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El conflicto entre Israel e Irán, que a primera vista parece tratarse de dos naciones que se perciben mutuamente como una amenaza casi inminente a su seguridad nacional, en realidad trasciende los propios intereses de ambas naciones.

Es evidente que Israel tiene la determinación estratégica para iniciar una ofensiva contra Irán para evitar (o retardar) que éste desarrolle armamento nuclear; así como que Irán tiene el arrojo y la capacidad para responder a tal ataque. Estamos en presencia de una disonancia de aspiraciones geopolíticas. Por un lado, Israel entiende el sistema regional como un juego de suma cero en el que la expansión de la zona de influencia de Irán deviene en detrimento de sus intereses vitales. Por tal razón, Israel persigue consolidar su seguridad nacional a través de la preservación y promoción de un balance de poder militar favorable para sí. Por otro lado, Irán ha evaluado sus propias capacidades, así como sus opciones estratégicas, de forma tal que persigue aspiraciones más ambiciosas, como expandirse económicamente, incrementar su relevancia en asuntos de seguridad y cooperación globales y proyectarse como potencia regional. Indicios de tales aspiraciones son:

La proyección de poder a través de demostraciones de fuerza militar; la instalación de bases navales y la realización de ejercicios de guerra en el Golfo Pérsico, el Estrecho de Ormuz, el Golfo de Omán y el Mar Caspio. De esta forma, Irán persigue fortalecer el control sobre zonas con importantes yacimientos petrolíferos y convertirse en el agente estabilizador del Medio Oriente; y la intensificación de la cooperación con Turquía, Arabia Saudí, Kuwait y Syria para la creación de un nuevo eje de seguridad regional, que comprenda la “expulsión” de Occidente de su zona de interés primario.

Israel analiza en este punto que, sin duda, el tiempo apremia para la acción oportuna, considerando que la expansión de la zona de influencia de Irán en la región limita su seguridad nacional, al encontrarse cercado por Estados árabes hostiles, lo que, incluso, pone en riesgo su continuidad como unidad nacional.

Sin embargo, para que la iniciativa israelí logre la consecución de sus objetivos estratégicos, es determinante el compromiso de EUA en respaldo directo a tal acción, ya que en un escenario en el que Israel se aventura en una ofensiva en la que no logre desarticular la capacidad de respuesta de Irán desde el primer ataque, la represalia iraní seria devastadora.

Una secuencia de acontecimientos como esta, plantea la terminación del Estado de Israel como un resultado, muy probable, si Irán poseyera armamento nuclear, considerando, incluso, el “secreto público” del arsenal nuclear israelí, del que sus unidades decisorias no han ejercido una disuasión abierta.

Alianzas estratégicas y espacio de influencia

Irán ha aprovechado la retirada de Turquía del área de influencia de EUA y Europa; el crónico rechazo de Syria a Occidente y las permanentes tensiones entre la mayoría de países árabes e Israel. En tal sentido, la proyección regional de Irán es observable de dos formas: a través de la formación de nuevas alianzas con jugadores estratégicos y por medio de la ampliación de su área de influencia en la que se forman alianzas implícitas, o “naturales” (como es el caso del Líbano, Emiratos Árabes Unidos, Egipto, Bahrain e Irak).

Por otra parte, Israel se encuentra en un estado progresivo de aislamiento regional y rodeado por naciones adversarias, a las que presumiblemente se suman Turquía y Arabia Saudí por el reciente ataque israelí en contra de una flotilla proveniente de Turquía que se dirigía a la Franja de Gaza para entregar ayuda humanitaria (BBC Mundo, 2010), lo que sin dudas le coloca en una posición desfavorable.

Intereses estratégicos de potencias mayores

Existen puntos de convergencia y conflicto entre los “polos” EUA-Europa y Rusia-China. El principal punto de convergencia consiste en el tema de seguridad. Ninguna de las unidades antes mencionadas desea que Irán desarrolle armamento nuclear, ya que en términos estratégicos la proliferación nuclear afecta la estabilidad del sistema internacional. También el riesgo de transferencia de armamento nuclear de Irán a grupos islámicos insurgentes (Hamás, Hezbollah y otros grupos jihadistas) es notablemente elevado, tomando en cuenta el respaldo que Irán brinda a dichos grupos.

Un escenario como este afectaría la seguridad interna de las potencias indicadas, ya que enfrentan la amenaza (y penetración franca en los casos de Rusia, Europa y EUA) de grupos islámicos radicales en sus territorios.

Dentro de los puntos de conflictos, Rusia y China tienen interés en asumir el liderazgo del Medio Oriente y Asia Central. Rusia, persigue el control de recursos naturales: petróleo, gas natural (concretamente de gasoductos y oleoductos que atraviesan el Mar Caspio), el acceso a posiciones geoestratégicas para preservar la estabilidad eurasiática, el transporte energético por el Estrecho de Ormuz (salida oriental del Golfo Pérsico) y mantener un abastecimiento energético estable para China. A cambio de ello, Rusia brinda apoyo a Irán a través de la venta de gas natural a precio preferencial, armamento defensivo, inversión en infraestructura y tecnología nuclear, además de cooperación política de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC-FCRR) y la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS).

En el caso de los intereses de EUA en la región, observamos el control de los recursos naturales mencionados; a los que se agregan otros factores estratégicos como continuidad de las operaciones de EUA/OTAN en Afganistán, el fortalecimiento de la autoridad iraquí y la promoción estadounidense en Eurasia.

La alianza estratégica entre EUA e Israel, consiste, en buena parte, del compromiso del primero de proteger la seguridad nacional de Israel, ¿pero estaría dispuesto EUA a aventurarse en una guerra contra Irán en la defensa inmediata de Israel?

EUA prevé que, aunque una guerra contra Irán no plantea una amenaza existencial, si un alto riesgo de escalamiento a nivel y reproducción de la militancia islámica guerrillera. Desde una perspectiva realista, no es viable para EUA valorar como propios los intereses vitales de seguridad de un aliado más débil, como es Israel.

Coyuntura y escenario inmediato

El punto medio, de acuerdo para una salida pacífica, deberá comprender una oferta suficientemente razonable para que Irán muestre deseos de ingresar al régimen de regulación de la Agencia Internacional de Energía Atómica (IAEA), así como de enriquecer su uranio en el exterior, como medida para aliviar la tensión con aliados como Rusia y China, y recuperar su apoyo abierto.

Es errado considerar que ejercer presión a través de sanciones desde el Consejo de Seguridad de la ONU vaya a modular la conducta de Teherán hacia el objetivo esperado, como es desistir en el desarrollo de tecnología nuclear. El programa nuclear es objeto de orgullo del régimen de los ayatolás y es harto conocida la asertividad de Irán respecto de sus propios intereses nacionales.

La firma del acuerdo Brasil-Turquía-Irán, que comprende la entrega de Irán a Turquía de Uranio enriquecido al 3.5% y la entrega a Irán, por parte de Rusia y Francia, de Uranio enriquecido al 20%, está lejos de ser la resolución de la controversia. A pesar que tanto Rusia como China elogiaron la iniciativa como un paso importante para mejorar la confianza internacional en que el Programa Nuclear cumple solamente con objetivos civiles, EUA sigue impulsando una nueva ronda de sanciones en el seno del CS-ONU, asegurando que la preocupación central es la totalidad del programa nuclear iraní.

La persistencia de Estados Unidos exhibe es que, respecto de sus propios intereses, el problema estratégico tiene poco que ver con la seguridad de Israel, o con que Irán desarrolle la bomba nuclear, sino con las propias aspiraciones geopolíticas de Irán y sus socios mayores, Rusia y China.

Una salida a la crisis estará en manos de una potencia que pueda modular la posición de EUA, que exhiba desaprobación a una probable iniciativa militar israelí y que tenga suficiente poder internacional para dotar de validez política el acuerdo Brasil-Turquía-Irán u otro similar. Tal potencia sería Rusia, ya que ha manifestado la inaceptabilidad de una ofensiva israelí sobre Irán y tiene intereses estratégicos situados en Irán y Asia Central como para procurarse la tarea de actor estabilizador en la crisis.

Por último, valorando los intereses en juego -de una u otra forma- la superación del conflicto Irán-Israel, culminará en la redistribución de poder en el Medio Oriente, lo que aportará a la transformación del sistema internacional que desde hace algunos años emerge multipolar.
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