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Actualmente a los economistas les asaltan pensamientos inciertos: por ejemplo, ¿cuál es el término correcto para referirse a las condiciones económicas globales de hoy? ¿Es una depresión, recesión o finalmente una recuperación? En cuanto al euro, ¿se tambaleará o recuperará su “dinamismo”?

Mientras estos debates predominan en los ministerios de finanzas y en los departamentos de economía de todo el mundo, en India el PIB continúa con su crecimiento sostenido, que ahora se prevé alcance el 9,4% este año. En efecto, el gobierno dice que pronto la tasa de crecimiento llegará a cifras de dos dígitos.

Aunque muchas personas parecen estar sorprendidas por el rápido crecimiento que India ha mantenido durante tanto tiempo –incluso frente a un descenso global- la sorpresa es injustificada. La participación de la India al PIB global alcanzó un 25% en 1750, pero cayó a 1,6% en 1900, en el apogeo del imperialismo. India simplemente está emergiendo de nuevo para reivindicar su posición tradicional global.

¿Puede India lograr esto?

India se enfrenta a muchos desafíos en su camino hacia un fuerte crecimiento sostenido, principalmente el de hacer realidad la enorme promesa que representa el país. Para poder lograr esto en una democracia verdadera, India tiene que garantizar una justicia distributiva. Tiene que asegurarse de que el poder adquisitivo fortalecido conduzca a una calidad de vida notablemente mejor para todos los ciudadanos indios.

Actualmente, India tiene una ventana de oportunidad, naturalmente única, gracias a un bono demográfico enorme: cerca de 60% de la población del país no supera los 30 años. Sin embargo, esta ventaja es limitada en tiempo, con una duración de dos o tal vez tres décadas. Si no se usa ahora se disipará.

Para aprovechar esta oportunidad, India tiene, primero, que apartarse del capitalismo de Estado, cuyos restos continúan retrasando el progreso económico del país. El futuro económico de India radica en la maximización del dinamismo de su sector privado, que requiere una aceleración de reformas institucionales, incluida la privatización a nivel nacional así como estatal.

No obstante, como lo ha señalado el economista y con frecuencia diseñador de políticas indio, Vijay Kelkar, “India necesita modernizar [su] propio modelo sui generis de crecimiento y desarrollo… hacia una economía avanzada, que siempre promueva el crecimiento incluyente y por consiguiente obtener las ventajas de una mayor eficiencia e igualdad y una mejor gobernanza en el marco de una democracia liberal.” La mera imitación de las políticas estadounidenses, británicas u otras de tipo occidental, no funcionará.

Además, la India no es China; no puede serlo – en efecto, no debe serlo. Por eso, no debe anhelar un crecimiento dirigido por las exportaciones o por el Estado.

El segundo gran desafío de la India es solucionar sus enormes carencias de infraestructura. El país ya no es principalmente una economía agrícola. En efecto, la agricultura representa únicamente alrededor del 20% del PIB, pero eso no significa que deba descuidarse el sector. Por el contrario, sigue siendo la forma de vida de muchos millones de indios, que necesitan capital y tecnología nueva.

Aumentar la productividad y el ingreso agrícola requiere mejorar la irrigación, la recuperación de tierras ociosas, el almacenamiento, la comercialización, el desarrollo del transporte y la libre circulación de los productos dentro del país. Por eso el rápido fortalecimiento de la infraestructura física y social de la India es esencial para su progreso.

Esto nos lleva a examinar la actual fijación de la India con el crecimiento del PIB como la panacea nacional. La teoría es que el gobierno, como agente del pueblo, recauda impuestos y entrega bienes públicos a cambio. En este sentido, el Estado indio ha sido un agente más bien malo; recauda poco y entrega una miseria – y lo que entrega es de muy mala calidad.

No obstante, el Estado indio sigue exigiendo un precio desproporcionadamente elevado al pueblo. Esto debe cambiar mediante esfuerzos directos para aliviar la pobreza y, a la larga, eliminarla. Reconozco que el programa más poderoso para combatir la pobreza es el crecimiento económico, pero sólo funciona si va acompañado de una distribución justa.

Únicamente tal crecimiento “justo” podrá convertirse en una SNB (Satisfacción Nacional Bruta), que es un indicador más certero del bienestar económico. En lugar de los infinitos debates sobre las asignaciones presupuestales más elevadas, la India necesita encontrar formas prácticas de promover programas orientados al combate a la pobreza efectivos y que se regulen y liquiden por sí solos.

Lo que importa no es la cantidad de dinero que el gobierno asigne. La verdadera prueba de fuego del gasto presupuestal es lo que realmente aporta. Sólo un enfoque incluyente podrá cumplir las expectativas de las personas y, a la vez, propagar satisfacción.

La India no necesita más leyes. Necesita gobiernos más efectivos y responsables. No necesita más reglamentos, sino más bien bases mucho más sólidas de libertad individual y oportunidades. Es necesario liberar a la economía del país del principio organizador del control del Estado, de modo que la iniciativa y la creatividad individuales puedan convertirse en su motor principal.

La India está en el umbral de una era de crecimiento sin precedentes. Pero, para cruzarlo, los indios deben crear una nueva idea de su país – como punta de lanza de una economía global moderna que desencadene el dinamismo de todos los ciudadanos.


Jaswant Singh, ex ministro de Asuntos Exteriores, de Finanzas y de Defensa de la India, es autor de Jinnah: India – Partition – Independence.


Copyright: Project Syndicate, 2010.

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