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Alcaldes puestos a dedo y quitados por el mismo dedo, Corte Suprema negociada, jueces con agenda política, periodistas sin el más mínimo reparo al servicio del Estado o de la oposición, nacionalidades vendidas a narcotraficantes y eliminadas a opositores políticos como Alberto Boschi, sospechas de crímenes políticos en el pasado reciente, sospechas de negocios fraudulentos de personas vinculadas con la pareja en el poder, sospechas de más delitos, poco avance social, manipulación de los mensajes, acusaciones de chantajes con dinero gubernamental, paralización de instituciones por mantener personas manejables en sus puestos, agenda política encaminada a un solo objetivo de reelección; ministro que habla es ministro que se va o lo cambian de puesto; celulares ardiendo; negociación abierta siempre con el otro eje del pacto, Arnoldo Alemán; Educación por los suelos aunque gratuita; Salud gratuita también, pero a niveles de muy escaso desarrollo; Hambre Cero sin resultados claros; violencia que sigue en aumento, redes de narcotráfico que se rearman; vinculación de autoridades del Estado a redes de prostitución; venta de cédulas falsas; hastío de la sociedad civil; decrecimiento de la participación voluntaria a no ser que haya algún tipo de prebendas; centralización del poder en la pareja presidencial. Y mucho más. Es el escenario del caos perfecto para quien está acostumbrado a manejarlo.

Cada semana en Nicaragua es un nuevo episodio que los medios contribuyen a narrar en la negociación de intereses políticos entre el partido del gobierno, la familia presidencial y la oposición dividida entre sus propios intereses personales, familiares y económicos. Y es una lástima, porque en los medios no se refleja en el espacio que se debiera el acontecer diario del nicaragüense de a pie, de su extraordinaria adaptación a esta paralización del desarrollo, su adaptación a la inmovilidad. Sólo se nos muestra a cuenta gotas el dolor de los que emigran o de los que sufren la violencia de una miseria que no tiene compasión.

Pero en todas las disputas, ya sea en la Asamblea o en la Corte Suprema de Justicia, que son las últimas y más recientes, a un lado y a otro, sólo se habla de negociación política entre grupos. Y menos mal que hay personajes como el doctor Solís, que nos traducen en palabras llanas lo que ocurre en los pasillos y en las llamadas de teléfono. Para que no nos hagamos demasiadas ilusiones en que todo esta disputa se funda en el bien que redundará en la sociedad nicaragüense, nos ayuda mucho a comprender que, al contrario, como explicándoselo a los niños, resulta que hay “un matón”, ah y también “un payasito”, o que por ejemplo el presidente y su esposa son la misma persona. Y tras esta exégesis del acontecer tras el escenario, deja caer algunas de las cosas que se hablan en privado, sin ningún pudor, dando a entender que de parte de los partidarios del gobierno hay disposición limitada, eso sí, de otorgar beneficios no sólo políticos a sus adversarios a cambio de espacio para el poder absoluto.

Y el problema es ése, que cada día, cada semana tiene su afán, su distracción para los medios y para los que tratan de gobernar y hacer oposición de espaldas a todo un pueblo. Alrededor de unos y de otros, sigo pensando, quiero seguir pensando, que trabajan gentes de buena voluntad. Soy consciente de lo arduo que resulta mejorar un tema tan espinoso como la adquisición de medicamentos de calidad a más bajo costo para que el país tenga más acceso a ellos; o de las difíciles decisiones que se deben tomar para mejorar la calidad y el acceso a los centros escolares en zonas remotas y no tan remotas. Sé que impulsar un desarrollo agrícola sostenible que tiene que combatir una deforestación terrible y la catástrofe ecológica, promovida por intereses comerciales de fuera y de dentro, no es una tarea sencilla.

Mientras muchos nicaragüenses jóvenes de a pie desean entrar en la universidad y siguen inscribiéndose en las listas de las carreras de Banca y Finanzas, o de Turismo, o de Administración de Empresas, exactamente las áreas en las que menos crece el país, o de lo que hay menos trabajo. Se piensa en un futuro que no existe, porque está cercenado, se piensa en dos países, uno que no es real, y otro que sólo sirve de finca para los que se prestan y juegan en las negociaciones políticas que opacan, consumen y liquidan el trabajo de los que de verdad ponen su buena voluntad en resolver los problemas del presente y del futuro del país.

Simplemente no les dejan trabajar. Existe una presión imposible de sufrir si tenés que actuar por el beneficio de la gente y al mismo tiempo atender una agenda política que es cambiante, caprichosa y obsesiva. Vayan y pregúntenles, pero no a ministros y demás mandatarios de quita y pon. Vayan y pregúntenles a los responsables de programas y a sus subalternos, a los secretarios y coordinadores de áreas sensibles. Pero eso sí, pregúntenles en voz baja, en secreto. Les dirán lo difícil que es trabajar en un caos de suma y sigue, donde los únicos que pueden sentirse cómodos son quienes gobiernan y controlan ese caos. En Nicaragua, las paredes ya no están para guardar silencio. En público serán distintos, su discurso parecerá normal, como si no existiera el caos y las amenazas; describirán la situación de otro país, y ustedes se preguntarán si se tratan de las mismas personas, o les han insertado un chip. Alguien, oyéndoles desde la televisión de su despacho, dirá de ellos que son unos buenos tipos, que son leales. Hablarán, pero con otras palabras, dirán muchas cosas, o sea, no dirán nada.


franciscosancho@hotmail.com

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