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Desde las primeras comunidades humanas – nos dice Víctor Manuel Hernández Fierro- (la horda, el clan, la tribu), el hombre ha tenido necesidad de comunicarse para interactuar en su grupo social y así resolver los retos que desde siempre la sobrevivencia le ha planteado.

Fíjese en las palabras destacadas: horda, clan y tribu. ¿Cree usted que son voces de pura cepa española? Antes de que responda le vamos a especificar, de acuerdo con un diccionario etimológico, el origen o procedencia.

Horda nos viene del fr. horde, y este del mongol orda; y este a su vez del turco ordu, campamento militar). Significa: “Comunidad de salvajes nómadas”.

Clan procede del ingl. clan, este del gaélico clann, hijos, descendencia, y este del lat. planta, planta, brote). Significa: “Grupo predominantemente familiar unido por fuertes vínculos y con tendencia exclusivista”. (El gaélico es un dialecto de la lengua céltica que se habla en ciertas comarcas de Irlanda y Escocia).

Tribu tiene su origen etimológico en el lat. tribus. Significa: “Grupo social primitivo de un mismo origen, real o supuesto, cuyos miembros suelen tener en común usos y costumbres”.

¿Cómo explicamos estos orígenes diversos de voces en nuestro idioma?

Los préstamos lingüísticos
El español es una lengua románica, es decir, derivada del latín, razón por la cual muchas voces en nuestro idioma son de procedencia predominantemente del antiguo latín, el idioma nacional de los romanos, hablado en casi todo el vasto territorio del Imperio que tenía a Roma como capital. Por ello la mayoría de las palabras que forman el léxico castellano derivan de vocablos latinos, pero no pueden considerarse extranjerismos, sino raíces lexicales, ya que no son términos adoptados producto de una evolución larga y compleja, que llevó inicialmente a lo que hoy es nuestro idioma.

Lo mismo ocurrió con la antigua lengua griega, una de las fuentes que mayor cantidad de palabras aporta al latín, idioma a su vez que sirvió de vehículo para que nos llegaran al español. Por esa razón, tampoco pueden considerarse “extranjerismos” los grecismos de antiguo origen.

¿Cuáles son los latinismos y grecismos o helenismos considerados como préstamos lingüísticos en nuestro idioma? Los vocablos que modernamente se incorporan a nuestro léxico cuando ya el español estaba completamente formado como idioma. Es el caso de palabras correspondientes al campo de las ciencias y la tecnología relacionadas con las enfermedades y la medicina y en general los inventos más recientes.

No obstante, en el transcurso de su evolución y desarrollo, se ha ido enriqueciendo con palabras de otras lenguas con las cuales ha tenido por diversas razones relaciones sociales y culturales. Son los llamados préstamos lingüísticos, resultado de los contactos entre comunidades culturales y lingüísticas distintas que se han producido a lo largo de la historia y que constituyen, como afirma Dubois, “el fenómeno sociolingüístico más importante en todos los contactos de lenguas”.

Charles Bally afirma que el préstamo juega un papel significativo en la lengua y en la sociedad. Este gran discípulo de Saussure escribe: “No hay sistema lingüístico por más aislado y compacto que sea, que se libre completamente de las influencias que le vienen, ya sea de afuera, ya de los subgrupos, o de los individuos, porque las comunidades sociales más cerradas no viven del todo en el aislamiento y no son nunca completamente homogéneas”.

En efecto, cuando dos lenguas entran en contacto, es probable que en una de ellas o en ambas se produzcan modificaciones, ora en el plano del habla, ora en el de la lengua. El rasgo que se imita es el modelo de la lengua prestadora, y la lengua que adquiere el rasgo nuevo en el proceso es la prestataria. La palabra alberca, por ejemplo, es un préstamo del árabe (al-birka, el estanque), resultado de más de siete siglos de permanencia de los moros en la Península Ibérica. El árabe es la lengua prestadora y el español la lengua prestataria.

Cuando no existe contacto directo, el préstamo llega a través de una lengua que sirve de intermediaria. Por ejemplo, el vocablo brasier es un galicismo de pura cepa, pero anglicismo al fin porque vino a nosotros a través del inglés. Y lo mismo podemos decir de las palabras geiser, robot y piyama: la primera nos vino del inglés (geyser), el cual a su vez la tomó del islandés (geysir). El término robot es palabra checa (robota), pero se incorporó al español con la grafía inglesa (robot), idioma intermediario. Piyama es de origen indostano (paejama), de donde la tomó el inglés (pyjamas) y del cual pasó finalmente al español.

Arabismos, germanismos e italianismos

De las voces extranjeras que han enriquecido nuestro idioma figuran los arabismos. En el año 711 (siglo VIII), los árabes iniciaron la conquista de la Península Ibérica. Su avance fue vertiginoso. Permanecieron más de setecientos años, hasta que fueron expulsados en 1492. Ramón Menéndez Pidal afirma que durante la época de esplendor del califato, los moros eran superiores a los cristianos no sólo en la guerra sino en la cultura general. Esto explica la presencia de muchas palabras de origen árabe en nuestro idioma, como la palabra quiosco (del árabe kusk). Así aparecen en nuestro idioma arabismos como albacea, almacén, alfarero, albañil, alcoba, alcantarilla, algodón, alhelí, azucena, aduana, tarifa, quintal, arrabal, barrio, almohada, azufre. álgebra, cifras, alquimia, alcohol, alcaldes, alguaciles, alfombras, almohadas, alhajas, zaguanes, acequias, zanjas, berenjenas, zanahorias, sandías y muchas más. Se dice que el español posee hoy unos cuatro mil arabismos, es decir, un 17% de nuestro léxico.

Por su parte los germanos, procedentes de Europa Central, invadieron la Península Ibérica en el siglo V. Para combatir a estas tribus invasoras (suevos, vándalos, alanos, etc.), los romanos se aliaron con otro pueblo germánico, el de los visigodos, que acabaron imponiendo su poder militar. Sin embargo, como su número era escaso, adoptaron la lengua de los vencidos, el latín, en donde introdujeron algunas palabras germánicas o germanismos, referidas principalmente al campo bélico. De las trescientas voces germanas comunes a las lenguas romances, mencionamos: espuela, guerra, ganar, jabón, arpa, aspa, galardón, ropa, sala. Hay que incluir también los germanismos modernos o préstamos del alemán en tiempos más recientes como búnker y kinder.

La presencia de los italianismos, se debe especialmente a causa del desarrollo renacentista y de la dominación española en Italia. Señalamos los siguientes: fachada, carroza, medalla, soneto, piano, escopeta, centinela, alerta, parapeto, caricatura, mandolina, libreto, novela, cúpula, batuta, cortejar, piloto, escaramuza, pedante, festejar, facha, dueto, dúo, fragata, esdrújulo, mafia, lasaña, espagueti, estropear, balcón, capricho.


La lengua moderna es un producto de la convivencia de las naciones. En verdad, el intercambio lingüístico y en general la integración de países y culturas es, amén de inevitable, necesario para facilitar la comunicación entre las comunidades que hablan idiomas distintos.


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