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Para 1975 la visión del Rector Arturo Dibar, S. J., sobre la situación política nacional había cambiado. En lo único que persistió fue en restituir la publicidad a Novedades, que yo había cortado de tajo. Mi decisión de no entregar ni un solo anuncio al diario de la familia Somoza se debía a su pobre circulación y a las campañas de descrédito contra sus estudiantes y profesores. Dibar inquirió al inicio de nuestra reunión de las dos de la tarde: Che, ¿vos sabes quién es Luis Pallais Debayle? El director de Novedades, respondí. No, me corrigió, el presidente de la Cámara de Diputados. Yo no sé si Novedades se lee o no se lee, como vos argumentás, pero ya me reclamaron porque no les das anuncios. No olvides que el voto de Pallais es decisivo para que la UCA continúe recibiendo el aporte económico del gobierno. A la mañana siguiente entregaba la primera pauta publicitaria a Osvaldo Bonilla Enríquez.

El puente que había contribuido a crear entre Dibar y Pedro Joaquín Chamorro, facilitaba mis tareas de relacionista público de la UCA. Mi condición de periodista de La Prensa permitía dimensionar debidamente las tareas académicas de la universidad. En esta labor contaba con el apoyo de Silvio Mora, en Extra Visión, Canal 2, y de Hanuar Hassan, en Radio Corporación. Un hecho que ayudó a consolidar mi relación con Dibar fue mi respuesta a la consulta que me hizo sobre una invitación que le había hecho el presidente Somoza Debayle. Creo que lo mejor es que no vaya a esa cena. Mañana va aparecer junto a él retratado en Novedades. No le conviene ir. Tiene todo que perder y nada que ganar, agregué. En la primera plana de Novedades del día siguiente el diario destacó una fotografía donde el Rector de la UNAN, Mariano Fiallos Oyanguren, aparecía junto al Presidente Somoza Debayle. Tenías razón, Che. Mi deber consiste en cuidar su imagen, le dije convencido.

Lo que yo no sabía, y me enteré hasta quince años después, fue la cena que tuvo con Pedro Joaquín Chamorro y el Che Laínez. El director de La Prensa cuestionó a fondo el papel de la UCA y de los sacerdotes jesuitas congregados alrededor de la universidad. “Anoche cené con Chico (Laínez) y el Padre Dibar, Rector de la UCA. Este va a Roma, y planteó el caso de la universidad. Mi tesis: 1.- Desde el punto de vista religioso la universidad no sirve para nada, y al revés, ha convertido a los sacerdotes en agentes comerciales que andan buscando dinero para mantenerla. ¿Qué función espiritual hace…? 2.- La enseñanza superior debe ser estatal, o sea vigilada y mantenida por el Estado. 3.- La Universidad estatal (UNAN) es más libre, independiente, etc, que la UCA, y esta última sólo es un apéndice de la oligarquía. 4.- Los jesuitas debían de decirle al Estado: aquí esta esto, la universidad, y entregársela. Después podrían volver a ser curas, que es lo que muchos de ellos quieren ser, y no gerentes o promotores de negocios. Aparentemente le encantó la idea al padre Dibar, pero… la cosa va a seguir igual”. (Pedro Joaquín Chamorro. Diario político. Editorial Nueva Nicaragua. Managua, 1990, martes 29 de julio, p. 96).

Las razones que adujo Chamorro Cardenal sobre la existencia de la UCA fueron muy parecidas a las objeciones que había planteado quince años atrás Mariano Fiallos Gil. Conociendo lo cauteloso que era Dibar y sabedor de las causas reales que lo trajeron a Nicaragua, asimiló sin duda las observaciones formuladas por el director de La Prensa. Estaba consciente que entre más lejos se mantuviera del somocismo, mayor sería su capacidad para continuar reorientando el curso de la UCA. Uno de los temas sobre el que insistía de manera recurrente, era plantearle la necesidad de legalizar el movimiento estudiantil. Mi argumento de fondo consistía en recordarle que les abriera o no las puertas, estos seguirían cuestionando al somocismo y participando activamente en la política nacional, incluso engrosando las filas sandinistas. A estas alturas, el Frente Estudiantil Liberal (FEL) había desaparecido, aunque las actitudes somocistas de muchos estudiantes persistían al interior de la UCA.

Para entonces se conocieron las primeras desavenencias entre los líderes sandinistas. Las modalidades de enfrentamiento político-militar contra el somocismo dividieron a sus dirigentes. Después de la toma de la casa de Chema Castillo, Pedro Arauz Palacios cuestionó la conducción llevaba adelante por Carlos Fonseca. Otra parte pensaba que la contienda militar debía irradiarse hacia las ciudades. Una etapa crítica que se solventaría hasta 1979 cuando los Terceristas impusieron sobre la marcha la lucha insurreccional en las ciudades. El 10 de agosto de 1975 la UCA y Nicaragua tuvieron una baja sensible: falleció de un paro cardíaco Manolo Morales Peralta, forjado en la lucha por la liberación de Nicaragua desde 1959, durante la masacre estudiantil del 23 de julio. El Secretario General del FSLN, Carlos Fonseca Amador, alude su militancia política en un análisis donde critica el sectarismo. Para mostrar que está más allá de ese mal enquistado en la política nacional, recuerda las luchas emprendidas de manera conjunta por el socialcristiano Manolo Morales Peralta, el liberal Denis Martínez Cabezas y el sandinista Carlos Fonseca Amador.

Los funerales de Manolo congregaron a centenares de estudiantes. Bajo la lluvia acompañamos el sepelio hasta el Cementerio Occidental. Manolo fue el ángel tutelar de decenas de estudiantes de la UCA y la UNAN, su inspirador y motivador. Un animal político, entusiasta de los golpes de mano, conspirador, defensor del magisterio nacional, abogado de las trabajadoras hospitalarias, interlocutor válido para quienes, descorazonados, desistían de su lucha contra el somocismo; cómplice amoroso, infatigable e inclaudicable. Aliado natural de los jóvenes y uno de los artífices de la Unión Democrática de Liberación (UDEL). Pedro Joaquín consigna en su Diario Político su dolorosa pérdida. “El 8 había estado preso en Ocotal adonde fue para recoger firmas del pliego de peticiones de las hospitalarias. El 9 fuimos juntos a Granada para inaugurar un seminario de UDEL, y en la madrugada del 10 murió. Y murió si asistencia médica porque se la negaron en el Hospital Ocón”. (P. 102). Un dirigente que “disfrutaba, casi con el paladar, el oficio de la política”. (Sergio Ramírez. Biografía Mariano Fiallos. Editorial Universitaria. UNAN. León. 1997. P. 21).

Las contradicciones políticas existentes entre el presidente de UDEL y el sandinismo, comenzaron a ser vistas bajo otro prisma. Ante los desmanes somocistas, para Pedro Joaquín no pueden ser tildados de radicales, ni extremistas. En una conversación que sostiene con el Agregado Político de la Embajada de los Estados Unidos, Gerry Sutton, le hace saber que: “Si por alguna razón (UDEL) se desbarata, no me va a quedar más remedio que pensar y decir que sólo el FSLN tiene razón, y como ya estoy viejo para hacer las cosas que hacen ellos me voy a exiliar y desde fuera hacer algo por su causa”. (Diario Político. P. 108). En la UCA Dibar dio un paso adelante al aceptar reunirse con el estudiante de Derecho, Luis Humberto Guzmán. Una nueva generación de estudiantes planeaba en las alturas. Sus demandas se vuelven explícitas cuando solicitan a Dibar su consentimiento para organizar la Asociación de Estudiantes de Derecho. La causa aducida continúa siendo la misma: el mejoramiento académico de su Plan de Estudio. La petición la encabeza Adrián Meza Sosa.

La reunión de Dibar con Luis Humberto Guzmán, no llegó a nada concreto. Al evaluar los resultados, Luis Humberto quedó convencido que por lo menos había indicios de legalizar al movimiento estudiantil. Los vínculos de la nueva dirigencia estudiantil con el FSLN son explícitos. Los estudiantes de sociología solicitan también a Dibar la celebración de un Congreso Estudiantil. Luis Bárcenas, está convencido de la conveniencia de organizarse para actuar coordinadamente dentro y fuera del campus universitario. A finales de diciembre, Dibar me expresa en una cena en mi casa que se siente cansado; que va a proponer su relevo el próximo año. Para entonces Dibar mantenía lazos estrechos con el decano de Veterinaria y Zootecnia, Indalecio Rodríguez, quien con su trabajo había ganado liderazgo entre los jesuitas. El 15 de marzo de 1976, la Junta de Directores solicitó una terna al Provincial de los Jesuitas en Centro América, Miguel Francisco Estrada, S. J. con la intención de escoger al nuevo Rector de la UCA.

Los nombres propuestos por el Padre Estrada son los de Juan Bautista Arríen, Indalecio Rodríguez y Álvaro Arguello Hurtado. En su respuesta del 29 de abril de 1976 hace saber a la Junta de Directores que en la hipótesis que “prefieran un Rector que sea Jesuita, pongo en primer lugar al P. Arríen”. El 4 de mayo Arríen es electo. Se entrega de lleno a continuar y ensanchar la obra emprendida por Arturo Dibar. El somocismo continuaba consumiéndose en la corrupción. En un artículo que escribo en La Prensa, doy la bienvenida a su nombramiento. En el horizonte se avizoraba la esperanza de un mañana mejor para el movimiento estudiantil universitario de la UCA.