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Sin la constante lucha
de los opuestos no pueden
explicarse los cambios.

Hegel

EL NUEVO DIARIO publica en su edición del 25 de julio un artículo de Fidel Castro titulado “El origen de las guerras”, en el cual, Fidel hace una nueva reflexión con referencia a la probable invasión de Estados Unidos a Irán; y, ahora, con mayor serenidad, explaya una autocrítica a su reflexión anterior.

En la reflexión que Castro publicara en Granma el pasado 27 de junio, bajo el título “Saber la verdad a tiempo”, afirmaba que Obama debiera saber más que nadie que no podría asistir a los partidos de cuartos de final del reciente campeonato mundial de fútbol - como había prometido si la escuadra de Estados Unidos pasaba de los octavos de final - porque esos cuartos de final no podrían realizarse ya que antes ocurrirán gravísimos acontecimientos.

Castro se refería a la invasión de Estados Unidos a Irán que, según afirmaba, se produciría antes del 2 de julio.

Hoy, todos sabemos que en dicha fecha, evidentemente, no se ha producido la invasión a Irán. ¿Por qué se equivocó Castro y qué enseñanzas se pueden sacar de tal error? Este es el tema del presente artículo, con la admiración que merece Fidel, posiblemente la personalidad más trascendente de la historia latinoamericana que se enrumba hacia una sociedad más humana.

En la misma reflexión del 27 de junio, Castro escribía: “La información elaborada (por una agencia iraní) casi a la misma hora de lo publicado en Granma, o tal vez antes, parecía en algunos puntos una copia al carbón de los párrafos de la Reflexión elaborada el jueves 24 de junio y publicada en ese periódico el viernes 25. La coincidencia se explica por el uso elemental que siempre aplico del razonamiento lógico. Yo no conocía una palabra de lo que publicó la agencia local iraní”.

De esta forma, Fidel nos informa que su capacidad de pronosticar eventos, con fechas exactas, se debe al uso del razonamiento lógico.

Y acto seguido, enfatiza categóricamente que pronostica con base al razonamiento lógico aunque no disponga de la información precisa respecto a los eventos que van a ocurrir: “No soy profeta ni adivino. Nadie me informó una palabra de lo que iba a ocurrir; todo ha sido fruto de lo que hoy califico como el razonamiento lógico”.

El 27 de junio describió, casi en sus mínimos detalles, cómo ocurriría la invasión a Irán:
“No albergo la menor duda de que tan pronto las naves de guerra de Estados Unidos e Israel ocupen sus puestos -- junto al resto de las embarcaciones militares norteamericanas ubicadas en las proximidades de las costas iraníes-- e intenten inspeccionar el primer buque mercante de ese país, se desatará una lluvia de proyectiles en una y otra dirección. Será el momento exacto en que se iniciará la terrible guerra”.

Y remató con una referencia a su experiencia (de por sí, indiscutible): “No somos novatos ni entrometidos en este complicado tema”.

Superado el plazo del 2 de julio que había preanunciado Fidel para que se produjera la invasión a Irán, ha debido explicar por qué los eventos contradicen su razonamiento lógico. En el artículo que ha reproducido EL NUEVO DIARIO, el pasado 25 de julio, Castro se autocritica:

“Por mi parte debo hacerme una autocrítica, cometí el error de afirmar en la Reflexión del 27 de junio que el jueves, viernes o a más tardar el sábado se desataría el conflicto”.

Hasta ahí está bien la autocrítica. Ahora, corresponde determinar si el error es metodológico, ya que antes Fidel nos ha dicho que más que por disponer de información precisa, su capacidad de pronóstico se basaba en el razonamiento lógico. No obstante, ahora Fidel explica que carecía de una información indispensable sobre los plazos que la Naciones Unidas le daban a Irán para permitir la inspección de sus buques mercantes (y esta información era más decisiva para determinar la fecha de la invasión, que el razonamiento lógico):

“El 8 de agosto se cumple el plazo de 60 días, dado por el Consejo de Seguridad el 9 de junio, para recibir la información sobre el cumplimiento de la Resolución. La constancia de la negación del permiso para la inspección del mercante por parte de Irán. Yo trabajaba con el último material elaborado sobre el delicado tema por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba y dicho documento, no contenía dos párrafos claves”.

Una crítica correcta habría señalado, por el contrario, que el razonamiento lógico no basta si está desprovisto de la información oportuna y pertinente. Probablemente, fue Lenin quien dijo: “El que no ha investigado no tiene derecho a opinar”. Con el fin de estimular el estudio concreto de los elementos esenciales que caracterizan una realidad en cambio. Había que aprovechar la autocrítica de Fidel para educar a la población a no sacar conclusiones sin datos. Y a que no hay que ufanarse de hacer pronósticos sobre los plazos exactos de una guerra, sin investigar todos los preparativos por una y otra parte (en este caso, sin leer resoluciones de la ONU, ni la información de fuentes iraníes sobre lo que va a ocurrir). Fidel, antes de fallar en su pronóstico, proponía como un mérito metodológico: “¡nadie me informó una palabra de lo que iba a ocurrir, todo ha sido fruto del razonamiento lógico!”.

Pero, ahora, Fidel culpa a un compañero porque no fotocopió todos los documentos:

“Algún compañero del Ministerio, tras el trabajo agotador de muchas horas en la máquina sacando copias de todos los documentos, se durmió. Mi afán de buscar información e intercambiar puntos de vista sobre estos delicados temas, me permitió descubrir esta omisión”.

No es la realidad la que le obliga a rectificar y a buscar la causa de su error. Su autocrítica, ya de por sí viciada por la racionalización que hace Fidel de su error de método, se convierte en una crítica burocrática a un subalterno.

Para el razonamiento lógico es sencillo comprobar que con la información que dispone Fidel no se puede ni pronosticar la fecha exacta de la invasión ni como se producirá. Ni siquiera Obama lo sabe con exactitud al día de hoy. Baste pensar que si Irán tuviese la mitad de seguridad que ha exhibido Fidel sobre la fecha de inicio de la invasión, arrojaría con antelación los cohetes balísticos sobre Israel, ya que así tendría mayores probabilidades de éxito militar que si aguarda la iniciativa destructiva del adversario para ensayar, entonces, una respuesta.

En este escenario precario, de transición, el factor sorpresa, de ambos lados, es más que nunca una variable muy sutil que se maneja con extrema prudencia para evitar que el adversario, ante una señal inapropiada, precipite el caos. Por ello, en todo este despliegue de fuerzas hay una capacidad disuasiva de destrucción recíproca muy delicada, que opera para propiciar un acuerdo con base a cálculos probabilísticos al borde de la destrucción total.

La guerra en Irán es ciertamente muy probable a corto plazo. Al razonamiento deductivo aplicado por Fidel le ha faltado, además de información precisa (que nunca se debe menospreciar), el análisis de la intencionalidad (que, precisamente, trasciende a la lógica formal).

La realidad es dialéctica. La posibilidad y la accidentalidad son momentos de la realidad en Irán. Lo necesario – la guerra en Irán -, entendido como un enfrentamiento de elementos opuestos de una realidad en transformación, es mediado por un cúmulo de circunstancias o condiciones. De manera que la transición hacia un cambio, no obedece a reglas de lógica formal, sino, a lógica dialéctica. El fin subjetivo, la intencionalidad, se vincula con la objetividad de los hechos y, en buena medida, la propia intencionalidad se ve sometida a la evolución interna de los acontecimientos. Por ello, el pensamiento materialista dialéctico considera que es a través del azar y de lo casual que se manifiestan los cambios necesarios en la naturaleza y en la sociedad.

Nada más alejado del pensamiento marxista, entonces, que hacer pronósticos de fechas exactas de eventos históricos, con base a la lógica formal. La autocrítica burocrática de Fidel, encubre un método de toma de decisiones alejado de la práctica leninista del centralismo democrático, que implica un método autocrítico continúo para resolver contradicciones, poniendo a prueba de refutaciones las propias teorías.


* Ingeniero Eléctrico