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He leído en EL NUEVO DIARIO el artículo “A propósito de lavado de dinero”, escrito por Johanni Miranda, interesante por la cualidad de estudiante del firmante, que nos confía un futuro de profesionales interesados en los aspectos más relevantes de nuestra realidad jurídica. Sin embargo, hay afirmaciones que no comparto, y refuto así:

La película “Los Intocables” no se acerca, ni a leguas, a la habilidad y destreza con que los verdaderos agentes del orden USA desarticularon a la mafia, en particular la italiana, destruyendo el odioso pedestal desde el cual erigía su dominio impune de crimen y terror. No fue Al Capone el prototipo del gángster inteligente y capaz. Lejos de eso, hombres como Carlos Marcelo, Gaetano Tommy Luquese, Sam Giancana o Sam Gambino, fueron los que llevaron la conspiración de su “Cosa Nosstra” al nivel de la más científica calidad de Crimen Organizado.

Nuestra legislación tipifica con el último Código Penal, de forma autónoma, el mal llamado Lavado de Dinero, pero, como reflejo de la incapacidad de nuestros diputados, el conjunto de normas que lo prohíben no están contenidas al nivel deseado. La tipificación debe categorizar mejor los comportamientos que la actividad requiere, se debe sancionar distinto al dueño de una entidad financiera que legitima capital ilegal que al mulero que traslada el dinero de forma física.

El citar la sentencia de la hoy magistrada CSJ Dra. Juana Méndez, es citar una sentencia escrita bajo la más desacertada cultura jurídica, pues no es lo que dice la sentencia lo que determina si un delito está correctamente tipificado o no, sino la norma específica que lo contiene de previo al comportamiento que se imputa.

Tampoco es cierto que el proceso de legitimación del capital ilícito se realice por agentes ajenos a los actos generadores de ese capital, lo que he comprobado en la práctica con los diferentes reos que he defendido, pues si existe un bien que el jefe de la organización criminal proteja, ése es el dinero, del cual jamás se desligan él y su equipo de mayor confianza. El traslado de armas, víctimas de objetivo sexual, droga, órganos humanos, o lo que sea, se puede confiar en personas que no son de absoluta confianza, porque siempre habrá un jefe intermedio que responda por la llegada a su destino con buen suceso de esta mercancía, pues quien la “Tumbe” no podrá comerciarla con éxito, y su localización no será un problema, debido a lo complicado de comerciarla sin ser detectado por el dueño. Para poner un ejemplo, cada kilo de cocaína trae el sello distintivo del cartel que lo origina, y si alguien lo tumba existe un código de honor entre carteles de no comprar mercancía tumbada, y proporcionar de inmediato la identidad de quien se las ofrezca. Con el dinero es distinto, porque quien lo traslada o maneja a fin de legalizarlo bien se puede perder con él sin que jamás se le encuentre, pues el dinero no viene marcado, y es de fácil intercambio. Quienes se encargan del manejo de ese dinero son de la más absoluta confianza del jefe del crimen organizado que controla todo el operativo, y a la vez controla a la familia de sus subordinados.

Que la estructura superior del Crimen Organizado utilice ciertos sujetos para la legitimación de su capital sin vínculos a la actividad de la mercancía, es una cosa, pero que la separen de forma total de su estructura, no es verdad. Los jefes siempre están pendientes de los dos aspectos; del control y traslado de la mercancía ilícita (Cocaína, armas, órganos humanos, etc.), y del control del proceso de legitimación del capital obtenido. Lo único que cambia es la confiabilidad de los sujetos en cuyas manos se deposita uno u otro aspecto de la actividad.

Con esta aclaración, todo mi respeto para Johanni Miranda, a quien le aconsejo continúe escribiendo, que EL NUEVO DIARIO no cierra las puertas a la opinión y al debate, y que son los estudiantes de hoy los que han de sustituir, para mejoría nuestra, a los diputados que componen hoy la Asamblea Nacional.


*Abogado penalista.

panfiloorozco@gmail.com