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El Día del Maestro y de la Maestra es sólo un granito de arena al reconocimiento que se merecen las y los maestros.


La Nicaragua actual ha producido dos tipos de maestros:

El maestro de vocación y el maestro por empleo.


El maestro por empleo es aquella persona que no tiene motivación por la ocupación de maestro y no está dispuesta a hacer sacrificios para aprender ni para el trabajo extra que la ocupación maestro demanda. De este tipo de maestros hay miles en Nicaragua, y es la tarea del Mined descubrir a este tipo de maestros y facilitarles el cambio de profesión para garantizar la calidad de la educación.

* El maestro de vocación es aquella persona que es maestro en cualquier lugar, a cualquier hora y a cualquier costo.

Estas maestras y maestros de vocación dan sus energías, ideas, voluntad, tiempo y salud para la educación de nuestros hijos e hijas.

Cinco días por semana y mínimo 5 horas por día formando a la niñez, adolescencia y juventud nicaragüense. Varias horas planeando clases, otras horas más evaluando y otras horas más pensando en los problemas que viven las y los estudiantes, y sus familias, maestra y maestro las 24 horas del día.

En realidad no hay pago para la profesión de un maestro de vocación. En verdad no hay pago justo para alguien que trabaja tantas horas y para alguien que está en cuerpo y espíritu ocupado por la formación del relevo generacional.

Solamente el que no ha sido alumno o estudiante no sabe lo valioso que es un buen maestro o profesor para una persona. ¿Cuántos no recuerdan a un buen maestro o maestra? Las palabras, los consejos y las caricias son imborrables de la mente. Yo tengo en mi mente a varios maestros y maestras, especialmente a mi alfabetizadora Rosa Beteta. No la he vuelto a ver, y si la veo tal vez no la reconozco, ¡pero sus palabras de ánimo no las olvidaré nunca!
La sociedad nicaragüense debe responsabilizarse de las y los maestros: Padres, madres, abuelos, abuelas, hermanas, hermanos, tías, tíos, las y los políticos y el Estado deberían reconocer la importancia de la profesión y comprometerse a elevar las capacidades pedagógicas para garantizar que los maestros sean personas felices y sin necesidades existenciales, pues se trata de nada menos ni nada más que de la formación y educación de lo más preciado que tenemos, que son nuestros hijos. Una mala maestra y un maestro desesperado nunca van a tener la capacidad de guiar a nuestros hijos por el sendero de la inteligencia, sabiduría y paz.

¿Quién es un maestro o una maestra en Nicaragua?

Es la última persona en conocer los cambios curriculares.

Es la única persona a la que nunca se le consulta nada.

Es la última persona en la jerarquía.

Es la persona que tiene que ejecutar todo lo que los que no están en las aulas ordenan.

Es la persona a la que se le van a dar hijos ajenos y se le exige que los cuide y eduque sin la ayuda del padre ni la madre.

Es la persona a la cual se le exige ser buen profesional y buena persona sin darle nada a cambio.

Es la persona que trabaja horas extras sin que nadie se las reconozca.

Y es uno de los profesionales más mal pagados históricamente.

Las madres y padres deberían exigir del gobierno y del Estado mucha más inversión en la profesión del maestro, porque el maestro es su mano derecha en la educación y formación de sus hijos e hijas.

Los políticos deberían destinar una inversión estatal merecedora de un político profesional e intelectual. Una inversión que demuestre la calidad de su educación. Todas las personas que vivimos de nuestra profesión independientemente de nuestra religión y buen corazón estamos en la capacidad de reconocer que todos tenemos el derecho de recibir una educación de calidad para poder vivir de ella. Pues, como puedo vivir yo con mi conciencia tranquila viviendo de mi profesión mientras miles de nicaragüenses no saben leer y otros miles no tienen ni tendrán la oportunidad de obtener una profesión que les pueda facilitar una vida más digna?
En 2009 y en este año 2010 nosotras y nosotros, la gente preocupada por la educación, hemos propuesto y exigido del gobierno y de la Asamblea Nacional aumentar el presupuesto de educación al 7% del PIB, que es lo mínimo necesario Para cumplir con la demanda y la calidad básica de la educación, al mismo tiempo el 7% es el porcentaje prometido de parte del Estado desde hace más de 30 años. Conocemos del bono demográfico actual en Nicaragua y la urgencia con la que el Estado tiene que reaccionar para rescatar a Nicaragua del círculo vicioso de la pobreza eterna.

El resultado de nuestras demandas ha sido nulo, ya que el presupuesto destinado a educación fue recortado el año pasado y en este año se mantiene igual. No dudo que este gobierno siempre ha querido alcanzar a todos y todas las Nicaragüenses con su oferta de educación, pues yo soy un producto de la alfabetización de los ochentas, pero los tiempos han cambiado, Nicaragua ya no es la hacienda de Somoza, ni América Latina se esta liberando de dictadores, ahora estamos en pleno siglo 21, en los tiempos de la globalización donde el puro sólo saber leer o tener un bachillerato mediocre no son suficiente para entrar en el mundo laboral. La niñez y adolescencia actual necesitan no escalar grados, sino en primer lugar tener una educación de calidad para sobrevivir al capitalismo salveje...El Estado y el gobierno tienen que invertir mucho más dinero en la formación y profesionalización del maestrado, en su salario y en el desarrollo y aplicación del un currículum moderno y dirigido al desarrollo verdadero de las capacidades y del potencial de nuestras nuestra niñez, adolescencia y juventud.

Yo soy maestra, soy cristiana y soy madre, y esas tres bendiciones me impulsan a luchar por el presente y futuro de Nicaragua, que son nuestros hijos e hijas, ellos se los merecen y el país se lo merece, luchemos, escoja su forma de luche, pero luche.