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El aporte editorial más importante del Banco Central de Nicaragua, que este año cumple cincuenta años de funcionamiento institucional, es la colección en once tomos de la Monumenta Centroamericae Historica. Iniciativa del padre Federico Argüello Solórzano (Managua, 9-VII-1914) y del historiador Carlos Molina Argüello (Granada, Nicaragua, 1-VII-1921-Sevilla, España, 22-I-1998), se concretó el primer tomo en 1964, retomándose hasta 1997. La obra expone el control administrativo, ejercido a partir de las leyes de indias, de las provincias españolas a lo largo de tres siglos, compilando con rigor científico todos los documentos indispensables para conocer y comprender la estructura jurídica del antiguo Reino de Guatemala.

Por eso cabe en estas líneas referir brevemente la biografía de su principal ejecutor, Molina Argüello y su mínima bibliografía. Egresado como bachiller del Colegio Salesiano, inició estudios universitarios en su propia ciudad natal, continuándolos en la Universidad de Madrid. Allí obtuvo los grados de Licenciado y Doctor en Derecho en 1946 y 1948, respectivamente. Comenzó a investigar en Madrid bajo la dirección de Alfonso García Gallo, catedrático de las Instituciones políticas y Civiles de América.

Trasladado a Sevilla en 1947, se integró a la Escuela de Estudios Hispanoamericanos, de la que fue miembro colaborador. Esta entidad le publicó su tesis doctoral El gobernador de Nicaragua en el siglo XVI, contribución al Estudio de la Historia del Derecho Nicaragüense (1949). A su regreso, obtuvo la cátedra de Sociología en la Universidad de Oriente y Mediodúa, y asesoró la de Historia del Derecho. Asimismo, dictó conferencias y cursos sobre temas jurídico-institucionales y publicó artículos de su especialidad en diarios y revistas.

En 1950 entró a colaborar con el Instituto Panamericano de Geografía e Historia de México, que le patrocinó dos investigaciones: La enseñanza de la historia en Nicaragua (1953) y Misiones Nicaragüenses en Archivos Europeos (1957). En 1951 fue incorporado a la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua y en octubre del mismo año nombrado miembro de la Comisión Nacional de Codificación del Derecho Internacional, adscrita al Ministerio de Relaciones Exteriores en correspondencia con la Organización de Estados Americanos (OEA). Desde 1957 vivió en Sevilla investigando en el Archivo General de Indias y fungiendo como Cónsul de Nicaragua.

Del 8 de septiembre de 1962 data una carta de Molina Argüello a su amigo granadino Enrique Fernández Morales (1918-1982), conservada entre mis papeles. En ella le confiesa (¡a sus 41 años!): Creo que vamos para viejos. Siempre le recuerdo con el mismo cariño y esté usted seguro, poeta, de que le quiero mucho. Y añade:
Mi vida corre muy tranquila en lo que toca al hogar, con cuatro hijos, María de los Ángeles, Carlos, José Antonio y Alberto, los dos últimos sevillanos. En esto se puede decir que soy feliz, gracias a Dios. A veces ocurren enfermedades y pobrezas, pero ahí vamos. Mi trabajo lo llevo con alguna constancia y gran devoción. Me obliga a ello la responsabilidad de mi ya larga ausencia en Nicaragua, y la edad, que me está exigiendo algún fruto positivo. Con la ayuda de Dios espero sacar adelante pronto algunas cosas. Veremos.

Dedicado al campo histórico-jurídico, Carlos Molina Argüello abrió brecha en los estudios del Derecho Indiano, llevando a cabo una intensa labor de investigación en el Archivo General de Indias que concretó en su primera obra, ya citada, El Gobernador de Nicaragua en el siglo XVI. Posteriormente, editó con Federico Argüello Solórzano el primer volumen de la Monumenta Centroamericae Historica: colección sin precedentes de documentos fundamentales para la historia del Istmo.

Su principal aporte a la literatura colonial es su descubrimiento y edición del Memorial de mi vida —precedido de un exhaustivo estudio— del franciscano rivense fray Blas de Hurtado y Plaza. En realidad, Molina fue un especialista en Derecho Indiano —el vigente en América durante el dominio español— contándose entre los pocos que siguieron en su conocimiento la línea de organización del Estado, la de instituciones de gobierno y justicia y de administración en todos los órdenes, político, eclesiástico, fiscal y militar.

Él mismo, consciente de su valor, afirmó en 1995: ...soy el único que por más tiempo, arriba de los cuarenta años, ha trabajado de manera continuada, diariamente, con la documentación original del Archivo de Indias, lo que me ha valido para situarme como uno de los pocos, poquísimos, renovadores de conceptos histórico-jurídico de América (“Al Excmo. Sr. Dr. José Bernard Pallais”, Sevilla, 4 de febrero, 1995).

Menos de tres años más tarde, Molina Argüello fallecía el jueves 22 de enero de 1998, a los 76 años de edad y su familia cumplió su deseo testamentario: que sus cenizas fueran lanzadas al Guadalquivir (Gran Río) en Sevilla.

Una dedicatoria documenta mi relación con el historiador granadino de Nicaragua (y luego sevillano), estampada en un ejemplar de su Bibliografía historiográfica de Nicaragua, separata de la Revista Interamericana de Bibliografía: “Para Jorge Eduardo Arellano con el / deseo de que le sea útil / y mi sincera / estimación / Affmo. / Carlos Molina / Sevilla, 8-II-1968”. Franco Cerutti había sido el intermediario de esta relación. Joaquín Zavala Urtecho (1910-1971) sería el otro, al igual que un sobrino de don Carlos A. Bravo. Así lo indica la siguiente carta del 18 de diciembre de 1969. Frisando yo los 23 años, trabajaba como Jefe de Redacción en la Revista Conservadora del Pensamiento Centroamericano; para entonces, y acababa de editar mi monografía sobre la vanguardia granadina a la que se refiere Molina Argüello en su texto epistolar. A continuación, lo transcribo:

Estimado Jorge Eduardo: / Hará unos ocho días le escribí a Joaquín Zavala anunciaba que te escribiría a ti. Tengo que ir poco a poco lo mucho que tengo entre manos. / Recibí los envíos tuyos de que era portador el joven Martínez, quien a su llegada me entregó los números de Revista Conservadora, entre ellos el 106, en el que se contiene tu trabajo “El Movimiento de Vanguardia, de Nicaragua”; la separata sobre el examen de la poesía de Coronel, y el no menos simpático obsequio de Torti-Ya, que poco a poco lo voy saboreando. Todo muy bueno y agradable. Tus trabajos me gustan mucho y ya era tiempo que surgiera esa historia de una época que nos venía pisando los talones. Se necesitaba el cronista y ya te hemos encontrado. Es buena hora cuando aún comemos y bebemos con los personajes. / Ya debes saber que el amigo Cerutti vendió su casa de Pollensa y que se dispone ir a Nicaragua a pasar las Navidades. Piensa estar allí me ha dicho hasta el mes de mayo, y seguramente se venga a vivir a Sevilla para entonces. / Ahora que te escribo, quiero aprovechar la oportunidad de hacerte unas recomendaciones. Naturalmente siempre que llegue a tiempo. Le acabo de enviar a Joaquín un artículo para la revista, sobre el punto del primer Obispo de Nicaragua. Supongo que saldrá para enero o febrero. Te envío la hoja 10: de ese artículo para reposición: de la que tienen ustedes. Le hice a esa parte un agregado importante que se me había escapado al redactar en limpio. Ya verás que se trata de un final de cita. También en la hoja ocho me gustaría que hicieras una corrección.

Siempre mantenme al tanto de lo que escribas Con cordial saludo, quiero desearte una Feliz Navidad y Año Nuevo. / Con un abrazo / Carlos Molina.

A Carlos lo conocí en Madrid, antes del terremoto de Managua; había llegado a la Villa y Corte para realizar algunas gestiones consulares. En metro, lo invité a “Los Tres Cerditos”, un restaurante cubano cerca de la plaza del Sol, donde ingerimos como aperitivo varios daiquiríes. Luego, en abril de 1973, permaneciendo una semana en Sevilla, el invitado fui yo. Llegando en plan de investigación relámpago al Archivo General de Indias, y tuve en él a un experimentado guía servicial; y durante la Semana Santa de 1974 —en compañía de mi esposa Consuelo y mi primogénita Emperatriz— lo visité en su casa (Padre Damián, 8). Una foto, tomada por su cónyuge nicaragüense, dejó constancia de ese encuentro. Entonces sólo pude aprovechar una jornada entera revisando documentos del Archivo.

Si mal no recuerdo, fue hasta diciembre de 1990 —en un rápido viaje a Sevilla— que volví a restablecer contacto. La segunda carta suya del 9 de noviembre de 1991, lo demuestra, pero es muy extensa e irreproducible por esta vez.

Cuando me libre y salga de mis escritos mayores en que estoy enfrascado, tengo el deseo de que se vayan publicando algunas cosas menudas ahí. Nunca se ha podido lograr en Nicaragua una revista especializada que perdure. La Revista de [Joaquín] Zavala [Urtecho], que alcanzó buen volumen, era miscelánea, y es regular que esta clase de publicación no se acepte científicamente como fuente. Por ahora no veo otra posibilidad de publicación periódica que pueda satisfacer el intento, que ese Boletín Nicaragüense que vienes publicando. Tiene el respaldo económico del Banco, veo que va ya en el 66 y tiene una bien definida dedicación, de papeles históricos. Seguiremos hablando sobre esto. Ojalá nos veamos pronto otra vez. / Un fuerte abrazo, y de nuevo gracias.

Vi cuatro o cinco veces más a Carlos Molina Argüello en Nicaragua: en Granada, León y Managua. En la Casa de los Leones —emblemático centro cultural de la primera ciudad— escuchó el 25 de septiembre de 1995, mi conferencia “León y Granada: ciudades rivales y hermanas”. Su aprobación fue, para mí, gratificante. Y ese es el último recuerdo de mi amistad con Carlos Molina Argüello.