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Caminaba hacia la estación de Quevedo, cuando sonó mi teléfono. Era una de las llamadas que deseás no recibir jamás. Sobre todo cuando estás fuera del país. La voz de Maricela me paralizó a la entrada del metro. “Lo siento, pero tengo que decírtelo. Sé que te va a doler mucho: Alexis está muerto”.

¿Alexis Argüello muerto? ¡Pero sí lo había visto poco antes de salir del país! ¡Sí había hablado con él hacía poco! Desanduve el camino y volví a mi habitación. En todo el trayecto no sentí el fuego del sol de Madrid. El Canal 8 reportaba el asunto. No había nada en la radio especializada en notas rojas, la Nueva Radio Ya. Eran las seis de la mañana en Managua.

Alexis estaba muerto. ¿Quién se encargaría ahora de sus tres proyectos edilicios para Managua? Tiempo atrás, durante un almuerzo, me había pedido le ayudara a delinear un programa municipal. Le dije que había tres cosas básicas: la seguridad ciudadana, la basura y las aguas pluviales. Sobre estos temas tomó apuntes.

Nos volvimos a ver para otro almuerzo. En una matriz le había sintetizado lo esencial de cada uno de los temas. Le ofrecí estadísticas y le dije: “sí avanzás en la solución de estas cosas, vas sobre rieles”. El presidente Ortega todavía no lo había “destapado” como el candidato sandinista a la Alcaldía de Managua, pero Alexis me había dicho que era él. Le pregunté que le parecía a él la idea de ser elegido de dedo, de lanzarse más profundamente a las aguas turbulentas de la política.

Años antes le había preguntado si aceptar ser candidato FSLN para el puesto de Director del Instituto de Deportes no equivalía a montarse en otro caballo, como había hecho en Estelí en los años setenta, y que le valió el repudio de tanta gente. Me dijo que no, que él confiaba en Daniel Ortega. Entonces le propuse que como Director de Deportes debía dedicarse a resucitar el deporte escolar e impulsar el deporte en los barrios, en las vacaciones escolares. En el papel quedó un diseño para revivir los Juegos Escolares. Daniel Ortega perdió esas elecciones.

“¡Entonces, Alfonsito, explicame la vaina, que la vamos a hacer!”, fue su respuesta mientras comíamos un filete. Hablamos por casi tres horas. Me dijo presentaría el documento a Daniel y Rosario. También me dijo que me propondría como su asesor de comunicaciones. No sé si lo hizo. Ya no volvimos a conversar personalmente pues el cerco de personas que se erigió a su alrededor desde la campaña del 2008 lo hizo imposible.

Aún así, ya siendo Alcalde, me llamó algunas veces para hacerme preguntas sobre temas que le inquietaban. El quería un estilo de gobierno en el que el Alcalde estaría en el barrio y en comunicación constante con la gente. Eso no se dio. Alexis siempre estuvo rodeado por un cordón que lo aisló. Quería una juventud y niñez metida en el deporte. Deseaba un gimnasio de boxeo, como el de San Judas, en cada mercado de Managua, en cada distrito de Managua. Eso no se dio. Quería que Managua volviera a tener un centro. Le vendieron un proyecto irrealizable y él, iluso, creyó que era factible. Eso no se dio.

En resumen, el estilo de gobierno que él deseaba no se dio. Me lo dijo por el teléfono una de las últimas veces que escuché su voz. Dijo que se sentía presionado. Le respondí que así era el trabajo de Alcalde, que demandaba mucho, sobre todo en un lugar como Managua. Replicó que la presión no era por eso si no por otras causas. No le pregunté. Tampoco me lo dijo esa vez.

La última vez que me llamó, me dijo que se sentía desmotivado. “Estoy jodido, Alfonsito. ¿Qué hago?”

Jamás pensé que acabaría así, él, que siempre enfrentó cada reto con fuerzas. No podía creerlo. Lo había visto casi en el suelo, poco después de volver a Nicaragua a inicios de los noventa. Se puso de pie y comenzó a hacer vida. Lo vi recuperarse después de perder su Alexis Sports Bar en el centro comercial Nejapa. ¿Qué le pasó a tu bar, Alexis? ¡Je je je je… Alfonsito! ¡No lo vas a creer, me lo bebí con unas amistades! ¡Je je je je! Lo vi recuperarse después de perder varios módulos en ese mismo sitio. Decía que un amigo metido a político le había dado “vuelta”. Lo vi recuperarse después de perder una empresa editorial y la revista Alexis.

Luego llegó un momento durante el cual casi volvió a ser el Alexis de sus gloriosos años como campeón mundial. Fundó el Gimnasio Roger Deshon, en San Judas. Se dedicó a esa empresa en cuerpo y alma. Instaló ahí su oficina, en la que puso la memorabilia que le quedaba. A cada amigo y conocido que llegaba le hacía el tour, le mostraba a los mejores prospectos. Había uno que se llamaba Chocolatito González. De ahí pasó a la Vice alcaldía de Managua y de ahí a la Alcaldía. De ahí a una muerte violenta.

Ha pasado un año. Y todavía me duele. Mucho. Alexis ya no está aquí porque sus circunstancias cambiaron tanto que lo llevaron a un desenlace brutal que, muy probablemente, ninguno de quienes le rodeaban en esos días sospechó que ocurriría.

Ojalá no vuelva yo a recibir una noticia como esa. Sobre todo si no estoy en Managua.