Jorge Eduardo Arellano
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Hace ya mucho tiempo...

yo no tenía encima esta piedra
de Sísifo tan dura del pesar.


(Antenor Sandino Hernández)

Hace algunos meses, mi amigo Dani Toval Canales me envió en un fólder un paquete de poemas del poeta Antenor Sandino Hernández, conocido como El poeta chorotega, uno de los destacados vates posmodernistas, desconocido y casi olvidado, quien junto a Guillermo Rothschuh Cisneros, Arturo Duarte Carrión, Eudoro Solís, Aura Rostand, Alfredo Alegría, Santos Cermeño y Jorge Amadís Bolaños, cerraron la veta de tradición literaria modernista, iniciada por Darío.

El muy singular paquete de versos, puesto en las manos sólo para ser visto, no es sino particular, porque es una antología poética de 129 páginas, titulada Alma a los vientos, publicada en 1945, en la cual se recoge una buena parte de la producción poética de Antenor, quizás mucha de su poesía inicial, por lo que sus páginas fácilmente se deshacen en las manos. Recordemos que Antenor publicó, entre otros libros, los siguientes: Barro fulgente (1926), Alma a los vientos (1945), Tiangue o mercado indio y otros poemas (1956), De mis tierras las purísimas son (1957), El cuaderno de mi tierra (1959), Collares del istmo y otros poemas (1960), Coplas de la gigantona de mi tierra (1964), etc.

En el índice de dicho libro puede apreciarse que la obra está estructurada en siete secciones: I - Bajo un árbol que tenga claridad de luceros (21 poemas), II - Ofrendas (21 poemas), III - Lámparas votivas (9 poemas), IV - Parábola sedienta (8 poemas), V - En los jardines de la esfinge (15 poemas), VI - La odisea del General Sandino (3 poemas), VII - Vendimia roja (12 poemas). Éste, ni ningún otro libro de Antenor, he visto en publicaciones recientes, a no ser que hayan sido publicaciones familiares o muy entre amigos y conocidos cercanos. Por eso, mi amigo Dani me pidió le facilitara una copia de la obra para poder leerla, pero hasta el momento, poco a poco he ido juntando los trozos de versos y de páginas para terminar dicha labor, aunque no sé de dónde tomaré las páginas 9, 10, 39, 40 y parte de las últimas.

Antenor Sandino Hernández, nació en León, el 23 de junio de 1899, siendo hijo de Nicolás Sandino Valle y de Antonia Hernández Palma. Realizó estudios de primaria en Managua y León, siendo los profesores Vicente Leiva, Miguel Cifuentes y Salomón Ibarra Mayorga, quienes más influyeron en su vida personal y literaria. A los 15 años inició su vida artística e intelectual y muchos de sus primeros versos fueron recogidos en Barro fulgente, poemario inicial publicado en 1926. Años antes, había ganado el segundo lugar en Los Juegos Florales, que auspiciaba el Teatro Municipal. Antenor fue padre de Ramón Augusto y Melva Sandino Centeno, ambos muy ligados a la radio y el periodismo leonés.

Adolfo Isaac Sánchez Salgado, poeta ceremonioso de Sutiaba en la Cultura, acucioso y velado investigador cultural, en su Introducción a una antología poética de Antenor Sandino Hernández, escribe: Antenor Sandino Hernández no hizo una Revolución Literaria, más si es pionero en la renovación del verso. Su trabajo fue consciente... “lleva en su lírico mensaje los sonidos todavía sonoros de la antigua mas siempre gloriosa lira dariana... si encontráis algunas hebras sedosas para un bordado de vanguardia, no me tildéis como tal”. Sin embargo, no puede negarse ni lo uno ni lo otro, pues mucha de su hermosa poesía, lleva impregnada el hálito modernista y el colorido vanguardista, especialmente, la poesía dirigida al indio, al aborigen, a las frutas de la tierra, tales son sus Estancias aborígenes, y su Sangre india, hitos literarios de gran madurez poética. Mi prima es otro de los celebrados poemas de Antenor, un soneto alejandrino de rima consonante, que aborda los amores juveniles a través de los juegos, escrito en 1934 y publicado en la obra ya mencionada.

Es impostergable estudiar y conocer a Antenor Sandino Hernández, quien se destacó dentro de un buen grupo de poetas leoneses, muy representativos, tales como Andrés Rivas, Mariano Barreto, Agenor Argüello, Juan de Dios Vanegas, Alí Vanegas, etc. Para ello es necesario editar sus obras completas y lograr la empresa del conocimiento y la divulgación de sus méritos literarios entre los jóvenes y la sociedad leonesa y nicaragüense. Y en esta labor literaria y cultural, deben compartir responsabilidades, la Alcaldía y la Universidad de León, la Casa de Cultura, que lleva su nombre, el Teatro Municipal José de la Cruz Mena, la Fundación Ortiz-Gurdián, la Cámara de Turismo, las instituciones del Estado, los periodistas, los leoneses amantes de la literatura, especialmente, los poetas y escritores de la ciudad.


pedroalfonso_13@yahoo.