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Ph.D. / Ideuca
En las últimas décadas, tanto en la región como en Nicaragua, el estudio y la experiencia de lo rural ha contribuido a que se den transformaciones profundas, adoptando una visión que supera los anacronismos tradicionales que han pervivido y aún perviven en el ámbito rural del país. Esta nueva perspectiva atañe, también, a la educación, en tanto esta tiene sentido en la medida que se responde a la pregunta “¿qué educación rural para qué desarrollo rural? Tal pregunta, en estas décadas no se ha formulado ni respondido, lo que explica el profundo divorcio existente entre los modelos de desarrollo rural y su educación.

Una constante histórica malsana se ha prolongado, pensando lo rural desde las categorías y claves urbanas, lo que ha producido fuertes desencuentros que es necesario superar. El desarrollo rural, desde la nueva ruralidad, se fundamenta en principios que debieran irradiar todo el quehacer en las zonas rurales. Algunos ejes de esta nueva perspectiva, en tanto logren desplegarse, esperan contar con la educación como su mejor aliado y dinamizador. Entre estos, podríamos mencionar los siguientes:
* El desarrollo humano como principio de partida, que implica necesariamente un desarrollo rural con equidad en las diferencias, centrado en las personas como principal riqueza a desarrollar.

* Tomar muy en cuenta la dimensión espacial de las diferencias y la geografía humana que ello comporta.

* Ubicar la lucha contra la pobreza como eje vitalizador y cimentador del desarrollo rural
* Necesidad de un plan estratégico de nación en el que al desarrollo rural se le reserve un lugar de prioridad y especificidad.

* Importancia del tejido institucional, el capital social y la gobernabilidad como puntos de apoyo de un desarrollo rural efectivo.

* Ubicar de estabilidad macroeconómica y el crecimiento económico como referentes indispensables, sin los cuales será imposible hablar de desarrollo rural.

* Resaltar el papel crucial que significa tomar en cuenta la demografía y las migraciones en tanto afectan a las zonas rurales en todo plan de desarrollo que se pretenda.

* La necesidad de un enfoque holístico y sistémico y de una aproximación interdisciplinaria, por cuanto los temas que aportan al desarrollo exigen ser considerados, no de manera aislada, sino en sus relaciones con las diversas disciplinas y todos los factores que intervienen.

* Nuevos valores y actitudes que requieren las organizaciones e instituciones orientadas al desarrollo rural y en su personal técnicos, lo que demanda una nueva visión ética del desarrollo y la cooperación, comprometidas de forma transparente con los intereses rurales y con el desarrollo de capacidades endógenas y no con su suplantación.

Pensar la educación rural desde estas categorías demanda ubicar la mirada en aspectos muy concretos de la educación, más allá de especulaciones o buenas intenciones. Así, el currículum básico nacional que se sostiene en todo lo que nos une como país, requiere, con urgencia, un currículum local que expresa las particularidades culturales, ambientales, antropológicas y económicas específicas. Es éste el que impregnará de sentido y significado los aprendizajes, integrados de lleno con sentido de pertinencia y de pertenencia.

Las particularidades geográficas rurales, las formas de ser de su gente, reclaman una pedagogía que, además de fortalecer las capacidades cognitivas, equilibre éstas con la floración de capacidades sicoafectivas, aprovechando y canalizando al máximo, como el mejor dispositivo de aprendizaje, los derechos humanos y los de la tierra, el medio ambiente, el contacto directo con la tierra, su cuidado y producción de riqueza, y la sinfonía animal tan cercana a los valores perdidos en el sector urbano. La brecha existente es muy amplia y amerita ser acortada con oportunidades educativas situadas, adaptadas a las condiciones de la gente. La dicotomía, que aún persiste, entre la dinámica productiva del agro rural y la dinámica educativa, es evidente y demanda ser superada con creatividad, audacia y gran compromiso. Miles de niños, niñas y adolescentes se ven obligados a abandonar, temporalmente, las aulas ante el reclamo de la producción de café y otros productos, mientras el calendario escolar inflexible y uniforme irrespeta estas particularidades e impide una acción educativa efectiva. Miles de niños y niñas abandona una escuela desadaptada antes de culminar su sexto grado, lo que reclama respuestas urgentes, equitativas y de calidad para ellos. Centenares de niños, niñas y adolescentes, fruto de lo dicho, fracasan y repiten grado, llenando cupos reservados a los que avanzan en el tramo educativo. Centros educativos que requieren ser reconstruidos y mejorados, sumándose a ellos la construcción de otros nuevos, para llenar el déficit frente a la escolarización generalizada que se pretende en la Estrategia Educativa.

Maestros y maestras rurales, con gran potencial y compromiso, pero con grandes déficit en su formación, tienen encomendadas las aulas multigrado; su formación en la Escuela Normal aún no les prepara para esta modalidad de gran complejidad e importancia. Llenar estos vacíos en su formación inicial es fundamental, además de proporcionarles una caja de herramientas metodológicas y didácticas, que les sirvan para integrar una planificación efectiva, que les ayude a trabajar con calidad y efectividad en ambientes de gran diversidad como estos.