Jorge Eduardo Arellano
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El mundo moderno ha vivido muchos tratados y procesos de desarmes, ocasionados por los intereses de la carrera armamentista, guerras, conflictos y crisis nacionales, regionales o mundiales. Los protagonistas siempre han sido los contendientes y beligerantes, ya sea a lo interno de un mismo estado o entre varios estados. El común denominador de la humanidad en este campo, como en muchos otros, ha sido el de tropezar con la misma piedra… dándose golpe en el pecho, buscando a culpables que nunca encuentra. A pesar de eso, al concluir sus belicosas conflagraciones, casi siempre ha recurrido a la eliminación de los excedentes de armamentos acumulados por la enorme producción que originaron las voraces ofertas y demandas del mercado de los conflictos armados y la carrera armamentista. Y éstos a la vez benefician a los productores del fenómeno del armamentismo. Dando paso al desarme y rearme nuevamente. Porque de lo que debemos estar claros es de que existe un círculo vicioso mortal que destruye armamento para volver a construir otro más sofisticado y letal.

La Carta de las Naciones Unidas atribuye a la Asamblea General y al Consejo de Seguridad responsabilidades concretas en materia de desarme. “A fin de promover el establecimiento y mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales con la menor desviación posible de los recursos humanos y económicos del mundo hacia los armamentos”. Los alcances de estas políticas mundiales son sobrepasados en la mayoría de los casos por las violaciones de los estados miembros. En la actualidad lo contradictorio y complicado es que las potencias miembros del consejo de seguridad son las que más producen armamento. Después de la Segunda guerra mundial y en los últimos 40 años, se han dado pasos importantes para la regulación, limitación y reducción de las fuerzas armadas y todos los armamentos mediante programas coordinados y amplios. Contradictoriamente los países mas pobres del planeta son los que más han cumplido con estas metas, a pesar de que es donde más se han desarrollado los conflictos en los últimos años. Los doce más grande tratados firmados desde 1959 hasta 1992. Desconocido por cierto por la inmensa mayoría de los ciudadanos del mundo. Fueron enfocados primordialmente a la eliminación de las amenazas de las armas nucleares, biológicas, químicas, minas y armas convencionales.

En el caso particular de los misiles SAM 7, fue el gobierno nicaragüense quien propuso, unilateralmente eliminarlo, no solamente sorprendió a todo el mundo, por lo infantil de la propuesta; sino que también puso en evidencia la poca autoestima de las autoridades nacionales sobre un patrimonio de la nación. Poniendo en riesgo la capacidad defensiva del país. Y a la disposición de una nación extrajera, su más importante dispositivo de disuasión. La incoherencia de las políticas de defensa nacional y el desconocimiento de las ventajas de una negociación de armamentos que perfectamente hubiese sido más provechoso para todos que se produjera en un marco regional e internacional. La eliminación de los arsenales nicaragüense, cuando nadie se lo había pedido, pareciera una broma de mal gusto y peor aun cuando la misma tampoco es resultado de la exigencia internacional de La ONU, o de la aplicación de tratado alguno de desarme para la región Centroamericana
Hemos dado muestra de unos baches grandísimo en esta metida de patas innecesaria, primero dijimos que sólo destruiríamos un excedente, después que destruiremos una parte que estaban en desuso. Posteriormente que de 2000 misiles nos guardaríamos 1000. Por último se prometió que quedarían 600, ahora se habla de 400 como cifras finales. No sé qué es lo cierto en todo esto, pero desde un comienzo las mismas negociaciones secretas nunca fueron transparente, y como sucede en este país, se hizo entre misterio, silencio y secreto banal. Algunos pragmáticos, desde un comienzo manifestaron su malestar, y hábilmente recomendaron sacarle provecho al error, así surgió, contra viento y marea, lo que usualmente en todos los procesos de desarme sucede; la indemnización por destrucción de los arsenales, simplemente porque es una necesidad la compensación material y ejemplo de motivación para atraer a otros a que imiten el ejemplo. No solamente se implementa la indemnización económica, también incluye la política y moral. No se trata entonces de mendingar una simple ayuda. Se trata de negociación seria en donde las partes dan y recibe. En este caso concreto si nuestra contraparte son los EU, pues darán y recibirán. A como sea, con lo sinsabores y derrotismo que han dejado estos misiles, es un golpe a la dignidad nacional por eso se conocerán por siempre como los misiles de la vergüenza.


*Abogado, Notario Público y Coronel ®