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“El patriota, si quiere bien a su patria, no empezará leyendo el periódico por el editorial, que dice lo que se opina, sino por los anuncios, que dicen lo que se hace”. José Martí.

Mientras hojeaba el diario La Prensa (lunes 21/06/2010) me detuve primero en los editoriales y me llamaron la atención los artículos sobre el gran Tomás Moro, un hombre de carácter, un gran humanista y comprometido con sus principios y valores. Seguí pasando las páginas cuando me detuvo un anuncio con la caricatura de un niño detrás de un alambrado, vestido de preso (con camisa, short y quepi rayado) y con un grillete en la pierna. A la derecha de este anuncio, las bases para el concurso “cárcel ortográfica”, las cuales señalan que por cada error ortográfico tienes una pena desde una multa hasta el cementerio.

Al final de la segunda sección, estaba lo que supuestamente es el juego: una oscura cárcel de dos plantas con algunos niños encarcelados, un cementerio, un policía y nuevamente el niño vestido de presidiario en una parte de libertad condicional. Señores: quedé helada. Comenté con mis compañeros de trabajo y uno de ellos me expresó: ¿Qué es esto? Parece salido de una película de Tim Burton. Coincidimos porque realmente nos pareció una forma macabra de aprendizaje. Entonces, traigo a colación el consejo que escribió José Martí en sus “Escritos sobre Educación”, dirigido al director del diario La Nación, fechado en Nueva York, el 19 de Agosto 1980. Martí me hizo reflexionar que debí haber empezado a leer primero los anuncios y luego los editoriales.

Como apasionada de las letras y madre de dos pequeños hijos, uno de ellos en edad escolar, me asombra profundamente esta propuesta que el diario en cuestión está promocionando. En primer lugar, porque ¿qué fuentes pedagógicas consultaron los expertos en mercadeo? Me pregunto: ¿acaso Pavlov castigaba a los perros cuándo estos no hacían un ejercicio correctamente en su teoría de demostrar el reflejo condicionado? No, era todo lo contrario: les daba un premio cuando estos hacían bien su ejercicio.

¿El método integral de Pestalozzi incluía castigos o encarcelamientos? Por otro lado, está demostrado --a través de los expertos en sociología de la educación y la psicología de la educación-- que los castigos no son el método más adecuado para el proceso de enseñanza aprendizaje, sino los estímulos. Incluso está declarado en la convención sobre los derechos de la niñez. No obstante, el jueguito de la cárcel ortográfica no refleja por ningún lado el reforzamiento de este principio.

Entiendo que el miope sentido del juego es que si tienes una falta ortográfica tienes una multa o, en su defecto, hasta la pena de muerte. Sin embargo, la psicología ha demostrado qué tan importantes son los juegos de roles en el desarrollo de la personalidad de un niño. En el texto “Educación y Creatividad, encuentro con el nuevo milenio”, el doctor en psicología y psicofisiología por la Universidad Complutense de Madrid, Oscar Miguel Dadamia, dice: “La psicología profunda incorpora el mundo del inconsciente-personal y colectivo como una incuestionable potencialidad creadora…” Luego, en el acápite sobre lenguaje y función simbólica: “Después de los 7 u 8 años y sobre todo que el propio adulto, necesita de otro sistema de significantes, más individuales y más motivados. Estos son los símbolos, cuyas formas más corrientes se encuentran en el juego simbólico o juego de la imaginación.”

Muy poco motivador y carente de toda imaginación es el juego que promueve el diario citado que, en vez de utilizar los novedosos recursos multimedios, acude a lo más inquisidor de los seudo métodos de enseñanza. ¿Qué atractivo encontrarán en un juego que convierte las faltas de ortografía de un niño en un acto delictivo? ¿Las palabras libertad condicional, pena, encarcelamiento, serán vistas como un sinónimo de juego? Entonces, señores, estamos enseñando a los niños que ¿la cárcel es un juego también?
En nuestro país, empobrecido cultural y educativamente, se debería de crear un ejercicio donde los niños aprendan reforzando la escala de valores, aumentando la creatividad y e reforzando su autoestima. Sin ser una experta en la materia, creo que debieron hacer toda la investigación que ameritaba el lanzamiento de un nuevo producto, en este caso el famoso juego. Hubiesen consultado con pedagogos, con metodólogos de la enseñanza de la ortografía, con psicólogos y en primer lugar realizar pruebas pilotos con niños para validar si la concepción del juego estaba acertada.

Me parece totalmente contraproducente abanderarse con la libertad y poner un niño tras un alambrado y con grilletes.


*Poeta y escritora