•  |
  •  |
  • END

No estoy seguro de si el hecho que cada equipo de football juegue por su país, promueve un sentimiento nacional que, con un pretexto superficial, en realidad refuerza sentimientos primitivos irracionales. Creo, más bien, que estos sentimientos emocionales deberían superarse por la conciencia de integrarnos, ahora, inteligentemente, en un esfuerzo común como especie humana.

Frente a la pantalla del televisor, nuestras emociones nos dividen contradictoriamente, no por matices estéticos, profesionales o culturales, sino, por diferencias preconcebidas, heredadas antes de tener uso de razón. Por algo que nos han inculcado ideológicamente aquellos que sacan alguna cuota de privilegios con estos conceptos. Y el football, empacado en banderas nacionales, sirve, así, de instrumento para hacernos proclives a buscar diferencias por instinto.

Gradualmente, la humanidad debería tomar a los mejores jugadores del planeta y concertar un torneo entre ellos, poner a Kaká junto a Messi, a Cristiano Ronaldo con Klose, Milito, Henry, Eto´s, Lampard, a fin de producir el mayor arte posible con un deporte de equipo. Luego, sólo faltaría que los retaran los dioses, transmutados para la ocasión en seres humanos, capaces de sentir dolor y cansancio, y de probar tristeza en la derrota. La mitología se humanizaría, entonces, al imponer las reglas de la FIFA a los dioses, obligándoles a despojarse de poderes sobrenaturales para no cometer falta, sancionada con tarjeta roja.

Al final, terminaríamos todos celebrando la victoria de la humanidad, con truenos y relámpagos, cualquiera que fuese el resultado. E intercambiaríamos camiseta con los inmortales, que por fin, sudados, aprenderían por instinto a morir como cualquiera, y que ya no querrían reelegirse para siempre en el Olimpo. Nos darían, entonces explicaciones claras de su origen, ahora que al acatar las reglas de la vida habrán dejado de hacer trampas ideológicas, de buscar ventaja, y de hablarnos con misterios. En adelante, nuestra imaginación podrá sacar más tiempo para la ciencia y el arte, y para cubrir el temor filosófico a la muerte con poesía.

Yo miro hacia el cielo para comprobar, cada tanto, si esa ráfaga de viento no se deba a un aleteo de fanáticos celestes que se apresuran a coger asiento, antes que algún comerciante aproveche la idea para imprimir tiquetes.


*Ingeniero Eléctrico