidatos de la estrategia del partido en los 30 meses del período, para lo cual deben propiciarse los debates públicos al respecto; por último, la continuidad de los aciertos y logros de la administración de Azalia Avilés, principalmente en la capacitación y apertura de espacios de participación de mujeres y jóvenes, así como la proyección internacional alcanzada.

Creo que dentro de la estrategia que debe seguir el Partido Conservador deben contemplarse mecanismos que permitan administrar de una mejor manera la disidencia para que no nos fraccionemos más; crecer en el número de militancia; formación política a los alcaldes y concejales nuestros que resulten electos, para que no los neutralicen o absorban otros partidos; institucionalizar a las estructuras departamentales y municipales para que no se formen caudillos locales que merman el crecimiento de la organización; mejorar la tributación interna como mecanismo de financiamiento, para que nuestras decisiones sean tomadas con total liberalidad; tener estrategias de captación y formación de cuadros; enarbolar la bandera de pluralismo político para sobrevivir y crecer como partido político en la actual polarización; estrategia del partido en las elecciones generales del 2011 y municipales del 2012; y como eje transversal, la inclusión de las mujeres y los jóvenes en cargos de dirección y cargos de elección popular.

Es evidente su interés en presidir el partido, lo que los conservadores y principalmente los jóvenes necesitamos y exigimos saber, es qué rumbo quieren que siga el Partido Conservador en los próximos treinta meses. Es necesario que nosotros, al igual que los demás partidos, transitemos de ser políticos a la carrera a políticos de carrera, capaces de ganar una elección y gobernar de forma eficiente.


*Miembro de la Juventud del Partido Conservador