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Quiero exponer aquí algunas tesis polémicas sobre Rubén Darío, a la que he llegado tras muchos años de investigación y estudio. Estoy de acuerdo en que son muy controversiales, y pueden generar gran rechazo, pero las sostengo a pesar de ello porque creo que son ciertas.

Aclaro que soy gran admirador del panida y me propósito no es menoscabar su merecido renombre.

1) Darío tiene algo de cursi.


“Y se fue la niña bella
bajo el cielo y sobre el mar
a cortar la blanca estrella
que la hacía suspirar”


Ésa es una estrofa cursi, a mi modo de ver. Muchos la recitan, o recitaban, en los colegios, levantando mucho las manos. Pero eso, según creo, ha pasado bastante de moda. Esas temáticas escapistas han sido desplazadas por otras más terrenales y apremiantes.

José Asunción Silva satirizó cruelmente la poesía de Darío. Pero su crítica --mal que nos pese-- era acertada. En parte el tiempo lo ha hecho a Darío más cursi y en parte había en él una veta que tendía al preciosismo y a lo cursi ya en su propia época. También lo satirizaron otros poetas nicaragüenses cuando él vino al país en 1907. Esas burlas hay que agradecerlas, pues le evitaron a Darío de alguna manera seguir cayendo en eso.

2) La Dariolatría es un disparate. José Jirón la practicaba, y aún hay otros que siguen practicándola en Nicaragua. Jirón hizo mucho por documentar la vida y la obra de Darío, y su labor es encomiable, pero en su dariolatría estaba equivocado. El declaró que aspiraba a “taparle las debilidades” a Darío. Craso error. Es tiempo de acabar con eso. Hay que mostrar al hombre en su claroscuro de luces y sombras. Toda idolatría es mala, pero además, en este caso, nos conduce a engaño, y lo principal es conocer la verdad. Darío es admirable, por múltiples razones. Pero hay que desmitificarlo, sin que eso signifique en ningún momento desprestigiarlo ni desacreditarlo.

3) Darío era un provinciano cosmopolita. Esto significa que su ética era conservadora y su estética revolucionaria. Ese es una de sus contradicciones más sobresalientes y acaso la más fructífera y la más definitoria.

4) Se debe dividir el aporte de Darío en dos aspectos: su propia obra y su influencia en otros escritores. Su propia obra está en gran parte caduca, pero su influencia sigue vigente, ya que hizo grandes innovaciones en la poesía y la lengua literaria del español.

Seamos sinceros, y reconozcamos por una vez que muchas producciones de Darío nos resultan pesadas y aburridas. Sin embargo, algunas producciones obsoletas de Darío pueden reciclarse, y de hecho eso ya se ha hecho a través de la óptica post-modernista. De su obra en verso y en prosa se salvan algunos fragmentos antológicos, que brillan como diamantes pulidos.

5) Darío era un gran poeta musical y en lo auditivo no ha sido superado, como dice Borges. ¡Lástima que la poesía rimada haya pasado de moda, y hoy la forma se valore menos que el contenido! De hecho, la poesía rimada se ha refugiado en el género bufo. Pero las modas cambian y la musicalidad de Darío puede volverse a cotizar acaso algún día en el mercado literario. Sonatina es un prodigio de musicalidad, de expresividad y de plasticidad. Pero su tema es irremediablemente trillado y banal. Reconocer esa dicotomía: forma admirable, con fondo insustancial, le resulta difícil a muchos de sus admiradores en Nicaragua. Pero hay que evaluar el hecho con objetividad y sin sentimentalismo.

6) Los mejores poemas de Darío NO SON los más populares ni los más declamables. Sonatina, como se dijo, brilla sobre todo por la forma, pero no por el contenido. La marcha triunfal también tiene gran sonoridad, pero se presta a ser interpretada como una apología del belicismo, lo cual hoy en día es anatema. Los motivos del lobo es un largo poema de corte narrativo y fabulesco, pero su impacto presupone en el lector un espíritu devoto y la acepción de lo inverosímil. Lo fatal, que es un poema introspectivo y reflexivo, es meritorio, pero no tiene gran profundidad filosófica, como se dice. Es una constatación de una verdad muy evidente, como es la fugacidad de nuestra vida. Es una especie de memento mori, que ya cultivaban los latinos en los tiempos de Horacio. Los mejores poemas de Darío son otros, menos accesibles, en términos generales, a las masas.

7) Darío, en algún momento (alrededor del año 1900) dejó de auto-renovarse, y prefirió convertirse –como realmente lo hizo—en una institución, y consolidar el modernismo. Por eso ignoró la estética de Oscar Wilde y otras renovaciones que se estaban dando a su alrededor, las cuales, en caso de adoptarse, habrían destruido la base de sustentación de su movimiento. Ese hecho, lamentablemente, contribuyó a acelerar el proceso de obsolescencia de su obra.

8) Filosóficamente, Darío era ingenuo, e incluso pueril. Llama canallas a quienes muestran el lado angustioso y abismal de nuestra existencia, y elogia a los que predican una fe ortodoxa y optimista. Hoy en día ese criterio dariano está completamente desfasado. La literatura se ha volcado cada vez más hacia el lado oscuro de la realidad y de nuestra conciencia.

9) Al principio de su vida, Darío, por necesidad económica, cayó en adulación, o incluso servilismo, hacia los poderosos. Posteriormente cayó en otras debilidades, como vedettismo, dandismo y esnobismo. También tuvo veleidades racistas, las cuales se explican a través de su esnobismo. Él se dejaba deslumbrar por el lujo, lo cual hoy en día no se considera admisible en un poeta, del cual se espera que, por principio, se muestre rebelde ante el orden social imperante. Al menos en un aspecto, su personalidad era patológica, ya que, aún siendo adulto, le tenía miedo a los espantos y creía –según admisión propia—en cuentos de viejas.

10) El papel de Darío en la literatura no se puede entender si no se le concibe con un aventajado y perceptivo Cultural broker, que hizo importaciones estéticas desde las metrópolis europeas y norteamericana hacia una zona periférica rezagada, que era el mundo hispanoamericano. Él fue un Cultural broker en muchos aspectos ejemplar, y esa es una de las razones por las cuales amerita estudiarse. Darío lo que hizo ante todo fue saquear y canibalizar a sus modelos, pero supo hacerlo de una manera brillante y original, a través del reciclaje y la resemantización.

11) Gómez Carrillo tiene razón --aunque empleó acaso un tono muy corrosivo --cuando dice que Darío se diluía demasiado con su periodismo. Es cierto que Darío abordaba temas políticos, sociológicos, demográficos, históricos, etc., en los cuales no era un experto. Como dirían mis amigos estadounidenses, he spread himself too thin. Lo hace con su habitual escrupulosidad y competencia, pero no son esos textos admirables, ni mucho menos perdurables. Son, acaso, tan prescindibles como los poemas de ocasión que escribía improvisadamente en los álbumes de sus admiradoras.

12) El periodismo es por definición un género efímero, y por tanto casi toda la producción periodística de Darío está obsoleta. Su principal valor, sin embargo, radica en servirnos para conocer la personalidad y las ideas de su autor, o sea del propio Darío. La obra periodística de Darío sólo se deja leer hoy en día en antologías cuidadosamente dosificadas, para no resultar agobiante.

13) Los raros, aunque se lee en los colegios de Secundaria, es en realidad hoy en día una pieza arqueológica. Muchos de los autores ahí reseñados están devaluados, o incluso olvidados. Esa obra forma parte del periodismo de Darío, del que hablábamos antes. Tiene el mérito de reflejar la visión de un poeta tercermundista, en un momento dado del siglo antepasado, sobre lo que estaba ocurriendo en las metrópolis de la cultura occidental.

14) Darío, en sus Nocturnos, y otros poemas, fue el primero en recurrir a la dramatización del yo, como un recurso literario (“Soy como un ciego, voy sin rumbo y ando a tientas”). Fue el primero, al menos, en el contexto de la literatura en español. El supuesto desgarramiento entre carne y espíritu, del que tanto se habla, es pura tontería. Todos nosotros estamos de hecho inmersos irremediablemente en ese dilema. Darío justificaba su alcoholismo aludiendo a su atormentado destino, pero eso no significa nada, ya que todos los bebedores encuentran una justificación para su vicio. El rasgo principal que lo define es la paradoja. Esta define y caracteriza tanto su obra como su personalidad. Darío vivía a caballo entre dos mundos y dos ideologías, dentro de una dualidad paradójica pero creativa. Lo pagano y lo religioso, lo propio y lo foráneo, la bohemia y la disciplina laboral, etc. Sus contradicciones son lo más interesante de su personalidad, y las que más nos la revelan. Hay que ir más lejos que constatarlas. Hay que investigar su trasfondo y buscarles una explicación. Hay que ir –eso no lo comprendió Jirón—más allá del juicio ético y valorarlo desde una perspectiva que esté-- como quería Nietzsche – “más allá del bien y del mal”.

15) Contrario a lo que dice Edelberto Torres, la vida de Rubén Darío no fue dramática, sino patética y peripatética.