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Fue un acto original, totalmente nuevo. Un grupo de unos 35 mayangnas representantes de sus respectivas comunidades presiden la mesa de honor, se acerca el Cacique Mayor, se pone en la frente una especie de lazo con pequeños adornos para iniciar bajo su autoridad la oración al Creador con el que se sienten en permanente comunicación a través de la Madre Tierra. Al Señor todas las lenguas le suenan conocidas, es el lenguaje de nuestra íntima relación con Él. La lengua mayangna a muchos nos resulta ajena pero su acento coincide con algo en el interior de todos donde habita en silencio el misterio. Así se inicia la presentación de la obra que exterioriza todos los elementos que identifican al pueblo mayangna con el título “Conocimientos del Pueblo Mayangna sobre la Convivencia del Hombre y la Naturaleza: Peces y Tortugas”.

Tuve ocasión de hojearla detenidamente en su versión española y admirarla con la vista y el alma en su versión mayangna. Algo fuera de serie, algo original, una maravilla.

Según el programa, me correspondió compartir unas palabras queriendo interpretar el significado excepcional que acompaña esta obra. He aquí el curso de las mismas:
Es admirable encontrar en la publicación de un libro o título en dos tomos y lenguas, una extraordinaria síntesis de la vida, historia, cultura, autoafirmación, organización, identidad y espíritu de un pueblo unido íntima e inseparablemente a la naturaleza, a la madre tierra.

Ríos, peces, tortugas, plantas, en último término vida que se expresa en formas distintas pero formando una inseparable y permanente unidad, cuyo elemento clave es el ser humano en su versión de un pueblo indígena que da continuidad a su origen y a su unidad con la naturaleza. Ahí encuentro yo la riqueza excepcional de esta publicación producto de dos factores importantes, el Volkgeist (espíritu del pueblo) según Savigny y la Academia, la ciencia en varias ramas de su quehacer científico.

El pueblo mayangna abrió su espíritu largo y profundo a la investigación y a la ciencia para que se unieran en una sola génesis. La ciencia del espíritu del pueblo y la ciencia de las varias disciplinas necesarias para formar esa génesis. Una obra en la que una académica y científica reconocida, con apoyo del Programa Sistemas de Conocimientos Locales e Indígenas (LINKS) de la Unesco pone a disposición sus conocimientos, técnicas y medios de investigación para que el espíritu mayangna encontrara su propio espacio y la salida a su gran capacidad creativa.

El libro “Conocimientos del Pueblo Mayangna sobre la Convivencia del Hombre y la Naturaleza: Peces y Tortugas”, es todo él mayangna, así lo reconoce su coautora la Doctora Paule M. Gros porque fue todo él compartido con un grupo de mayangnas verdaderos científicos formados en la observación, experimentación e inserción en la naturaleza y su generosa sabiduría, siendo Nacilio Miguel Frithz su coautor más cercano.

En esta obra novedosa, original, humana y científica encuentro muchísimas lecciones.

Una de ellas para políticos, académicos, científicos, educadores, organismos de las Naciones Unidas, etc.: Las obras humanas, las soluciones a los grandes desafíos humanos, en este caso, los relacionados al cambio climático y a la protección de la Reserva de Biosfera de Bosawas, en gran parte espacio habitado por Mayagnas, siempre necesitan del aliento, del espíritu del pueblo, de su vida, historia, cultura, identificación con la naturaleza. El cambio climático y la defensa de una Reserva de la Biosfera son además de un problema científico, un problema ético, una realidad cultural viva porque en su fondo radica el ser humano al que es necesario escuchar, sobre todo, cuando su vida y la de la madre tierra caminan siempre a la par. Es el caso de la obra que hoy se presenta.

Mi deseo como educador y vinculado durante tantos años a la Unesco es que esta extraordinaria obra se convierta en un texto de nuestro sistema educativo, inserto de manera muy particular en la educación bilingüe e intercultural de los pueblos de nuestro caribe porque es una obra, un incunable en cuya sabiduría todos podemos aprender a aprender a vivir juntos con la naturaleza y a transmitir ese aprendizaje a las generaciones venideras que seguirán dando vida al pueblo Mayangna.