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La crisis fiscal griega ha sacudido los mercados de todo el mundo. En apenas dos años, el déficit presupuestario de Grecia saltó del 4% al 13% del PBI. Ahora otros países de la Unión Europea parecen estar bajo amenaza, y la UE y el Fondo Monetario Internacional se esfuerzan por frenar la crisis antes de que otra nación tiemble.

Sin embargo, el problema del exceso de deuda gubernamental no se limita a la UE. De hecho, la relación deuda-PBI de Japón es de alrededor del 170% -mucho más alta que en Grecia, donde la cifra ronda el 110%-. Pero, a pesar del paralelo sombrío, el gobierno de Japón no parece pensar que necesita tomarse el problema en serio.

Las elecciones generales del año pasado trajeron un cambio de régimen a Japón. El Partido Democrático de Japón (PDJ) de Yukio Hatoyama le dio una paliza al Partido Democrático Liberal, que había gobernado casi sin interrupción durante medio siglo. Pero el gobierno de Hatoyama ha ignorado la gestión macroeconómica al abolir el organismo encargado de discutir la política económica y fiscal.

Por el contrario, el gobierno se ha concentrado en aumentar el gasto para cumplir con sus grandes promesas electorales, e inclusive asignó una cantidad inmensa para nuevos préstamos para los hogares y los agricultores. Como resultado, la relación de los ingresos tributarios y el gasto total este año fiscal ha caído por debajo del 50% por primera vez en la historia de posguerra de Japón. Si el gobierno sigue en este sendero, muchos esperan que el déficit presupuestario del año próximo sea aún mayor.

A pesar de la debilidad de la posición fiscal de Japón, el mercado para los bonos del gobierno japonés (JGB, por su sigla en inglés) sigue siendo estable, al menos por ahora. Japón tuvo una experiencia similar en los años 1990, la llamada “década perdida” del país. En ese momento, el déficit presupuestario de Japón se disparó después del estallido de la burbuja inmobiliaria del país, lo que causó un estancamiento económico. Pero quienes compran los JGB son principalmente organizaciones y hogares del país. En otras palabras, los grandes ahorros del sector privado financiaron el déficit presupuestario, de manera que la fuga de capital nunca ocurrió de la misma manera que en Grecia, a pesar de la desesperada situación presupuestaria.

Ahora bien, esta situación se ha deteriorado recientemente, por dos motivos. Primero, el volumen total de JGB se ha vuelto extremadamente elevado en relación a los activos monetarios netos de los hogares, que representan aproximadamente 1.100 billones de yenes. Pero en apenas tres años, los JGB excederán este total. Esto sugiere que los activos de los contribuyentes ya no respaldarán la deuda gubernamental, momento en el cual la confianza en el mercado de JGB probablemente se desmorone.

Segundo, la sociedad japonesa está envejeciendo –y rápido-. En consecuencia, la tasa de ahorro de los hogares del país disminuirá marcadamente, lo que tornará cada vez más difícil que el sector privado pueda financiar los déficits presupuestarios. Es más, una población que envejece implica una mayor presión sobre el gasto fiscal, debido a los mayores costos de las pensiones y la atención médica, teniendo en cuenta que todos los nacidos en el boom de la natalidad en Japón llegarán a los 65 años en unos cinco años. Se estima que el incremento en los costos de seguridad social arranque aproximadamente en 2013, dentro de tres años. En vista de estos factores, el mercado de JGB, que ha sido estable hasta el momento, enfrentará serios problemas en los años venideros. Después de desviar la vista desde que llegó al poder, el nuevo gobierno de Japón finalmente empezó a discutir aumentos impositivos. Una posibilidad es un incremento en el impuesto al consumo, que actualmente representa el 5% -bajo en comparación con otros países industrializados.

Pero los aumentos tributarios por sí solos no taparán el agujero negro fiscal de Japón. Lo que más se necesita es una gestión macroeconómica consistente y estable. Esta gestión es posible. Entre 2001 y 2006, el primer ministro Junichiro Koizumi atacó de manera agresiva los problemas fiscales de Japón. Koizumi apuntó a un gobierno más reducido y a fijar objetivos numéricos claros para la consolidación fiscal, inclusive un balance de presupuesto primario en 10 años.

Sorprendentemente, la política de Koizumi estuvo a punto de ser exitosa. El déficit primario de Japón de 28 billones de yenes en 2002 se redujo a apenas 6 billones de yenes en 2007. Si este esfuerzo se hubiera continuado durante dos años más, se podría haber tenido un excedente presupuestario primario. Pero en los últimos tres años, el primer ministro cambió todos los años, y primó una tendencia populista en materia de gasto fiscal.

Lo que más se necesita ahora es que el gobierno del PDJ restablezca una gestión económica integral. Un aumento impositivo es sólo parte de la cuestión. Sin una estrategia para el crecimiento, un esfuerzo por reducir el gasto público y una política para frenar la deflación, un aumento tributario no solucionará el problema. Por cierto, algunos economistas temen que pueda estallar una crisis fiscal incluso una vez que se haya sancionado un incremento impositivo.

Una vez que esto suceda, el impacto en los países vecinos –y en la economía mundial- será enorme comparado con el actual problema europeo. Después de todo, Japón sigue siendo la segunda economía más importante del mundo, y representa aproximadamente un tercio del PBI de Asia y un 8% de la producción global, mientras que la porción del PBI de Grecia en la UE es de alrededor del 3%.

En algunos países, una reducción de los gastos militares y una baja de las tasas de interés han ayudado a mejorar una posición fiscal débil. Pero en el caso de Japón, el gasto militar ya es bajo, al igual que las tasas de interés. Esto sugiere que el rescate fiscal será extremadamente difícil si es que empiezan los problemas –y subraya la necesidad urgente de un verdadero liderazgo político hoy.


Heizo Takenaka fue ministro de Economía, ministro de Reforma Financiera y ministro de Asuntos Internos y Comunicaciones en el gobierno del primer ministro Junichiro Koizumi. Actualmente es director del Instituto de Investigación sobre Seguridad Global en la Universidad Keio, Tokio.

Copyright: Project Syndicate, 2010.

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