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El crecimiento del PBI de China este año puede alcanzar el 10%. Mientras que algunos países todavía están lidiando con la crisis económica o sus consecuencias, el desafío de China consiste –una vez más- en saber cómo manejar la prosperidad.

Gracias a medidas políticas decisivas para prevenir una burbuja inmobiliaria, el mercado de bienes raíces se ha estabilizado, y se esperan nuevas correcciones en breve. Estas son buenas noticias para la economía de China, pero tal vez desalentadoras para quienes supusieron que el gobierno iba a permitir que la burbuja creciera cada vez más y, llegado el caso, precipitara una crisis.

Que la corrección inmobiliaria afecte o no el crecimiento global va a depender de qué se entiende por “afectar”. Los precios más bajos de los activos pueden retardar el crecimiento total de las inversiones y el PBI, pero si la desaceleración oscila (supuestamente) entre el 11% y el 9%, China habrá evitado el recalentamiento económico y, al mismo tiempo, experimentará un crecimiento elevado sostenible. De hecho, para China, la actual tasa de crecimiento anualizada del 37% en inversión inmobiliaria es muy negativa. En términos ideales, se desaceleraría y llegaría, digamos, ¡al 27% este año!

China ha tenido un rápido crecimiento económico sostenido durante 30 años sin fluctuaciones significativas o incluso interrupciones –hasta el momento-. Con excepción de la desaceleración de 1989-1990 que siguió a la crisis de Tiananmen, el crecimiento promedio anual en este período fue del 9,45%, con un pico del 14,2% en 1994 y 2007, y un mínimo del 7,6% en 1999.

Si bien la mayoría de las economías principales en sus primeras etapas de crecimiento sufrieron crisis, la historia de China parece anormal (o accidental), y ha generado predicciones periódicas de una” crisis inminente”. Todas esas predicciones demostraron ser erróneas, pero cuanto más se prolonga la historia, es más la gente que pronostica un mal final.

En mi opinión, no hay nada más anormal sobre el patrón ininterrumpido de crecimiento de China que la intervención macroeconómica efectiva en los tiempos de prosperidad.

Sin duda, tanto el desarrollo económico como las reformas institucionales pueden causar inestabilidad. De hecho, el tipo de gobierno central heredado de la vieja economía planificada, con sus planes de crecimiento demasiado prolongados, causa fluctuaciones y contribuyó significativamente a la inestabilidad a principios de los años 1980.

Pero el gobierno central debe hacerse responsable de la inflación en los tiempos de recalentamiento, para que el estallido de una burbuja no alimente el desempleo. Los gobiernos locales y las empresas estatales no necesariamente tienen esas preocupaciones. Ellos quieren un crecimiento alto del PBI, sin preocuparse demasiado por las consecuencias macroeconómicas. Quieren pedir prestado hasta donde más puedan para financiar proyectos de inversión ambiciosos, sin preocuparse demasiado por cómo devolver el dinero o por la inflación.

Por cierto, la causa principal del recalentamiento a principios de los años 1990 fue el exceso de endeudamiento por parte de los gobiernos locales. La inflación trepó al 21% en 1994 –su nivel más alto en los últimos 30 años- y una buena cuota de la deuda local terminó convirtiéndose en préstamos con problemas de recupero que llegaron a representar el 40% de los créditos totales en el sector bancario estatal a mediados de los años 1990. Esta fuente de vulnerabilidad se ha tornado menos importante, debido a las fuertes restricciones impuestas desde los años 1990 a la capacidad de endeudamiento de los gobiernos locales.

Ahora, sin embargo, los llamados “espíritus animales” de la primera generación de empresarios de China se han convertido en otra fuente de riesgo de recalentamiento. La economía ha estado creciendo, los ingresos han estado subiendo y los mercados se han estado expandiendo: todo esto crea un alto potencial para que las empresas crezcan; todos quieren aprovechar las nuevas oportunidades, y cada inversor quiere volverse rico de inmediato. Han tenido éxito y, hasta el momento, no han experimentado tiempos malos. De modo que invierten y especulan de manera feroz sin demasiada consideración por el riesgo.

La inflación relativamente alta de principios de los años 1990 fue una señal de advertencia para los estrategas políticos del gobierno central respecto de los riesgos macroeconómicos planteados por el crecimiento rápido. La burbuja estalla en la economía de Japón a principios de los años 1990, y las economías del sudeste asiático más avanzada la década ofrecieron una lección sobre cómo dejar de creer que las burbujas nunca estallan.

Desde entonces, la postura política del gobierno central ha sido ponerle frenos a la economía cada vez que existe una tendencia hacia el recalentamiento. Se implementaron medidas severas a principios de los años 1990 para reducir la oferta monetaria y frenar el exceso de inversión, ahuyentando así la hiperinflación.

En el ciclo reciente, las autoridades comenzaron a enfriar la economía en 2004, cuando China acababa de salir de la crisis causada por el pánico del SRAS (Síndrome Respiratorio Agudo Severo) en 2003. A fines de 2007, cuando el crecimiento del PBI alcanzó el 13%, el gobierno adoptó políticas más restrictivas para prevenir burbujas en la industria (del acero, por ejemplo) y en los mercados de valores (bienes raíces), que marcan el escenario para una pronta corrección.

La teoría económica sostiene que todas las crisis son causadas por burbujas o por un recalentamiento, de manera que si se pueden prevenir las burbujas, se pueden prevenir las crisis. Lo más importante para “enmendar los ciclos” no es la política de estímulo implementada después de que ya se produjo una crisis, sino ser proactivo en los tiempos de prosperidad y frenar las burbujas en sus primeras etapas.

No estoy del todo seguro de que todos los estrategas políticos chinos sean buenos estudiantes de la economía moderna. Pero parece que lo que han estado haciendo en la práctica resultó ser mejor de lo que hicieron sus pares en otros países –demasiado en materia de “desregulación”, pero muy poco en cuanto a enfriar las cosas cuando la economía estaba creciendo y se estaban formando las burbujas.

El problema de la economía mundial es que todos recordaron la lección de Keynes sobre la necesidad de políticas anticíclicas recién cuando estalló la crisis, después de exigir que los dejaran en paz –sin ninguna intervención política simétrica- durante la prosperidad repentina previa. Pero manejar la prosperidad es más importante, porque se ocupa, por empezar, de lo que causa la crisis.

En un sentido, lo que China ha estado haciendo me parece la creación de un verdadero “mundo keynesiano”: más empresas privadas y una competencia de precios más libre en el nivel microeconómico, y una activa intervención política contracíclica a nivel macroeconómico.

Tal vez existan otros factores que podrían desacelerar o interrumpir el crecimiento de China. Yo sólo espero que la vigilancia de los estrategas políticos prevalezca (y se mejore), permitiendo que la historia de alto crecimiento de China continúe otros 10, 20 ó 30 años.

Fan Gang es profesor de Economía en la Universidad de Beijing y de la Academia de Ciencias Sociales de China, director del Instituto Nacional de Investigación Económica de China, subsecretario general de la Fundación para la Reforma China y miembro del Comité de Política Monetaria del Banco Popular de China.


Copyright: Project Syndicate, 2010.

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