•  |
  •  |
  • END

Nicaragua vive en un contexto de mucha contradicción. Por un lado la cúpula gobernante que se beneficia en todo momento de los privilegios del ejercicio y abuso del poder y por otro lado el resto de la clase política nacional que está en permanentes negociaciones con el FSLN para obtener una cuota cada vez más importante de privilegios y riquezas, ya sea a la luz pública o a la sombra de la corrupción, a partir del erario.

Mientras estos grupos nominalmente antagónicos empero en esencia cohesionados y armónicos se reparten a manos llenas riquezas, poder e influencias, cual grupos mafiosos inmortalizados en alguna escena imperecedera de la exitosa trilogía cinematográfica El Padrino; la gran mayoría de la población nicaragüense está condenada a la pobreza, falta de oportunidades y al desgobierno.

Según el anuario estadístico del año 2009 que publica la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) la situación de la pobreza en Nicaragua es sumamente grave. Nuestro país sólo es superado en este renglón por Honduras a nivel de Centroamérica, y ocupa uno de los peores lugares a nivel latinoamericano en este deshonroso ranking.

Nicaragua reporta en el ya mencionado informe un índice de pobreza de un 61.9 % a nivel nacional (prácticamente dos de cada tres nicaragüenses son pobres). De este dato es importante desglosar que un 71.5% de la población rural se reporta en situación de pobreza así como un 54.4% de la pobración urbana se ubica dentro de este renglón. La población en situación de indigencia (o extrema pobreza) es de 31.9 % a nivel nacional, lo que representa un tercio de la población nicaragüense; de la cual el segmento más afectado es el de la población rural con un 46.1% en este segmento comparado con “sólo” un 20.8% de la población urbana que está en indigencia.

Éstas son, sin lugar a dudas, cifras impactantes y sumamente dolorosas que no aparecerán nunca en las peroratas con las que el presidente Ortega entretiene cada 19 de julio a las multitudes reunidas en la plaza de la república, ni tampoco aparecerán jamás en los informes de los ministerios del poder ciudadano sandinista. Ésta es la Nicaragua real, este es el país en que viven los miles de humildes maestros del Ministerio de Educación, las enfermeras, empleadas domésticas y demás obreros que a diario recorren, en los buses maltrechos del transporte público o bien a pie, con mucho fastidio, desilusión y hastío las calles de las principales ciudades y municipios del país; mismas que están completamente tapizadas con propaganda oficialista que promueve la reelección de Ortega y anuncia la buena nueva de la continuación de la revolución mítica que desde hace mucho tiempo dejó de ser. ¡Vamos por más victorias! ¡Arriba los pobres del mundo! reza la campaña oficialista que promueve como candidato a un presidente aburguesado que viaja en avión privado y tiene a su servicio una carabana de camionetas Mercedes Benz. Un presidente que maneja un presupuesto de más de 186 millones de córdobas para su despacho, mismo que se destina para un uso confidencial.

Para complementar la terrible situación de pobreza tenemos los datos sobre la desigualdad en la distribución del ingreso. En este rubro Nicaragua presenta un balance igualmente negativo. Según el mismo informe de la Cepal, el 41.24 % de la riqueza que el país produce va a parar a manos del segmento de población más rico, mientras que solamente el 1.45 % de la riqueza que produce el país va a la población más pobre. Qué bien que con estos datos hay “revolución” en Nicaragua, según el discurso de Ortega.

Estancamiento económico, baja perspectiva de crecimiento en el empleo, disminución de la inversión extranjera, políticas públicas que debilitan la economía, el ascensor social descompuesto, la exigua clase media cada vez más castigada con impuestos; este es el recuento de Nicaragua. ¿Qué alternativas podemos considerar ante un desastre de esa magnitud? La única alternativa viable es la de operar un cambio radical en el sistema político y poner al mando de la economía a verdaderos técnicos no a marionetas políticas. Es imprescindible ponerle fin mediante las urnas al proyecto sandinista que ha venido a provocar en Nicaragua más pobreza y más atraso. Hay que replantear la economía sobre bases técnicas y sacar a todos los ineptos ministros políticos de los CPC que están dando al traste con la economía nacional.


*Especialista en Economía Gubernamental y Administración Financiera Pública.