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Los medios masivos de comunicación -o mass media, anglicismo con el cual también se los conoce- influyen sobre las personas, modificando sus modelos de vida, costumbres, hábitos de consumo y hasta su propias opiniones. Y ejercen, sin duda alguna, una importante influencia en el uso del idioma. Una simple palabra mal escrita por error, descuido o desconocimiento se difunde entre miles de lectores y a más de uno lo inducen a cometer yerros en su modo de expresión, primero oral y luego escrito.

Vamos a documentar, a manera de ejemplo, los siguientes casos. Se dice en un diario de circulación nacional: “Pedime lo que querrás, pero ya no me sigás haciendo sombra”. (LP/28/03/04). ¿En qué consiste el error? En el uso del verbo “querer” en la 2ª. persona del plural del presente de subjuntivo. Se dice “querás” (y no “querrás”). Se dice “Lo que nosotros queramos” (y no “querramos”). Como se dice “querré” en la 1ª. persona del singular, del futuro de indicativo (y no “querreré”): “Siempre te querré”.

Otra cita: “Tico detenido en aereopuerto por posesión de droga”. (END/13/05/07). ¿Qué indujo a error al redactor de la noticia al escribir “aereopuerto”, en lugar de aeropuerto? Probablemente a la asociación mental con la palabra “aéreo” (del lat. aereus, aire): perteneciente o relativo a la aviación; por ejemplo: “Líneas aéreas”.

Un tercer ejemplo: “Como todos los años, el líder celebra primeramente un mitín en las afueras del Mercado Huembes”. (BdeN/ 27/06/03). “Mitin”, como sabemos, es palabra grave y no aguda. Su plural es esdrújulo: “mítines”.

Pero hay más: “Nosotros reproducimos en Nicaragua un reportaje de “60 Minutos”, que fue ampliamente publicado en Estados Unidos. (LP/27/07/03). Se dice El año pasado reprodujimos, porque el verbo “reproducir” está empleado en pasado (2ª. per., pl. pret. perf. indic.), no ‘reproducimos’.

Otro más: “Ante la súplica de María Angélica, la ex cónyugue, para que no asesinara a sus padres, el hombre la golpeó…” (END/24/01/04). Aquí, la palabra “cónyugue” está escrita pensando más en “yugo” que en “consorte”. La palabra correcta es “cónyuge”.

Y por último: “Alemán padece de hipertensión arterial y diábetes…” (BdeN/19/08/03). “Diabetes” (y no “diábetes”) es palabra grave y no lleva acento gráfico.

Pero los errores se difunden también por otras vías. ¿Ha oído usted la palabra “tragiversación” para referirse a una interpretación errónea? ¿Realiza usted ejercicios en “cluquillas”? ¿En alguna ocasión escuchó decir bomba “lagrimógena”? ¿Le contó un amigo que en su comunidad están “arbolizando” el parque? ¿Le oyó decir al dentista que usted tiene algún diente con “carie”? ¿Escuchó en algún medio radial la palabra “viceversa”? ?Tiene usted constantes “disgresiones” mientras conversa? ¿Le dijo en alguna ocasión a un pariente suyo que la “chiminea” quedó mal construida? ¿Ha oído la palabra “álbunes”? ¿Tiene usted y su mejor amigo “carácteres” opuestos?

Pues todas estas palabras destacadas están empleadas incorrectamente. ¿Por qué? Veámoslo someramente. En algunos casos, se alteran sonidos (tergiversación= ‘tragiversación’, cuclillas= ‘cluquillas’); en otros, se desconoce el origen etimológico (lacrimógeno, del lat. lácrima, lágrima; arborizar, del lat. arboris, árbol); en unos, se suprime algún sonido por desconocimiento de voces que se usan solamente en plural (caries= ‘carie’); en otros, lo contrario: se agrega el sonido por analogía, como disgregar (digresión= ‘disgresión’); con frecuencia se cambia un sonido vocálico (viceversa y chimenea= ‘viciversa’ y ‘chiminea’); se cambia un sonido consonántico por otro (“álbumes”= “álbunes”); y hasta se cambia el lugar del acento (caracteres = ‘carácteres’).

Uso de algunas formas conjugadas

Algunas personas, sobre todo en la conjugación de los verbos, incurren en incorrecciones que necesariamente deben evitar. Por ejemplo: ‘apreto’ (por aprieto), ‘engroso’ (por engrueso), ‘trastroco’ (por trastrueco), ‘colo’ (por cuelo), ‘remedeo’ (por remedio), ‘herro’ (por hierro), ‘renovo’ (por renuevo), ‘cozo’ (por cuezo), ‘desmembro’ (por desmiembro), ‘emparento’ (por empariento), ‘neva’ (por nieva), ‘herve’ (por hierve), ‘desplega’ (por despliega), ‘degollo’ (por degüello), ‘cambeo’ (por cambio), ‘negoceo’ (por negocio), ‘forzan’ (por fuerzan). Se dice Ayer viniste (2ª. per. sing., pret. perf. simpl.), no ‘veniste’: ¿Otra vez veniste bolo al pegue? LP/ 27/07/03).

Palabras agudas como graves y viceversa

Las palabras hostil (contrario o enemigo), sutil (delgado o tenue, agudo o perspicaz) y cariz (aspecto que presenta un asunto) son agudas y no deben, por tanto, pronunciarse como graves (‘hóstil’, ‘sútil’, ‘cáriz’). Táctil (relativo al tacto) y mitin (reunión pública de carácter político) es el caso contrario: son palabras graves y no deben pronunciarse como agudas (‘tactil’, ‘mitín’).

Palabras graves como esdrújulas

Las palabras centigramo (centésima parte de un gramo) y mendigo (persona que vive habitualmente pidiendo limosna) son graves y no deben pronunciarse como esdrújulas (‘centígramo’ y ‘méndigo’, esta última por influencia de las películas mexicanas). Con el uso de algunas formas conjugadas ocurre lo mismo: ‘háyamos’ (por hayamos), ‘váyamos’ (por vayamos), ‘alíneo’ (por alineo), ‘séamos’ (por seamos).

Palabras esdrújulas como agudas y viceversa

Las palabras hábitat (lugar adecuado para que viva un animal o un vegetal) e ínterin (intermedio o intervalo) no deben emplearse como agudas (‘habitat’ e ‘interín’). Bumerán (arma arrojadiza curvada que lanzada en forma giratoria puede volver al punto de partida) es el caso contrario: una palabra aguda que no debe pronunciarse como esdrújula (‘búmeran’).

Palabras esdrújulas como sobresdrújulas

Otras veces, se pronuncia una palabra como sobresdrújula, cuando en realidad es esdrújula. Es el caso de régimen (conjunto de normas que reglamentan una cosa o actividad) y espécimen (modelo o ejemplar) que, aunque siguen siendo esdrújulas al pluralizarlas, desplazan su acento a la siguiente sílaba: regímenes y especímenes, respectivamente (no ‘régimenes’ ni ‘espécimenes’). Cardumen (banco de peces) es el otro caso de palabras que desplazan su acento a la siguiente sílaba: cardúmenes.

Matricida y parricida

El término matricida (del lat. mater, madre y cida, matar) significa ‘el que mata a su madre’. Por analogía con esta palabra, se oye decir ‘patricida’ para referirse al asesino de su propio padre. Esta voz (del lat. pater, padre y cida, matar) es una forma anticuada. Debe decirse ahora parricida y parricidio, términos muy amplios empleados para referirse al asesinato cometido contra un pariente próximo, especialmente el padre o la madre. En cuanto a fratricida y fratricidio (del lat. frater, hermano), algunos pronuncian erróneamente ‘fraticida’, por analogía con insecticida.

“Los gramáticos y los médicos -dice Alex Grijelmo- se han dedicado a estudiar cómo funcionan el cuerpo y el idioma, para enseñarnos a cuidar sus naturalezas sin dañarlas. Ojalá que el respeto a esa obra colectiva -el idioma común, patrimonio histórico y cultural de todos los hispanohablantes- nos permita dejarla en herencia a las nuevas generaciones en toda su riqueza…”


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