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Podría presentarse la vida escolar de los chicos de hoy como una imaginaria “línea de fuego” por la que se cruzan --en distintas direcciones-- las múltiples violencias que aquejan al conjunto de la sociedad.

Violencia del sistema socio-económico: sus ajustes sucesivos y creación consiguiente de estremeces, pobreza y miseria. Violencia del sistema político: ejercido por gobiernos que usurpan representatividad, mientras la sociedad civil demanda conductas éticas, participación democrática, respeto y decisiones consensuadas. Violencia cotidiana: se manifiesta en los espacios públicos y privados y que tiende a ser reproducida en todas las actividades en que participamos, sea de índole laboral o recreativa.

En definitiva, la situación socio-económica que recrea la marginalidad, inyecta a la sociedad una violencia que se corresponde directamente con la injusticia social y aun las “fiestas” se convierten a veces en pesadillas. Este ha sido el caso del fútbol en los últimos años. Intentemos otra mirada.

Un campeonato mundial ha sido siempre una “fiesta” para los estudiantes y la población en general, en la que durante muchos días se vive pendiente de horarios de TV. Resultados, apuestas, penales, nombres de famosos e infinitas combinaciones vencedoras. Es objeto de charla entre amigos, vecinos, parientes y compañeros, convirtiéndose el máximo encuentro deportivo del mundo en un tema para dialogar, defender posiciones, compartir horas de expectación, almorzar o cenar en grupo… “pasar el tiempo” alegre y colectivamente. Fiesta, entonces, que facilita el encuentro, la comunicación, el intercambio de ideas y la socialización teñida de afecto. Prácticas testimoniales de todo proceso de enseñanza.

Es una extraordinaria oportunidad en la labor pedagógica de los educadores hacer de esta “fiesta” un aprendizaje diferente en que la educación para la convivencia, el respeto hacia el otro, la interculturalidad como riqueza social, las diferencias (¡y semejanzas!) culturales y el esfuerzo colectivo como valor ético y político adquieren una dimensión pedagógica actual y necesaria.

Podemos convertir el campeonato mundial de fútbol en un espacio de ecuación democrática en donde los “sabemos y experiencias futboleras” sean también un material popular e irremplazable como fuente de nuevos aprendizajes e instrumentos de comprensión de la realidad. Herramientas como un valor pedagógico re-significado de acuerdo a las transferencias posibles y las aplicaciones particulares conectadas a diferentes áreas del saber e incluso del específico currículo escolar.

El conocimiento acerca de otros países, su posición y características geográficas; su forma de gobierno y leyes; arte, folklore y costumbres; las diversas religiones y cultos; la historia pasada y presente con problemática respectiva del mundo en que vivimos; las vinculaciones económicas: el comercio; los problemas comunes que aquejan a todos y la búsqueda colectiva de soluciones; así como tantos otros temas de interés, abren nuevas posibilidades de análisis. Análisis que debería confrontarse a la mecánica usual traducida en lectura y observación pasiva de un listado de países –algunos exóticos—muchos hasta hoy perdidos en el planisferio y otros fácilmente reconocibles por su posicionamiento político mundial o su trayectoria en el deporte.

La comprensión de la diversidad y las diferencias, la multiplicidad de formas de vida y visiones del mundo, las distinta s civilizaciones y sus manifestaciones, la riqueza de las diversas culturas que representan estos equipos de fútbol, la posibilidad de diálogo que genera, proponen una lección de pluralismo político, religioso y cultural que enriquece el proceso educativo y constituyen ejes fundamentales en la formación cívico democrática de niños, jóvenes y adultos.

La construcción de estos valores, la defensa y el reconocimiento internacional a la libre autodeterminación de los pueblo, el derecho a la paz, el respeto de los derechos humanos y el aprendizaje acerca del esfuerzo colectivo y solidario de los hombres como creador de transformaciones sociales, políticas, económicas y cultura forman parte de esta propuesta pedagógica.

Es horas de que en el mundo de hoy, todos los países nos transformemos en un ”buen equipo de fútbol”, donde cada “jugador” contribuya desde sus “posición” a la necesaria y acuciante construcción de un resultado armónico, equilibrado y cooperativo, jugando limpio, colaborando, respetando a todos y dando lecciones vitales de trabajo, solidaridad y eficacia al mundo y a nosotros mismos.

Trabajemos en este sentido con nuestros alumnos en todos los niveles: niños, jóvenes y adultos. Aprovechemos esta posibilidad educativa sin dudarlo.

Barcelona, junio/2010.

*Escuela de Ciencias de la Educación
Universidad Nacional de Rosario UNR,
Rosario, Argentina.

Colaboradora del Instituto “Martin Luther King-UPOLI
acabezudo@unr.edu.ar