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Desde los inicios de la humanidad la dimensión simbólica de la cultura ha acompañado de diversas formas la evolución y el caminar de los seres humanos por el planeta tierra, sumando a la existencia de estos una forma explícita de expresar el inconsciente y los pensamientos más internos de los seres humanos como reproductores de cultura.

La humanidad como especie es una de las que ha aprendido a sobrevivir a través del tiempo mediante muchas estrategias de sobrevivencia, la que sobresale es la adaptación. La adaptación les ha permitido ir haciéndose camino aún en los lugares más difíciles de habitar y sobrevivir de las formas más complejas posibles. Un elemento que acompaña la estrategia de adaptación y asentamiento progresivo en las diferentes regiones del planeta es la dimensión simbólica.

La dimensión simbólica abarca desde las creencias, los rituales, los significados, las concepciones ideológicas, las identidades, en fin, una amplia gama de hilos que tejen lo que se conoce como cultura. El lenguaje como elementos de comunicación, intercambio de códigos, símbolos y significados, así como de ideologías, ha sido y es uno de los espejos más efectivos a la hora de indagar qué pasa en la mente y en la realidad de una sociedad.

En las realidades sociales, políticas y humanas, con la construcción del lenguaje y la nueva estructura social de Estado (iniciando en las polis) los discursos se han ido convirtiendo en una herramienta infallable dentro de las estrategias de comunicación de masas, a través de los medios de comunicación globalizados: radio, televisión, Internet.

El ser humano mientras fue adoptando el lenguaje como medio de comunicarse estratégicamente, construyó signos, códigos lingüísticos caracteres, que le permitieron y le permiten establecer relaciones lógicas, prácticas y de cercanía con el otro, a través del espacio, de distintas formas y tonos y con el objetivo final de conectar. El fin es el que no se investiga mucho pero existe; toda comunicación, toda expresión cuenta con el fin último de expresar, convencer, asentar ideas, ordenes, mandatos. Al final se trata del lenguaje como medio de estímulo social, pues la comunicación estimula una gama infinita de reacciones en cadena, sobre todo la comunicación masiva.

Se empieza a hablar de comunicación de masas y cultura de masas, con el auge de los medios globalizantes, tanto económicos como sociales, que fueron, entre otras cosas, afirmando esa idea de homogenizar, de igualar, de que un mismo mensaje llegue a mucha gente y que se dé por hecho que ya lo entendieron tal como espera el emisor. Claro que no es cualquier mensaje, es un mensaje elaborado y planificado de tal forma que convenza, que venda una idea (la comunicación vista como propaganda, como publicidad) por lo que se juega sucio al momento de decidir las palabras a usar.

En la palestra política de nuestro país vemos pasar un sinnúmero de luchadores, algunos con un discurso (mensaje) asignado y planificado, otros con discursos a medias y existen también aquellos a los que les gusta improvisar. En fin, hay de todo, pero detrás de esta aparente mezcla, los fines últimos de sus mensajes son los mismos: engañar para que ellos pueden hacer a sus anchas lo que se les plazca, y claro como los excluidos de la palestra política oficial no se detienen mucho a descubrir ese fin último, escuchan sin escuchar y se hacen los desentendidos sin mas.

En el discurso político oficial en la actualidad, la patria es instrumentalizada para y por el partido. Patria siendo un vocablo del latín que significa familia, clan, padre. Ha sido situado debajo de los intereses del partido, organización con intereses centrados en la ocupación de cargos, en la ocupación del poder. La patria es la etapa anterior a lo que hoy conocemos como Nación; la Nación Estado que homogeniza, pues bajo su lógica todos son iguales, pero no en el sentido de igualdad de derechos y de libertades, sino enfocado en esa obsesión controladora de uniformar, mismo idioma, mismo partido…aunque esto no esta explícito en el discurso, la simbología de los grandes eventos brinda mucho para analizar.

El presidente actual de la república, Daniel Ortega Saavedra, en el evento de celebración del 19 de Julio, en una de sus tantas intervenciones, tomó en su mano izquierda la bandera azul y blanca de Nicaragua y la bandera roja y negra del partido del que el es secretario general, el FSLN (Frente Sandinista de Liberación Nacional) y dijo: “Ésta (haciendo referencia a la bandera de Nicaragua) es la madre (la patria)…y ésta (lanzando al suelo la bandera azul y blanca y empuñando la bandera rojinegra del partido oficialista) es su hija preferida”, más claro no pudo ser.

Dentro de ese aparentemente inofensivo discurso, se está diciendo a un “pueblo” (tanto al que estaba presente en ese evento como al que lo escuchaba o veía a través de los medios masivos) que la madre, la patria, el Estado, vela y tiene favoritismo, es decir solo percibe como ciudadanos con derechos a todas las personas pertenecientes al partido cobijado por la bandera rojinegra.

Tan teatral la manera de expresar estas verdades como la decoración y los invitados al evento, sin embargo, no es cuestión de chiste ni de simple ejercicio de análisis de discurso, es cuestión de identificar la simbología en las dinámicas sociales que se dan día a día. A través de la simbología, del lenguaje, del discurso, de la observación, las intenciones de las y los miembros del circo-palestra-zoológico político, quedan en evidencia, por lo que es mucho más fácil argumentar y proponer. Y claro, a su vez nos ayuda a ver qué tanto de eso está en uno, una mismo/a, pues así nos urgirá limpiarnos de esas herencias y de esos aprendizajes por imitación que no son ni reflexivos, ni concientes, y que tampoco aportan a las transformaciones necesarias, empezando siempre por las propias.


gabrielamontiel13@gmail.com