•  |
  •  |
  • END

Esa interrogante, en mí, ha permanecido desde 1996 cuando Daniel perdió las elecciones compitiendo con Arnoldo Alemán, un personaje evidentemente somocista, corrupto, antítesis del programa social, económico, político, del Frente Sandinista que se basó en las aspiraciones de la mayoría empobrecida y oprimida del país.

Temo sesgarme por mi antipatía hacia Ortega nacida, desde 1981, cuando conocí su actitud autoritaria en La Voz de Nicaragua, durante una asamblea con trabajadores donde yo era un novel periodista.

También he reflexionado sobre otra posible razón por la cual no me agrada Ortega, y es mi lectura del escrito de Carlos Fonseca: “Algunos apuntes sobre la montaña y la coyuntura actual”. Pues, Carlos Fonseca es la persona que más admiro y me convence en el sandinismo, sus escritos y ese en particular es una referencia esencial para comprender la actualidad del FSLN.

Quiere borrar a Carlos Fonseca
No me agrada Daniel porque imprime rótulos donde se coloca heredero, representante, descendiente, continuador de Andrés Castro, Rubén Darío y Augusto C. Sandino. Hasta podría aceptarle que manipule las figuras, pero es irrespeto negar la imagen del Jefe de la Revolución como descendiente político de Sandino.

En 1994, un amigo, militante en el orteguismo, me confesó que Ortega y su grupo pensaban: “La única salida para estabilizar el país es aliarse con el somocismo, al cual el sandinismo no ha podido derrotar”.

El somocismo debía confiar en los directivos sandinistas. Pero aún aliado con algunos connotados somocistas, Daniel no alcanza mayoría de aceptación en las votaciones, debe ser porque representa absolutismo y represión, pues endiosamiento, religiosidad, reverencia, corrupción, lealtad, servidumbre, tal vez no desagradan tanto a la sociedad.

Temo me domine el nihilismo y observo las bondades del presidente Daniel Ortega: programas sociales destinados a los pobres, fortalecimiento del gran capital, y fortalecimiento de su grupo de seguidores cercanos.

Las personas no necesitan recibir “beneficios” condicionados, sino capital para desarrollar capacidades, competir en igualdad, y vencer la pobreza. No me satisface ese programa de desarrollo de Daniel, porque sigue aumentando el capital de unos pocos; a lo mejor no importa lo numérico sino la concepción capitalista y las influencias ideológicas de ese grupo de pocos.

Daniel Ortega lleva treinta y un años en el primer plano político de este país. Ha hecho y deshecho, mangoneado y amenazado, comprado y vilipendiado, es decir todo lo que molesta al sandinista que luchó por el cambio y sigue anhelando un país superior, en donde verdaderamente acabemos con la miseria.

Tampoco Daniel ha logrado convencer a los pobres nicas migrantes de retornar al país, y se convierta realidad el vencimiento de la miseria y vivir en mejores condiciones económicas.

Persiste favoritismo y corrupción

Pero los ricos siguen siendo pocos. Daniel Ortega, y sus asesores, no han logrado convencer ni a la mayoría de capitalistas ni a la mayoría de pobres para que superen el atraso.

Daniel Ortega sabe que su gobierno practica vicios administrativos de antaño, enriquece a quienes danzan en el redondel presidencial y empobrecen a quienes no reverencian. Luego, el paso sería aniquilar a quien se volvió peligro.

Esas costumbres no me gustan, no les gustan a sandinistas que detestamos la corrupción, el servilismo, las humillaciones, la injusticia. A la militancia sandinista le importan esos conceptos, a las personas sensatas les preocupa la violación a la institucionalidad, la legalidad, y la ausencia de razonamiento.

La sociedad está cansada de pan y circo, limosna y represión, analfabetismo e irracionalidad. Y si no está cansada la sociedad, y me equivoco como suele suceder, pues yo deseo que Daniel Ortega no siga como Secretario General del Frente Sandinista de Liberación Nacional. No me convence, es conservador.

Daniel prefiere aliarse con quienes, en su mayoría, son objeto de comercio, oportunistas, y reprimir a quienes siendo sandinistas argumentan para que corrija sus desaciertos, o nada más considere opiniones diversas, o tan solo respete a cuadros del FSLN que han sido excluidos por autorización de personas inescrupulosas, desprestigiadas.

Daniel Ortega y sus asesores conocen muy bien, su aparato de seguridad es eficiente, dominan excelente información para corregir, pero han ingresado al manejo político financiero de antaño, me remonta a los años treinta del siglo pasado. El capital, unos pocos, negociando los destinos del país.

No aglutina las calidades del sandinismo

¿Cuál pueblo presidente? Daniel no ha sido capaz de aglutinar a lo mejor del sandinismo, y no lo digo por discriminación, pero la experiencia de luchadores es digna de ser escuchada en el FSLN. No es un acto formal, con los medios de comunicación, sino en sesiones de trabajo para estructurar una organización para el futuro, no del pasado.

El FSLN ha decrecido en calidad. Su política de renovación de cuadros, masiva, no resulta en superioridad conceptual. Más bien la tendencia es hacia el activismo operario de las masas y la servidumbre fiel. Es casi imposible encontrar a un danielista que acepte otras visiones del mismo fenómeno.

¡Ah Daniel no tiene la culpa, es el neoliberalismo! - dicen sus fieles. ¡La culpa la tienen los traidores, vende patria! - gritan los orteguistas. ¡Uh, en este país la traición ha sido el pan de cada día, y se paga con la muerte! - recuerda la tradición.

Daniel a cada rato habla de traidores, lo mezcla con la reconciliación, y habla de Dios, de Su Eminencia Reverendísima Cardenal, de la Virgen de Guadalupe quien le concedió el milagro de retornar a la presidencia del país, de Santo Domingo de Guzmán, Don Bosco, y de cada santo en todo el país, y se proclama cristiano.

Es traidor, quien se niega a cambios conceptuales, y retorna a prácticas del pasado, a las presiones a empleados públicos. Es traidor quien se ha mimetizado en el monstruo contra el cual se combatió: poderío absoluto, amenazas, corrupción, servilismo.

Este Daniel es una verborrea compleja, es decir nada claro, y poco atractivo. Repite y repite la frase “Capitalismo Salvaje, como dijo su Santidad el Papa Juan Pablo Segundo”. Pero entre sus colaboradores predomina una voracidad de riqueza que indigna por las actuaciones que derivan en injustas relaciones políticas, sociales y económicas.

Esa deficiente oratoria de Daniel es otra de las causas por la cual no me gusta. ¡Cansa! Son los mismos ejes, el mismo lenguaje, su misma concepción y práctica desde hace treinta y un años. Lo único que ha variado es su imagen física y el retorno de su alianza con un sector del capitalismo conservador y una parte de directivos de iglesias.

Finalmente no me convence su pretensión de caudillo, siendo el principal descontento, pues de su manía de permanencia (for ever) resultan los desaciertos descritos y el rechazo.
Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus