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Vencer sin ser capaces de aprovecharse
de la victoria es arriesgado y costoso.
Sun Tzú

Miles de ciudadanos han salido a las calles para manifestar su indignación en contra de la destitución del alcalde de Boaco. Los ciudadanos perciben con absoluta claridad que esta destitución –y la de cinco alcaldes más- ha sido orquestada desde la presidencia, por un objetivo que va más allá del simple deseo de supeditar bajo el ejecutivo a los gobiernos comunales.

La reelección es ciertamente un proceso complejo que el gobierno no puede dejar al azar. De manera que con un método consustancial al absolutismo personal que intenta implantar, su reelección necesita un plan para asegurar el resultado electoral, con independencia de la voluntad mayoritaria de los electores.

Quienes se oponen a la consolidación del régimen totalitario, deben estudiar y comprender el significado de los movimientos tácticos del gobierno. De partida, deben aceptar que las elecciones son vistas por el gobierno como cualquier contienda, que se gana antes del enfrentamiento (o del conteo de votos, en este caso), desde que se escogen correctamente las posiciones ventajosas que garantizan la victoria. Para ello, hay que advertir, también, que donde se produce un conflicto, estar un paso por delante de los competidores, vale más que cualquier otra ventaja, como enseña Sun Tzú.

Como contrapartida a este plan, la indignación espontánea de la población, en reacción a cada táctica del gobierno, no basta; sino, que todo este descontento popular debe converger hacia un objetivo político, que conscientemente frene los intentos de reelección del gobernante, pero, por un medio de lucha eficaz que, necesariamente, desborde la dirección de los partidos tradicionales.

Mientras exista cierta confianza en la capacidad de dirección de los políticos afines a quienes han controlado el país por los últimos ciento veinte años, el pueblo pagará -dicho en los términos de Sun Tzú- el costo y los riesgos de no poder aprovechar, en su propio beneficio, sus propias victorias.

A lo largo de nuestra historia, se ha generado de forma natural una tendencia al absolutismo reaccionario en el gobierno, como consecuencia del entendimiento entre caudillos. Caudillismo y dictadura guardan la misma relación sintomática que infección y calentura.

Contrarrestar la esencia de este proceso degenerativo del caudillismo, enquistado en nuestra historia republicana, requiere una voluntad consciente activa por parte de la población, lo que nos hace concluir que el problema central de la nación, por lo que aún no logra superar cierta estructura de poder feudal, es, precisamente, la falta de maduración de una dirección política de izquierda en el seno del movimiento de masas.

Bajo esta óptica, la manifestación multitudinaria de Boaco en contra del orteguismo, resulta todavía inocua e ingenua frente al pacto reeleccionista. Lo que es más que evidente cuando se permite que los seguidores de Alemán mezclen en dicha manifestación la consigna miserable de “Alemán vuelve”.

Esta frase, “Alemán vuelve”, dicha en medio de un pueblo que se manifiesta indignado frente a la corrupción estatal, suena, de pronto, como una maldición irónica.

Pero, ¿qué significan los acontecimientos de Boaco para la población? Efectivamente, constituyen una chispa de rebelión genuina contra la burocracia. Pero su efecto depende de un elemento crucial que concierne al ritmo del movimiento social en el país.

Los teóricos japoneses afirman que es imperativo distinguir cuidadosamente entre los ritmos de la floración y los ritmos de la decadencia en cada cosa específica.

Las perspectivas de la experiencia de Boaco dependen del grado de organización y de conciencia de la población, y de la capacidad de pasar a la acción en defensa de sus intereses. Lo que viene a definir si nos encontramos en una etapa de ascenso en las luchas de masas, o en una etapa de reflujo. Luego, lo primordial, desde un punto de vista combativo, es comprender el grado de hostilidad con que los ciudadanos se disponen a enfrentar los planes de este gobierno.

El problema, para la población, no es la reelección en sí, sino el poder de los caudillos. Es decir, la reelección no se combate sobre la base a la teoría del Derecho (ya que no se trata de resolver una disquisición jurídica), sino que se debe impedir para contrarrestar, de manera práctica, el objetivo esencial del plan con que el caudillismo corrupto pretende consolidar su dictadura militar.

Pero ello implica, a la vez, que en el curso de esta lucha progresiva en contra del proyecto reaccionario, se deben desarrollar formas alternativas de poder directo, con el fin de superar las ilusiones pactistas con que Alemán promueve, por medio del proceso electoral, un método simple para repartir entre caudillos las cuotas de poder. Alemán y Ortega se complementan como las mandíbulas de una tenaza que se propone aprisionar la voluntad popular.

La consigna ¡fuera los sinvergüenzas y ladrones de todos los poderes del Estado! sintetiza la lucha contra todas las variantes del pacto entre ambos caudillos. Cuando las calles se llenen con esta consigna, ambos caudillos percibirán que está en marcha un proceso de cambio radical en la sociedad, que apunta en contra de ellos. Sin embargo, tácticamente, hay que enfocar objetivos concretos simples, que cambien gradualmente la correlación de fuerzas.

Luis Barrantes, en esta maniobra del gobierno, es el jefe policial que por instrucciones expresas de Ortega dirigió la represión a los manifestantes en Boaco, y que personalmente sacó a empellones de la alcaldía de Boaco al jefe del gobierno comunal. Hoy, este oficial encarna la consolidación de la policía como uno de los pilares de la dictadura.

Dentro de la situación defensiva, hay que tomar iniciativas tácticas ofensivas. Sacar a Barrantes de Boaco es el golpe más efectivo, en estos momentos, en contra del plan de reelección. La consigna en Boaco de: ¡fuera Barrantes!, concentra de forma práctica la lucha contra la conformación de una policía somocista.

Si se logra sacar a Barrantes, por efecto de la movilización ciudadana, incluso, sin más, el tal usurpador de la alcaldía de apellido Obando, así como encubre su filiación política como un camaleón, por sí solo se ocultará a la vista del pueblo. Y ambos caudillos, mentalmente, traducirán su experimento en Boaco como una derrota.

Entonces, Boaco, al apuntarse una victoria concreta contra el uso impune de la capacidad represiva de la policía, podría ser el inicio del fin del plan totalitario, si a partir de esta experiencia se desarrolla una dinámica de lucha sin cuartel en contra del pacto. A un dado nivel de movilización, la presencia de escuadras fascistas, no haría más que hacer explotar una movilización mayor, con objetivos más radicales. Esta dinámica, de devolver desde un ángulo inesperado cada saque del gobierno, irá cambiando la correlación de fuerzas hasta darle a la población la iniciativa estratégica en contra del proyecto totalitario.

Herty Lewites, desde el año 2000, profetizaba este proceso revolucionario con sus propias palabras: “el pueblo va a llegar a odiar a este par de sátrapas, y a patadas los va a sacar”. Esta profecía, para bien o para mal, ya va encaminada en nuestra realidad política.