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El argumento parece poco importante: un tipo que va de la casa al trabajo y, en el camino, provoca un sinnúmero de reacciones en la gente con la que se cruza. Estas reacciones no tienen nada que ver con la relación que el tipo tiene con ellos. A muchas de esas personas ni siquiera las conoce, pero su manera de andar, su atuendo, sus rasgos particulares, quizá su olor, les hace evocar sensaciones, recuerdos. Y es impresionante cómo el más mínimo gesto puede desencadenar tantas aventuras en los otros que sólo se viven por dentro hasta el grado de la emoción. El tipo que camina no tiene ni la más remota de idea del universo de ilusiones, sentimientos, memorias que levanta a su paso. Tampoco importa mucho. Son cosas que le ocurren a cualquiera sin enterarse de nada.

Hay un hombre que sin yo conocerlo, a mí me produjo algo parecido. Más bien uno de sus poemas, “Su Poema”, quizá uno de los más raros y originales de toda la poesía nicaragüense, que aún permite tantas lecturas como ojos y oídos estén dispuestos a él. Se titula Virgen Pájara María, y el autor, ya lo saben, el amigo de todos: José (Chepito) Cuadra Vega. Lo popularizó la voz de Norma Helena Gadea y sigue sonando bien.

Chepito es más conocido por los versos a su doña Julia, pero creo que su gran poema es éste. En él llama a la pureza de la justicia, de los ideales, de las creencias, para que entren donde no llegan los que desde otro lado predican con esas mismas palabras. Llama a llenarse de realidad, a acompañarnos a todos desde los lupanares, tanto a las que ofrecen como a los que compran; a las casas de los burgueses; a las estaciones de policía, a las fronteras. La pajarita de la letra de José puede ser la imagen de la virgen María como símbolo de la pureza, y puede ser todos los símbolos de la pureza que se nos ocurran.

Precisamente, ese llenarse de realidad, acompañar a los que se les quiere ofrecer una alternativa mejor a la que tienen, es lo que se echa más en falta de algunos liderazgos de la oposición en Nicaragua. La pájara María de Chepito se baja de las nubes, detiene el vuelo y vuelve a remontarse tras ser enfangada por todos nosotros.

Verán, yo leí el poema en una antología y luego volvía a leerlo en esa obra monumental y controvertida que preparó Julio Valle. La escuché cantada por Norma Helena, otra versión, casi todas las mañanas, cuando caminaba treinta minutos, que bajo el sol se hacían eternos, a la universidad. Era como una ducha de agua fría. El poema no deja de golpear y acariciar lo más lúgubre y triste, y lo más luminoso que nos toca presenciar. Tanto el poema como la canción empuja a darse de bruces con la realidad de la que tanto les gusta hablar a los políticos de turno y su corte de analistas, sociólogos, politólogos, comunicólogos, etc. De hecho, el poema invita no tanto a hablar. Desacraliza cualquier lectura religiosa que se haga del mismo y consigue de un vuelo ligero lo que muchas veces intentó sin llegar a lograrlo Ernesto Cardenal: que Dios bajara entre los versos más humanos, más de carne y hueso y se hiciera hombre y mujer sin más palabras.

Lógicamente no escribo a ciencia cierta; no pretendo explicarles por qué empecé a trabajar entonces con mujeres de la prostitución sin tener la mayoría de edad siquiera, sin saber apenas nada de la noche. No quiero que piensen que tengo algunas ideas salvíficas al respecto, y hasta me da un cierto pudor decirles que tal vez ese poema me motivó. ¿Acaso puede la palabra de un hombre cambiarte la vida casi por completo?
Con el tiempo, Chepito y yo nos hicimos amigos. Qué fácil es ser su amigo. Sabes que en cualquier momento del año que pases por la colonia Centroamérica, estará allí dispuesto a la risa, pero con el gesto triste, como el de “esos policías que florecen en las esquinas con un frío glacial en el estómago y una gran nostalgia en las pupilas”, reflejándose en el retrato de su admirado hermano Manolo Cuadra. Dos ancianos sentados en abuelitas acompañándose como en una sala de espera de una casa más bien pobre. La última vez hablamos los tres, Chepito, José Argüello y yo sobre San Juan de la Cruz. Chepito bromeaba hasta con los restos que quedaron de aquel otro poeta de pocos versos pero de los que bajaban a Dios hacia la tierra.

El otro día, José Argüello me remitió un mail del nieto de Chepito donde hablaba de su estado grave. Estaba en cuidados intensivos. Si él se muere a mí me va a faltar algo muy querido. Si él se muere, me faltará un amigo, que es lo más parecido a un pedacito de tu misma tierra. Pero me hubiera gustado que supiera lo importante que fueron para mí las pocas palabras de su poema. Se lo he repetido hasta el cansancio. Y estoy seguro que desde la semi-inconsciencia puede oírme de nuevo.

Antes de publicar este artículo, su nieto Xavier vuelve a contarme que Chepito se ha recuperado visiblemente. Otra vez se burló de la muerte. Y también estoy seguro que cuando escuche estas palabras se reirá y cambiará de tema, hará algún chiste, se quitará importancia y me la quitará a mí, y bajaremos los dos hacia la tierra, porque de eso se trata, ¿no Chepito?, de bajarse hacia la tierra para luego remontar el vuelo, como la virgen pájara.


franciscosancho@hotmail.com