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La prominencia de la nota roja y de la politiquería en la información de los medios, nos ha empobrecido y ha estrechado la perspectiva desde la que vemos a la nación. Practicamos la política del avestruz que nos llama a creer que la economía va bien. Que no hay inflación. Que la gasolina no sube. Que pronto se acabará la pobreza. Que la moneda no se ha devaluado. Que las elecciones fueron y serán límpidas y transparentes, ejemplares. Que la inseguridad ciudadana es un problema de percepción y se extinguirá por obra y gracia del espíritu santo.

Sin embargo, como todo camina en sentido contrario. De mal a peor, quizás convendría incrementar la producción de marihuana en el país. Según las noticias ya existen destacados pioneros en estas lides. Sin ir muy lejos Costa Rica ya explora estos caminos. Afirmamos que la marihuana es mala, magister dixit. Hay que guardar distancia de ella como del diablo.

El uso medicinal de la cannabis sativa es legal en muchos países. Canadá, Alemania, Argentina, Austria, Holanda, España, Israel, Finlandia, Portugal y pronto Suiza han reconocido la marihuana medicinal. Igual hacen en Estados Unidos 14 estados: Alaska, California, Colorado, Hawai, Illinois, Maine, Michigan, Montana, Nevada, Nuevo México, Oregon, Rhode Island, Vermont y Washington. California hará un plebiscito para su total despenalización. En esos estados se produce el 50 por ciento del consumo total del país. En Canadá la cultivan todo el año en invernaderos y resulta una planta con mucho más poder sicotrópico. Y donde no está autorizada se simulan prohibiciones.

El enfoque de salud está totalmente rebasado. La marihuana se produce y consume cada día en más ambientes. El consumo es una decisión personal a respetar. Vivimos una revolución intensa sobre el derecho a decidir en diversos campos. No elegimos ni los candidatos, nos los dan ya hechos.

En EU para todo hace estadísticas: el tabaco produce 400 mil muertes anuales; el alcohol 100 mil; todas las drogas legales 20 mil y todas las drogas ilegales 15 mil. Advierten que no se atribuyó ni una muerte por sobredosis a la mariguana. La prestigiosa revista The Economist en su política editorial aboga por legalizarla. Valga tanta reiteración, pero sobre todo, cuando el mundo va con toda sensatez en el sentido de la apertura, de la despenalización, ¿por qué seguir imitando al avestruz?

Hay que incorporar a nuestras reflexiones un hecho: Sin delito no habría delincuentes. Me dicen que ciertos políticos se la truenan verde. La ñatean. Vaya usted a saber si es cierto. Ahora si es ventajoso para el país por una vez seamos dueños de nuestras decisiones. Manejemos nuestro propio destino sin permiso del FMI. Exportémosla.