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En este momento, la idea más ensayada por todas las personalidades de la política del país, gira en relación a la reelección de Daniel Ortega. Algunos diputados afirman su nulidad por violentar el orden constitucional, sin el mayor esfuerzo por evitarlo. Lo mismo apuntan personas del mundo intelectual, profesional, catedráticos amantes y estudiosos del sistema jurídico que se oponen a la reelección, de acuerdo a esta semblanza, se trata de defender, en último caso, los conflictos que han llegado a un punto que no se puede convivir con el régimen imperante pues tratan de someter los intereses de la Constitución y sus Instituciones, a la creación del nuevo “Estado familiar”, valga decir, el fin del Estado de Derecho, el aplastamiento de la democracia, los efectos en el atraso económico y social y el regreso al pasado.

Anoto esta introducción porque se ha formado una estrategia en relación a un movimiento antirreeleccionista, sin conocer a fondo el contenido de ella. A mi juicio, no es la reelección, en sí misma, sino el conjunto de fenómenos constitucionales que han sido anulados por el imperio Ejecutivo, afectando seriamente todos los poderes del Estado y desde luego la República y la sociedad. Públicamente viola descaradamente la Constitución, anula la democracia y con ella el Estado de Derecho, suprime un Poder del Estado: el Parlamento, lo debilitan al borrar de la Constitución el artículo 147 donde tiene lugar la no reelección y da inicio a la crisis estatal, dando nacimiento al Poder Judicial sustituyendo al Poder Legislativo, como fuerza política y social influyente en el sistema.

A principio de este año anuncia la familia gobernante, el decreto presidencial 3-0210 en el que se prorroga en sus cargos a los actuales funcionarios del poder Judicial una vez terminadas sus funciones. Esto se comprende por la complicidad del gran fraude hecho a la población votante en noviembre de 2008. Por su lado, el Poder Judicial conspira como si fuera parte del aparato de la Seguridad del Estado bajo la dirección directa del presidente Ortega. Y no puede ser ajeno el Consejo Supremo Electoral que confiesa ser el padre y portador del fraude electoral.

Es lamentable que se presten los dirigentes de estos poderes del Estado en el campo constitucional a profundizar la corrupción, la inmoralidad del sistema existente violando todas las reglas y normas del juego democrático participando abierta y descaradamente en este ágape todo el Estado.

Ahora bien, pareciera que Daniel Ortega está en capacidad de formular su propia historia, aún amparándote en el sandinismo, no se da cuenta de que no lo puede hacer a su manera ni a su antojo, defendiendo sus propios intereses, pues el pasado ejerce tamaña influencia que no tiene el sentido de transformar las circunstancias y realiza juicios históricos creyendo terminar con la tradición dictatorial, por tal razón cree que la crisis del Estado es el inicio de la segunda revolución. No, no es así; el derrocamiento del somocismo no es el fin de la historia de la dictadura, compañeros sandinistas honrados, no borra inmediatamente el pasado, lo resucitan inconsciente o conscientemente, aun los que lo derrocaron. Esa fue la lógica que no se entendió y la desgracia de la revolución del 19 de julio de 1979.

La generación de 1979, que si bien participó en el derrocamiento de la dictadura somocista, en su historia, en nuestro quehacer revolucionario fue presionada por el pensamiento de la ideología socialista o marxista cuando se creía que los cambios de la realidad eran de alianzas del campo socialistas, consignas, de lenguaje de otros tiempos y creen que representan hoy la nueva historia del sandinismo. No Daniel, así no es la historia; al contrario la repites.

El sistema corrupto que ha engendrado la historia a lo largo de los años, desde la independencia hasta nuestros días, son atributos, como siempre: la economía, la política, lo social y lo moral, sin mencionar la fuerza militar, viene de la corrupción directa de los sistemas pasados que aún no concluyen.

Haciendo mención sobre el día 26 de mayo donde el presidente Ortega sostuvo una reunión con el Cosep en el auditorio del Incae, expuso, entre otra cosas, el fin de la Asamblea Nacional y un Consejo de Estado o sea la reedición de los primeros años del triunfo de la revolución en 1980, claro, si el Cosep le da el respaldo, anotó. No es una broma del presidente Ortega, señores de la iniciativa privada, es un criterio que viene formulando desde años atrás, él cree en la ideología reeleccionista. Ahora bien, el sector privado no buscan oposición, sino seguridad de sus intereses, ellos tratan de separar lo económico, comercial, bancario y financiero, en los tiempos de la globalización, de los intereses políticos; es equivocado.

Por su parte, el ex magistrado Rafael Solís, que desempeña el papel de vocero de la oligarquía orteguista, expresó en una entrevista al semanario Confidencial que la “oposición no entienden que tenemos el poder”. Sin embargo, el poder, señor ex magistrado Solís, no crea que lo resuelve todo. No, no es cierto. Estudien cómo han caído sistemas económicos fuertes. El poder no lo resuelve todo.

Por otro lado, reanudar la unidad entre las fuerzas políticas antirreeleccionistas, no es fácil, porque hay un sector que forma parte del pacto y la corrupción, sin embargo, a través de la unidad anti-reeleccionista, si es de verdad, tendrán que convertirla en una fuerza independiente, que rompa con el pasado corrupto, capaz de garantizar elecciones limpias, honestas y si es posible preparar el cambio en el terreno económico para discutir el programa con el cual se triunfó el 19 de julio de 1979, es decir la alianza antisomocista que fue abandonado en los primeros años del triunfo de la revolución, pues al quedar inconcluso, se haría un esfuerzo en lo que se le pueda rescatar, si no es así entonces se trataría de redactar un nuevo programa en donde se le imprima la reconquista de la Constitución que ha sido pisoteada.

Ahora bien, regresando a cada magistrado o diputado estos no representan a nadie, aunque hayan sido electos, politizan los poderes del Estado a sus intereses de cualquier sector, he ahí esa falsa representación. Los niveles insospechados como la ética, principio elemental de un gobierno, en el país ha sido sustituida por la compra de votos en la Asamblea Nacional y fuera de ella, me pregunto quién de los diputados, antes y después, no ha logrado hacer uso de su escaño para obtener riquezas malhabidas, sólo unos pocos no han sucumbido. Ese es el sistema, como consecución de la dictadura, apoyándose en las instituciones del poder, por su historia y experiencia así lo enseñan; estas están podridas.