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El pequeño patio inusualmente desbordado de plantas y árboles parecía una selva enjaulada cuyo fuerte aroma húmedo y caliente se metía a la salita donde el veterano editor de diarios impresos me abofeteó con la siguiente frase: ¿Y qué jodidos le enseñan ustedes a sus alumnos ahí en la UCA, que cuando vienen al periódico se comportan como unos pendejos”.

Sé que varios colegas, todos periodistas experimentados, que conocen el oficio, facilitadores de clases en Comunicación Social, preparan con dedicación y entusiasmo a los estudiantes en el dominio de los géneros periodísticos (la nota informativa, la entrevista, la crónica y el reportaje), lo cual debería permitirles a los nuevos profesionales iniciar con cierta calificación, el honroso y privilegiado desempeño del periodismo. También sé que frecuentemente les hablan de ética. Yo también lo hago.

Pero el impacto de la realidad es dramático, poderoso, y a veces excesivo, y algunos recién egresados o titulados de Comunicación Social, sucumben ante el facilismo, las urgentes necesidades de realización profesional y social, y a veces se doblegan por los ingentes compromisos con sus familias quizás prematuras.

Son tantos los egresados de comunicación social, periodismo, filología y carreras afines, cada año en la UCA, la UNAN, la UCC, UAM, Univalle y otras, y son tan pocos los puestos de trabajo en las cada vez más reducidas salas de redacción de los diarios, estaciones de televisión y de radio, revistas, etc., que la competencia se vuelve durísima, y para obtener un puesto, y, sobre todo, para comenzar una carrera, se van sacrificando algunos aspectos éticos del ejercicio profesional, con la complicidad de editores irresponsables y aprovechados.

Yo apremio a mis alumnos a comportarse como profesionales, a asumir una ética a toda prueba, a parársele con firmeza, pero también con educación, habilidad y prudencia, a los editores y jefes de información que les exijan una noticia aunque no esté la otra parte, aunque no tenga suficientes fuentes, aunque no lleve varios puntos de vista. Aliento a los estudiantes a que les digan con claridad a sus jefes que ellos también pasaron por la universidad y que, por tanto, deben saber que jamás se debe publicar algo que no ha sido comprobado.

Ayudaría a resolver problemas con los nuevos periodistas, y también con los veteranos, si los diarios tuvieran claras reglas del juego discutidas a fondo entre todos, y consignadas por escrito, donde se establezca que no se puede publicar sin comprobar, que para una noticia se requiere al menos tres o cuatro fuentes y ocho o diez para un reportaje, que aunque haya varias fuentes también hay que garantizar que aparezca “la otra parte”, es decir, la persona o institución aludida o acusada. Adicionalmente, las noticias deben llevar al menos dos puntos de vista o enfoques sobre un mismo asunto, que no es lo mismo que dos fuentes que hablen en el mismo sentido. Estas y otras reglas serían el marco conceptual dentro del cual deben proceder funcionarios y reporteros y redactores de una sala de redacción, nada quedaría a discreción de los editores ni de los periodistas, cada quién sabría lo que tendría que hacer y a qué atenerse al transgredir las normas.

No creo que la extremista afirmación del veterano editor sea totalmente cierta, porque las salas de redacción de los medios de comunicación se renuevan cada cierto tiempo con egresados de las universidades, y principalmente de Comunicación Social de la UCA, y poco a poco van alcanzando la madurez profesional y escalando hasta convertirse incluso en “estrellas”, tal como lo hemos visto cada tantos años, en radio, televisión y prensa.

Me parece que parte del problema es que el medio ejerce una presión enorme sobre los nuevos periodistas, debido a las pocas oportunidades que objetivamente se abren cada año respecto de casi una multitud ansiosa de egresados. Y el fuero interno de ellos también los estruja porque quieren verse realizados cuanto antes en su profesión. No son pocos los que una vez graduados y titulados, no consiguen colarse, y terminan trabajando en cualquier otra cosa, por ejemplo, un puesto de comerciante en el Mercado Oriental.

No dudo que haya egresados como los que me describió el Editor, que llegan al periódico sin falta de iniciativa, sin criterio propio para poner las cartas sobre la mesa cuando la situación lo requiere, sin espíritu de lucha, atemorizados como mansos cabritos que han oteado el olor de una manada de lobos que se acerca inminente e inmisericorde. No obstante, la descripción de esos egresados de Comunicación Social, no coincide con el tipo de profesional al servicio de la sociedad que pretendemos ayudar a formar en la UCA, no tiene nada que ver con el estudiante de último año que también ya desarrolló una experiencia práctica en los diferentes géneros periodísticos, después de apropiarse de las herramientas teóricas generales.

Otra explicación a la existencia de estos pocos egresados que dan vergüenza en las redacciones de los diarios, es la falta de capacidad de interpretación, lo cual no se aprende apropiándose de la teoría y de las técnicas de la escritura, sino leyendo. Quienes no leen, no se pertrechan de conocimientos en todas las áreas de la vida, que son los que gobernarán sus posibilidades de escrutar la realidad y llegar a la naturaleza de los hechos, para transmitirlos adecuadamente a las audiencias.

Se sabe que por los graves problemas estructurales de la educación, la mayoría de los estudiantes llegan a las universidades sin haber leído ni cinco libros, a veces ni uno, lo que significa que hay un gran vacío en su cerebro, que es el filtro por donde pasan los hechos y acontecimientos noticiosos y adquieren un significado a la luz de la experiencia, de todo lo que han vivido, de todas las películas vistas, los paquines, poemas, cuentos y novelas leídas, de los aromas de las comidas percibidos, de las sensaciones de sus viajes en bus y en taxi, de los recuerdos de sus diálogos con tantas personas, de su vida familiar, de sus amores y desgracias.

Por eso es tan nefasto el llamado “copiar y pegar” que impide que los estudiantes lean comprensivamente, se apropien de los contenidos y sean capaces de fragmentarlos, de jerarquizarlos, de resumirlos y de opinar sobre ellos, en un proceso que pone en acción múltiples funciones cerebrales y que va ensanchando el conocimiento. Además, la falta de lectura incide en las deficiencias de escritura. No leer dificulta a los egresados de Comunicación Social y de cualquiera otra carrera, tener criterios sólidos sobre su entorno, desde los aspectos domésticos y familiares, sus empleos y relaciones profesionales, hasta la realidad nacional y mundial. La falta de criterio le impedirá al egresado situarse correctamente ante los hechos para poder aproximarse lo más posible a ellos, que es la base de la “objetividad periodística”, y, por tanto, tendrá problemas a la hora de verse las caras con su editor.

Por otro lado, estoy muy seguro que cuando un periodista “novato” exige sus derechos y se niega a hacer mal las cosas, de inmediato empieza a ganarse el respeto de sus jefes. Es lo que deben hacer todos, a riesgo incluso de perder el empleo, pero que jamás los miren como “pendejos”, como me dijo el veterano editor.


*Editor de la Revista Medios y Mensajes
gocd56@hotmail.com