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Conocer a fondo y toda la verdad, sobre la vida de Nuestro Señor Jesucristo es muy difícil, debido a que su historia se comenzó a escribir hasta 70 años después de su crucifixión, lo cual ha provocado incertidumbres y dudas de parte de algunos estudiosos acerca de su existencia y de su martirio en la cruz. Pero en este caso, el historiador judío Flavio Josefo, quien vivió en esa misma época, comprueba en sus escritos la existencia de Jesús, de quien dice muy brevemente: Fue un judío y hombre de bien. Admirado por muchos y que sanaba. También habían otros que hacían lo mismo.

Durante ese largo período de tiempo se pudo haber perdido bastantes elementos históricos valiosos que comprueben muchas verdades acerca del Mesías. Además de la acción (censura) de la Iglesia oficial romana de aquellos tiempos de hacer desaparecer grandes cantidades de textos sobre la historia del cristianismo primitivo y el acaparamiento de libros en la Biblioteca del Vaticano que versan sobre la verdadera historia del cristianismo, se nos hace muy difícil conocer en su totalidad sobre la vida de Jesucristo, su familia y amigos, su relación con sus apóstoles, sus enseñanzas y obras, costumbres y estilo de vida. Y otras cosas más. Pero gracias a muchos estudiosos, teólogos, historiadores e investigadores, podemos conocer algunos rasgos históricos de quién era y qué hizo en vida.

Pero, ¿Jesús de Nazaret fue un revolucionario? Desde el primer momento en que su primo, Juan el Bautista, lo anuncia como El Mesías, se creó un gran revuelo en los diferentes estratos del pueblo judío, sobre todo entre los grandes jerarcas del poder religioso-político-económico, representado en El Sanedrín.

Si, el revolucionario es el que lucha o se esfuerza por cambiar esquemas y estructuras que no satisfacen o no cumplen con sus funciones correctas, entonces Jesucristo fue un revolucionario. El Ungido se presentó como el Hijo de Dios, ofreciendo un mundo mejor y una nueva forma de práctica de vida moral-religiosa y a amar al prójimo. Criticaba a los jerarcas religiosos, se enfrentó a ellos y los llamaba hipócritas por el comportamiento indigno de estos, ya que se contradecían con las Sagradas Escrituras, las cuales el Maestro conocía muy bien.

No cabe la menor duda de que el contenido de sus prédicas y enseñanzas enojaban y preocupaban muy seriamente a las máximas autoridades judías, porque sus mensajes y sermones eran totalmente diferentes a los tradicionales del judaísmo. Sus formas y estilos de predicar, y de hacer proselitismo religioso fueron novedosos en su época, como el andar en grupos predicando en diferentes lugares, así como también las prácticas de sanación a los enfermos y resucitación de algunos muertos. Sin lugar a dudas fue, más que todo un revolucionario místico-espiritual-pacifista. Su doctrina religiosa se ha perpetuado a través de los tiempos.

Es importante hacer ver que en el contexto histórico-político en que vivió el Hijo de Dios, fue muy difícil, debido a que el Imperio de Roma tenía dominada Palestina, la cual pertenecía a la provincia romana de Siria. Es por eso que el pueblo judío esperaba a un Mesías Libertador, para que los liberara de los invasores. Para los hebreos fue un hecho vergonzoso y humillante el haber estado bajo la ocupación de los romanos, quienes los humillaban y los trataban con mucho desprecio en su propia tierra, hasta llegar a ofender sus creencias religiosas y profanar sus sinagogas, las cuales eran muy sagradas para ellos. Había mucho descontento entre la población por tal situación.

El país estaba convulsionado y hubo resistencia militar a través de la táctica militar, que hoy conocemos como guerra de guerrilla, pequeños grupos que atacaban a la guarnición romana y luego huían, para refugiarse en el desierto. Barrabás, sí, ese mismo, el que fue presentado ante la multitud por el gobernador romano, Poncio Pilatos, para que escogieran entre Jesús y Barrabás, para ser liberado y que a grandes gritos dijeron: ¡Barraaabás…Barraaabás! fue un sedicioso y conspirador contra los romanos. Un rebelde que fue capturado por los soldados del imperio por sus acciones bélicas durante la celebración de la fiesta judía de la Pascua. Se le acusaba de ladrón, pero robaba para financiar su guerrilla. Para muchos judíos, Barrabás era la opción militar para combatir a los romanos. Por tal motivo la multitud lo prefirió a él. Todo lo contrario de Nuestro Señor Jesucristo, que cuando le preguntaron si se debía pagar el diezmo (impuesto) a los romanos, él fue muy elocuente con su repuesta: Dad a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César. Siempre he considerado esta frase como un gesto de sumisión y de resignación. Pero tal vez esto obedezca a que la vida del Maestro estaba más enfocada a la parte religiosa y espiritual que política.

Fue más que todo un predicador de paz, amor, perdón y solidaridad humana. No fue un revolucionario en el contexto que nosotros conocemos. Pero sus prédicas y enseñanzas sí revolucionaron o cambiaron una gran parte del mundo: moral, espiritual y humanamente.


javieraviles53@yahoo.com

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