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Ante todo la primordial tarea política que le corresponde llevar a cabo a los nicaragüenses, es luchar por la unidad opositora, mediante una acción dinámica, a fin de obtener las condiciones que permitan sostener la más amplia y profunda democracia.

A la par debemos de considerar y tomar ejemplo de que: las derechas, en muchos lugares del mundo, han logrado ganar dentro de un proceso ceñido estrictamente a la ley, las elecciones a que deben someterse los diferentes poderes del Estado, una vez asumiendo y otra vez continuando los respectivos gobiernos. Por supuesto, son derechas ampliamente evolucionadas dentro de cuyos programasventajosamente competitivos con el de la izquierda, son prioritarias las cuestiones sociales como la educación, la salud, el empleo, la erradicación de la pobreza, la vivienda y otros, como factores necesarios para un progreso económico en general.

Esas derechas, además durante su trayectoria, han sostenido con plena entereza y conciencia sus nombres y sus principios como tales derechas, sin ocultamiento alguno y más bien abiertamente ante la opinión pública y ante los medios, todo lo cual ha contribuido a sus triunfos electorales, pues tal conducta les ha valido el reconocimiento de los sectores populares a través del voto, sobre todo, por actuar como derechas plenamente actualizadas en completa concordancia con las diversas como exigentes realidades prevalecientes en su estamento nacional, al punto, que sin desprenderse de unas seleccionadas raíces, han llegado a sustituir las voces y ejecutorias de las izquierdas.

Pero que pasa en Nicaragua: el o los partidos políticos de derecha han olvidado la parte limpia de su tradición histórica y de sus ejecutorias administrativas, pues faltos del sentido evolutivo y de sus consecuentes programas, se han estancado dedicándose a problemas personales y partidarios, sin asumir frontalmente la conducta que como derecha evolucionada deben de sostener; y, antes bien tímidamente la ocultan y hasta la niegan, precisamente por su falta de actualizada modernidad y aun de un coherente planeamiento, lo cual redunda en una ausencia de líderes y dirigentes de arraigo capaces de ganarse la confianza de la ciudadanía.

Además, se observa que las generaciones actuales desconocen beneméritas conductas históricas que van desde la expulsión de los filibusteros de Walker pasan por una serie de gobiernos demócratas que lograron el progreso institucional del Estado por una parte, y por otra, de las estructuras del país mediante la introducción del cultivo del café, fomento de la ganadería, el inicio del ferrocarril, del telégrafo, del teléfono, de caminos y carreteras, de la banca, el estricto apego a las leyes, la ausencia de enriquecimientos ilícitos de los gobernantes, conscientes de una alta moralidad administrativa, fomento de la educación en todos los niveles hasta llegar a participar activamente con su juventud y dirigentes después de muchas intentonas al derrocamiento de las dictaduras existentes.

Esa derecha, reconociendo y arrepintiéndose de sus errores cometidos, que los hubo, y enalteciendo sus merito logrados, sobre la base en amplios programas de progreso social, político y económico, deben enarbolar una reivindicante conducta y actuación de evolucionada derecha, capaz de logar una positiva administración pública que beneficie por igual a todos los nicaragüenses dentro del más estabilizado Estado de Derecho.