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El significado y las profundas implicaciones de la Responsabilidad Social Empresarial (RSE) no las podría haber imaginado Carlos Marx ni Federico Engels, dos de los principales críticos del capitalismo. Precisamente, la capacidad de este modelo de ajustarse constantemente a las condiciones impetuosamente cambiantes de la sociedad, es lo que hizo trizas la previsión de Marx de que la contradicción entre las relaciones de producción y las fuerzas productivas, daría al traste con este sistema socioeconómico.

La RSE tiene como parientes lejanos el altruismo, la filantropía, el paternalismo y la caridad cristiana, y se ha desarrollado como una doctrina o enfoque que forma parte de la estrategia exitosa de una empresa seria. Ya no se trata de maquillar la realidad, dando un poco aquí y otro poco allá, para ocultar deficiencias en la calidad de los productos, depredación del medio ambiente, violaciones a los derechos laborales y transgresiones a la política fiscal, sino de humanizar las empresas asumiendo una responsabilidad en relación a las ingentes necesidades de su entorno social.

Ha llegado tan lejos la RSE que ya se incluye dentro de la evaluación internacional de estándares de calidad mediante la Certificación SA 8,000. Al cumplir las empresas con altos estándares sociales y ambientales, generan mayor confianza entre sus accionistas y ante fuentes financieras que garantizan futuros proyectos. Además, en la búsqueda de ejecutivos de alto nivel, muchos de éstos prefieren empresas con una visión integral de la sociedad.

En América Latina, desde 1977, varias empresas asumieron en Colombia modalidades de RSE, y en Nicaragua el tema es relativamente nuevo, quizás como parte de la ola producida por su relanzamiento internacional ante la necesidad del mundo empresarial de limpiarse la cara y recuperar credibilidad, por los efectos terribles de los escándalos de corrupción de firmas como Wordcom y Enron.

Está bien que en Nicaragua cada vez más empresas digan que asumen la RSE, pero está mal que sea sólo de palabra, como maquillaje, porque entonces engañan y estafan. Por ejemplo, Movistar y Claro realizan algunas acciones justas para la comunidad, pero dan un mal servicio y fabrican trampas y truculencias en sus ofertas, que perjudican a los consumidores Lo primero que deben cumplir las compañías es la calidad de sus productos, pagar salarios justos a sus empleados, cumplir con las prestaciones sociales, saldar sus impuestos y atender los requerimientos de higiene y seguridad ocupacional y ambiental.

Varios bancos hacen trabajar más allá de las cinco de la tarde a gran parte de sus empleados, pero no les pagan horas extras. Y siguiendo con los bancos, varios de éstos, principalmente el Banpro, reciben gran parte de los recursos internacionales destinados a combatir la pobreza, como pago a la deuda pública interna, causada por los famosos bonos de indemnización y los llamados “Cenis” otorgados para pagar bienes confiscados durante la revolución sandinista --luego “pirateados”-- y a los depositantes de los bancos quebrados, pese a que la mayor parte de los fondos correspondían a especuladores financieros que no tienen que ser respaldados con los bienes públicos.

Les gusta a ciertos empresarios salir en la foto cuando donan algo para una causa justa, pero, como en el caso de la Texaco, al inicio se mostró reticente a asumir la responsabilidad de sus errores, como la contaminación del subsuelo en una gasolinera a la entrada del reparto Las Mercedes, aunque finalmente cedió a los reclamos. ¿Cuántos más siguen contaminando el lago de Managua?
Una excelente demostración de Responsabilidad Social Empresarial la podrían dar el Grupo Pellas y Batca, absteniéndose de seguir haciendo publicidad de bebidas alcohólicas y cigarrillos dirigida a los jóvenes, que es el segmento en el que se centran actualmente, difundiendo mensajes de vida, alegría y vigor, para vender productos que pueden causar múltiples desgracias familiares, incluso la muerte.


Editor de la Revista Medios y Mensajes
gocd56@hotmail.com.ni

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