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A mi querido amigo de tantos años, Dr. Luis Carrión Montoya, caballista y polista de pura sangre.

En el mes de agosto, celebran sus Fiestas Patronales los managuas, los granadinos y los chontaleños con sus corridas de toros y los ya tradicionales desfiles hípicos a los que concurren decenas de miles de espectadores para admirar caballos y jinetes. En Managua, el recorrido aproximado es de cinco kilómetros y el desfile se celebra el 1º y 10 de agosto que coinciden con la traída y dejada de Santo Domingo, Patrono de los managuas. ¿Por qué despiertan tanta admiración estos desfiles hípicos?

Es que el caballo y el hombre han sido a través del tiempo, inseparables hermanos. Decía Mahoma “el Diablo no osará entrar en la tienda donde more un caballo.” Mahoma montaba en camellos, pero el gobernador de Egipto le envió de regalo dos mujeres coptas famosas por su belleza y un caballo árabe, veloz como el viento llamado Lazslo, en ese caballo hizo su primer peregrinaje a la Meca, solo él lo montaba y lo quiso tanto que llegó a escribir en El Corán: “Cuanto mejor alimentes a tu caballo, más de tus pecados te serán perdonados.” Siento yo que el hombre ha estado unido al caballo como la uña a la carne. Se preguntaba Rubén Darío qué hubiera sido de Don Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador sin su caballo Babieca, y qué del Quijote sin el Rocinante. Qué no saben que el Canto del mío Cid, el poema épico mas famoso y celebrado de nuestra lengua junto al Quijote de la Mancha son los pilares en que se basa toda nuestra literatura. Oigamos a nuestro Rubén cuando dice:

“Potro sin freno, se lanzó mi instinto
mi juventud monto potro sin freno
iba embriagada y con puñal al cinto
si no cayó fue porque Dios es bueno”

Federico García Lorca, el celebrado poeta y dramaturgo, grande entre los grandes, asesinado por las fuerzas franquistas en 1936, también debió ser gran conocedor de los caballos, cuando en La Casada Infiel, dice: “Aquella noche corrí el mejor de los caminos, montado en potra de nácar sin bridas y sin estribos.”

Pero volviendo a nuestro poeta, me pregunto yo, dónde aprendió tanto de caballos para poder hacer la mejor descripción del caballo ideal que todo caballista quisiera tener y así dice:

“Potro de negro color
nariz ancha, fino cabo
crespa crin, tendido rabo
fino cuello, ojo avizor.

Enjaezado con primor
de Ali el corcel de combate
nunca el cansancio lo abate
y casi no oprime el callo
cuando se siente el caballo
herido del acicate”

En otro de sus poemas nos dice:

“Calla, calla princesa, dice el hada madrina,
en caballo con alas hacia acá se encamina
el feliz caballero que te adora sin verte
y que llega de lejos vencedor de la muerte
a encenderte los labios con un beso de amor.

Este feliz caballero iba montado en Pegaso, el caballo de Zeus, amo y señor del cielo y de la Tierra, nacido de la sangre que brotaba del cuello de la medusa cuando Perseo le cerceno la cabeza para liberar a Andrómeda, su prometida. Este caballo antes de montarlo Zeus, pasto por durante tres años en las praderas del Olimpo, situado entre Tesalia y Macedonia. De Tesalia era precisamente Bucéfalo, el caballo que Filipo II, Rey de Macedonia compro para su hijo Alejandro Magno, cuenta la leyenda que un mercader llego a venderle el mencionado caballo y el rey llamo a sus jinetes para que lo probaran, mas nadie pudo montarlo, entonces Alejandro, que era un adolescente se ofreció a montarlo y para hacerlo puso al caballo contra el sol y es que el joven había notado que el caballo tenia tantos nervios que se asustaba de su propia sombra, lo monto, lo troto, lo corrió y lo hizo con tanta maestría, que al desmontar, su padre admirado lo abrazo, al tiempo que le decía: hijo mío tendrás que buscar un imperio para ti. Años después, montado en ese caballo, conquistaría y construiría un imperio que sobrepasaría los 20 millones de kilómetros cuadrados.

Claudio, Tiberio, Nerón y Calígula fueron los cuatro emperadores más locos y crueles de la historia. De Calígula era Incitatus, caballo español que jamás perdió una carrera, y el día que perdió una condenó a muerte al desgraciado auriga que guiaba el coche diciéndole a los verdugos, mátenlo de tal manera que sienta que se va a morir. Dormía en una caballeriza con paredes de mármol y un pesebre o comedero de marfil. Lo nombró cónsul y los diputados y ministros le llevaban presentes y un decreto de Calígula anunciaba un toque de queda y un profundo silencio la noche que precedía a las carreras en las que participaba el afortunado cuadrúpedo. Pero nuestra América Latina también tuvo su Calígula, en los años 1864-1871, el Presidente de Bolivia, Mariano Melgarejo, nombró general del ejército a su caballo y en las formaciones del Estado Mayor todos le rendían honor y pleitesía, y cuando el representante de la corona inglesa se negó a participar en tan descabellada ceremonia, amarrado a la cola de un burro lo trasladaron al puerto rumbo a su país. No vayamos largo aquí en nuestra Nicaragua, cuando inauguraron el edificio de Relaciones Exteriores entró a caballo el flamante ministro Dr. Aguirre Sacasa. Además de champagne, hubo estiércol en los elegantes patios de nuestra chancillería.

Podría mencionar los nombre de los caballos de Aníbal y Julio César, con el que el primero cruzo los Alpes para conquistar las Galias y el segundo el Rubicán, pero todo esto sucedía en el viejo continente, entre tantos caballos quiero terminar con “Marengo” uno de los muchos caballos de Napoleón Bonaparte, famoso por sus hazañas y famoso también porque el esqueleto de este caballo puede verse en el museo de la Escuela militar Samhurt en Inglaterra. No recuerdo los nombres de los caballos de los conquistadores, pero sí puedo recordar el nombre de Palomo, el caballo del recién exhumado Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios, que es su nombre completo y también quiero mencionar al llamado “Bayo Blanco” del insigne José de San Martín en el que seguido de siete mil jinetes cruzó los Andes para liberar Chile, grandiosa hazaña que en la actualidad, año tras año repiten caballistas de Argentina, cruzan a caballo los Andes siguiendo la misma trayectoria del insigne Libertador.

En tiempos más modernos durante la Revolución que dio fin al Porfiriato, hubo dos generales que luchaban porque se les diera tierra a los campesinos, Emiliano Zapata y su caballo As de Oro y Pancho Villa en su caballo Siete Lenguas, el que cuando oía pitar los trenes se paraba y relinchaba, ambos líderes asesinados por sus ideales a favor de los campesinos, como lo fuera más tarde el General Sandino, que no tuvo caballo para montar, solo mulas que eran las que podían cruzar los ríos y montañas llenas de fango y pegaderos donde le tocó actuar.

En la estatua que se erigió a su memoria, está Sandino, tal cual era, exacto, a diferencia de la estatua ecuestre de Somoza García que no se le parecía, fue traída de Italia y la instalo el Ing. Giorgio Pasqualinni, los mismos allegados a Somoza decían que se parecía a Mussolinni, otros que al Jefe de la Fuerza Aérea el conde Galeazzo Ciano yerno de “Il duce” y otros que se parecía al mariscal Badoglio, Jefe de las Fuerzas Armadas de la Italia Fascista.