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Sí, una campaña para no tirar la basura, y no para recogerla. Cuando veo brigadas recogiendo bolsas de plástico, me pregunto si no será más efectiva una campaña casa por casa, calle por calle, persona por persona, para que no las tiren a la calle. (Claro, si ya se tiró, hay que recogerla). Y que todos y todas seamos promotores de la salud ambiental. Que a quien tire una bolsa o una cáscara al suelo, se le invite a levantarla. Y que haya donde depositarlas. Posiblemente más de una persona nos tratará mal, nos dirá que no tenemos qué hacer o que nos vayamos a otro barrio o a otro país. Todo eso ya me lo han dicho porque reclamo el derecho a un ambiente sonoro saludable. Cada causa cuesta, pero es obligación cuidar nuestra ciudad. Y es preocupante que haya tantos residuos por todos lados. Pareciera que no nos importa y que las campañas de educación para nada sirven. Como se dice, el hecho de ser pobres no nos da derecho a ser cochinos. Pero también hay personas con poder económico e instruidas, que arrojan la basura a la calle.

¿Por qué algunos mercados están sucios, si allí hay dinero y empresarios con mucha iniciativa? Así como tienen trabajadores que resguardan sus negocios, podrían tener una brigada de educación ambiental que proteja el bien común más preciado: el medioambiente, que genera los demás bienes.

Los recolectores y recicladores hacen una gran labor, además de crearse su fuente de trabajo. Pero mientras ellos recogen y limpian la ciudad, otros ensucian: compran, rompen la bolsa, se comen el contenido y lo demás, a la acera. Pasan niños, viejos, jóvenes, mujeres, varones, a pie, en bus, en carro, todo mundo tirando basura. Van dejando el rastro de la mala educación y de la irresponsabilidad. Algunos quizás no tengan culpa, es producto de hábitos arraigados y la educación no llega a todos lados. También los carretones y camionetas depositan la basura en cauces, solares, caminos. Y las empresas que generan residuos no se responsabilizan por recogerlos. Ni se les obliga. Venden miles de botellas con agua, miles de gaseosas y miles de envoltorios con todo tipo de productos; pero, ¿cuántas botellas recolectan en plazas y playas?

¿Por qué no vemos los efectos, comenzando por las inundaciones cuando se obstruyen los cauces, en la contaminación del agua o en la reproducción de mosquitos y zancudos? Esto no lo sufrimos por ser pobres, sino por ser irresponsables, yoquepierdistas, cochinos. Nos importa nuestra actividad, nuestro negocio, y punto. A veces creo que en parte es por lo contradictorio de los mensajes. Se pide que se separen los residuos desde el hogar, pero el camión lo revuelve todo, porque no hay recogida selectiva.

Que no se revuelvan baterías con los residuos domiciliares, pero no hay alternativas. Que se coloque la basura en su lugar y no hay donde echarla. Que el aceite de la cocina no se eche en las tuberías de aguas residuales, pero no se dice qué hacer. Que los residuos verdes son muchos, pero no se explica qué árboles sembrar en cada lugar, a qué distancia de los edificios y cómo darles mantenimiento para que no perjudiquen y así evitar cortarlos, como cuando se llenan de plagas o se siembran pegado a la casa del vecino y dañan techo, paredes, alcantarillas. Que no se queme basura, pero algunos empleados municipales lo hacen. Y con las campañas para recolección, indirectamente se está tolerando que otros ensucien, pues hay quien recoja. Y algunos partidos políticos tienen promesas verdes, pero dejan las plazas llenas de plásticos y papeles.

Como vemos, entre los mensajes expresos y las acciones, hay muchas contradicciones. Esto, sumado a la falta de valores e incumplimiento de las leyes, contrarresta los esfuerzos de las campañas ambientales. De ahí la necesidad de la educación y buscar alternativas, lo mismo que la aplicación de leyes. Y de una congruencia entre la práctica y los mensajes. No sólo en las aulas, la educación ambiental debería ampliarse a las calles, mercados, plazas, ferias, bares, buses, costas, caminos, carreteras, movilizaciones partidarias, celebraciones religiosas, etc. Y los responsables de las actividades y productos generadores de desechos, deberían ser quienes los recolecten. Tiendas, pulperías, ferias, mercados, fábricas, distribuidoras, deberían tener recipientes, además de los que instalan las alcaldías.

Y como tirar la basura es tan común, y casi todo mundo lo hace, ni vergüenza da. Por eso, después de las concentraciones, las plazas quedan rebasadas. ¿Qué tal si las brigadas ecológicas funcionaran durante las movilizaciones? Y si cada partido, cada organización, tuvieran su brigada que esté atenta, no a recoger lo que otros tiran, sino para decirles que no tiren las bolsas y botellas en la plaza, y si lo hacen, pedirles que las recojan. Junto a las campañas políticas, religiosas, ferias, festivales, se deberían organizar campañas ambientales. Y también para bajar el volumen y reducir la basura acústica, pues aunque a veces no moleste, el ruido puede afectar, igual que los otros residuos.