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Veinte años cumplió el pasado domingo 27 de junio, la desmovilización de 21,683 combatientes de la “contrarrevolución” en San Pedro de Lóvago, en 1990. Lograr la PAZ en Nicaragua después de diez años de lucha fratricida, no fue fácil. Antes se regó con sangre y con la vida de 54 mil nicaragüenses en muchos pueblos y montañas de Nicaragua.

Si bien es cierto que el gobierno norteamericano de Ronald Reagan financió, dirigió y fomentó a la contrarrevolución, también es cierto que los abusos, soberbia y errores de muchos dirigentes de la revolución -de todos los niveles-, también contribuyeron a incrementar el fuego de la guerra.

Fueron diez años de luto, limitaciones, bloqueo, pobreza y de reclutamiento obligatorio para la mayoría de la población. De 1983 a 1989 se reclutaron y movilizaron por Ley a un total de 149,590 personas para combatir en la guerra. Una guerra entre hermanos nicaragüenses. Los que tomamos un AK-47 para combatir, la cámara o la pluma para cubrir la guerra, sabemos de la tristeza y la tragedia que vivió nuestro pueblo.

Hoy, los abusos, intimidaciones, soberbia, errores y violaciones constitucionales suben los tonos y agitan los tambores de la guerra nuevamente en algunos sectores de la población. Más de 500 ex - miembros de la “contra” reunidos en Matiguás, el pasado 26 de junio, pidieron al gobierno que escuche sus voces, respete la Constitución y el orden democrático. Igual también lo piden otros sectores sociales del país, entre ellos sandinistas disidentes, e incluso la jerarquía católica.

Si la Corte Internacional de Justicia de la Haya, por unanimidad -el mismo día, pero del año 1986- condenó a Estados Unidos a pagar por la guerra encubierta contra Nicaragua, que provocó daños calculados en unos 1 7 mil millones de dólares. El fallo retrata también el deterioro estructural y económico en que quedó y sigue estando el pueblo de Nicaragua, 26 años después.

Los jóvenes de hoy y los que andan en los treinta, no saben de la guerra, de los horrores, tragedia, dolor y división que provoca en toda familia. La clase política debe ser responsable, el gobierno debe oír a la población y respetar el derecho humano a opinar y disentir de los nicaragüenses. No permitamos que nuevamente se rieguen de sangre nuestros pueblos, campos y caminos. Que no se repita lo de Fruto Chamorro Pérez, o lo de Anastasio Somoza Debayle, quienes con su soberbia engendraron la guerra. Que la clase política respete y oiga a la población. Aprendamos de una vez por todas de la historia, construyamos una Nicaragua posible y verdadera, con oportunidades para todos.

Los malos vientos engendran tempestades. ¡Se sienten malos vientos en Nicaragua! Defendamos la paz, pero no la de los difuntos. Sino la paz de los vivos, de los que queremos construir una Nicaragua mejor. Recordemos que cuando las puertas se cierran las tempestades botan murallas por muy altas que sean. Celebremos la llegada de la paz hace veinte años. Digamos si a la paz y no a la guerra.