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En Nicaragua se ha estrenado una nueva variante del crimen organizado: el crimen político organizado. Es lo que ha ocurrido en Boaco.

Primero, con el apoyo de un Concejal del sector alemancista del liberalismo, los orteguistas lograron una mayoría en el Concejo Municipal y, sin alegar ninguna de las causales que establece la Ley de Municipios, destituyeron al alcalde Hugo Barquero, del Movimiento Vamos con Eduardo, es decir del sector liberal no pactista con Ortega, quien fue elegido para el cargo por la abrumadora mayoría de sus conciudadanos.

Segundo, el Consejo Supremo Electoral, dominado por Ortega y anticipado desde luego de lo que iba a ocurrir, en cuestión de pocas horas juramentó como alcalde al vicealcalde, también del sector Alemancista.

Tercero, Barquero se atrincheró en la sede de la Alcaldía, con el amplio respaldo de los habitantes de Boaco, y del país en general, y mientras aguardaba la resolución judicial de un recurso de amparo que interpuso, fue desalojado a la fuerza por la Policía Nacional que alegó tener una orden de desalojo de la Contraloría General de la República, con lo cual este ente, desde luego también controlado por el Orteguismo, se excedió en sus funciones ordenando un desalojo, y además de antemano estableció una presunción contra el Alcalde ilegalmente destituido.

Cuarto, y de previo, según se conoció después, el Presidente Ortega había removido a la Comisionada Jefa de la Policía de Boaco, quien se resistía a acatar órdenes ilegales y usar la fuerza en un caso estrictamente político, y había nombrado a un Comisionado dispuesto a partidizarse, o que ya estaba partidizado a favor de Ortega.

Sincronización perfecta, como la del crimen organizado. Pero como no es un caso aislado ya que son varios los alcaldes destituidos de la misma forma, se cumplió con otra característica del crimen organizado: no son hechos aislados sino que responden a una lógica de ejercicio sistemático del poder de la fuerza, en este caso física e institucional.

Son varias las lecciones
A Ortega no le quedan muchas otras máscaras que quitarse y mostrar sin inequívocos su talante dictatorial.

Si el concejal liberal que facilitó la historieta actuó por su cuenta, como con gran energía lo han alegado los dirigentes de su partido, y se tiende a pensar que en la lógica de los Acuerdos de Metrocentro ese alegato es verídico, estamos frente a nuevos lodos de los viejos polvos del pacto Alemán-Ortega.

En la lógica del pacto, que Ortega ha desbalanceado totalmente a su favor, Ortega siempre ganará, como ha ocurrido hasta ahora.

Y si fuera otro el caso, que el pacto siguiera balanceado, o a favor de la contraparte, Nicaragua seguiría perdiendo.

En la lógica del pacto, no importa cuál de las partes gana, o si ambas ganan, porque sigue balanceado, es Nicaragua la que pierde, como se aprecia en otros lodos -en la Corte Suprema de Justicia, en el Consejo Supremo Electoral- que proceden de los mismos polvos.

Finalmente, Boaco ha enseñado el camino: la desobediencia civil.