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A veces me cuesta creer o me parece que estoy soñando, que mi pueblo nicaragüense vive unas de las historias más difíciles en este pleno siglo veintiuno; un pueblo que ha sido luchador contra caudillismo y tiranías, defensor de los derechos individuales y colectivos, defensor de los derechos humanos, de la Autonomía Universitaria, etcétera, está siendo reprimido, pisoteado y humillado por seudosandinistas, seudo izquierdistas y seudorrevolucionarios; en otras palabras, los neosomocistas (el orteguismo). Un pueblo extremadamente dividido por las cúpulas de partido; el orteguismo y el arnoldismo, sin importarles la desintegración social de la familia nicaragüense.

Se escucha un clamor que viene de la Costa Atlántica y es el mensaje de la abstención, que se traduce a nivel nacional, porque prácticamente, no hay por quién votar para las próximas elecciones. Imagínense que vayan el orteguismo versus arnoldismo, quedando fuera los otros partidos, sin unidad y mucho menos sin personería jurídica; ¿quién iría a votar por estas paralelas corruptas y vende patria? Casi un 67% de la población de la Costa Atlántica no votó, esto significa el rechazo a los dos partidos, constituyéndose en una gran lección y un mensaje de alerta para que actuemos correctamente y no nos lamentemos después.

¿Qué exige el pueblo?

El pueblo exige legítima libertad de expresión y de movilización; ya sabemos lo que ha ocurrido cuando el pueblo ha querido alzar su voz, éste ha sido brutalmente reprimido en las calles y amenazado.

El pueblo exige trabajo y un salario digno; sabemos que es difícil conseguir plazas ya que éstas están destinadas para los orteguistas serviles y oportunistas; y la gran mayoría del pueblo que necesita trabajo, más de un 70% castigado por el orteguismo, los salarios de los maestros y del sector salud siguen siendo los más bajos de Centroamérica, salarios completamente miserables que, añadidos a la caristia de la vida, no sirven para nada, mientras ellos, los supuestos líderes del pueblo, ya no se acuerdan cuando eran pobres, porque hoy son los nuevos oligarcas, los nuevo ricos de Nicaragua.

El pueblo exige respeto a la Constitución y las leyes; este gobierno es el que más las ha violentado. Las instituciones han estado al servicio del orteguismo y no al servicio del pueblo; el orteguismo es un continuador del somocismo, es un administrador de los nuevos burgueses de Nicaragua; es un gobierno oligarca, porque ellos son una nueva elite económica; en otras palabras, los nuevos Somoza.

El pueblo exige un auténtico Estado de Derecho; en donde las autoridades se rigen, permanecen y están sometidas a un derecho vigente; en donde el poder debe estar institucionalizado y no personalizado; donde no se actúe y no actuar primitivamente, como los magistrados Solís y Cuadra, dirigiendo turbas, violentando la tranquilidad del pueblo y cometiendo acciones indebidas impropias de un Magistrado de la Corte Suprema de Justicia.

El pueblo exige elecciones honestas y transparentes para que se respete su voto y su libre inclinación política; el orteguismo ha irrespetado el voto de los nicaragüenses, ha violentado sus derechos constitucionales; sus votos no fueron bien contados en las pasadas elecciones y, como resultado, el fraude. Muchos trabajadores que laboran en el Estado, que son de otras tendencias políticas son perseguidos, amenazados y hasta corridos por no alinearse a las políticas del partido en el poder, son obligados y humillados a que participen en sus movilizaciones. Esta práctica se llama fascismo.

El pueblo exige que cese la corrupción en el Estado; el pueblo sabe que producto de la corrupción, del despilfarro de los bienes del estado, del mal manejo de los mismos, así como del enriquecimiento ilícito de muchos funcionarios, están la miseria del pueblo, el desempleo, los bajos salarios, así como la mala atención en los hospitales, etcétera.

El pueblo exige la unidad de las fuerzas políticas opositoras; el pueblo pide la unidad, porque es la única forma que el pueblo confía en que su voto va a ser bien defendido y válido para hacer el cambio que queremos los nicaragüenses. De lo contrario, no habrá por quién votar, y el orteguismo nos seguirá hundiendo económica, social y políticamente. Hasta nos podría llevar a una guerra civil, lo que nadie quiere.

También queremos exigir que para una buena gobernabilidad, respeto a los derechos humanos y por una democracia verdadera, que el porcentaje de votos para ganar las elecciones sea del 50% más uno y no del 35%, porque esto genera más corrupción, menos gobernabilidad y permite que una minoría gobierne a una mayoría bajo el látigo y la represión. Hay que exigir a nivel internacional, en todos los foros que tengan que ver con la democracia, que tomen en cuenta esta situación en Nicaragua, para que los pueblos tengan chance de participar por el futuro de la nación y no que un grupito minoritario imponga su bota. Igual hay que exigirles a los diputados opositores verdaderos que comiencen a luchar por los intereses de la nación.

A estas alturas, nadie se puede confiar del orteguismo, todos tenemos que estar en estado de alerta permanente para defender la Constitución Política, las leyes y nuestros derechos. Sabemos que Ortega quiere permanecer en el poder a cualquier costo para seguir usurpando el dinero de nuestro pueblo digno; sabemos que más del 70% de la población no quiere que Ortega siga en el poder y, por lo tanto, se necesita un cambio, que no sea más de lo mismo. Ortega quiere sembrar el caos, porque él sabe que legalmente está perdido; es por esa razón que no quiere permitir cambios en el Consejo Supremo Electoral. Aquí es donde los organismos internacionales, sean europeos o americanos, tienen que ponerse ojo al cristo para que no reconozcan a ningún gobierno que llegue al poder por fraude electoral. De esa forma, nos evitaríamos dolor, derramamiento de sangre y sufrimiento para un pueblo que tiene derecho a seguir existiendo totalmente libre.
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