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Cuando nos comunicamos, hacemos uso frecuente de combinaciones de varios vocablos que se escriben separadamente, pero que tienen una forma fija y mantienen unidad de significado. Por ejemplo: “Un pobre diablo espera, en la cárcel, que alguien lo defienda en el juicio”; “Un muerto de hambre confía siempre en una mano generosa”. En los ejemplos citados, las agrupaciones “pobre diablo” y “muerto de hambre” son locuciones. Observe que no es lo mismo “pobre diablo” que “un pobre de esos diablos” o “muerto de hambre” que “un muerto de esos hambrientos”. ¿Por qué? Porque las locuciones son construcciones fijas, no intercambiables. Si se alteran sus elementos, se altera el significado.

Fíjese usted que “pobre diablo” y “muerto de hambre” funcionan como sustantivos; son, por tanto, locuciones sustantivas. Las locuciones pueden ser, además del ejemplo citado, de diferentes tipos según la función que desempeñen en la oración: adverbiales, prepositivas, conjuntivas, interjectivas y verbales. Veamos una muestra de los otros tipos: adverbiales (Lo golpeó a diestra y siniestra, Lo sembraron a flor de tierra, Se lo aprendió al pie de la letra, etc.); prepositivas (Iba con rumbo a Chontales, Estaba delante de mí, Escribe en contra de su religión, etc.); conjuntivas (Trabaja mucho a fin de que pueda ahorrar más dinero, No importa que nazca ñato con tal que respire, etc.); interjectivas (¡Lo encontraron hecho un desastre! ¡Qué desgracia la de este tipo!, etc.; adjetivas (El agua de la laguna se miraba de lejos azul celeste, Prefiere el color verde tierno, etc.); verbales (Se fue a echar una cana al aire, No es chiche vivir de limosna, etc.).

Locuciones latinas

En latín, hay muchas locuciones que han adquirido carácter universal, como la célebre frase de Julio César al atravesar el río Rubicón: Álea jacta es (“La suerte está echada”); o esta otra del mismo Emperador: Veni, vidi, vinci (“Vine, vi, vencí”); la de los gladiadores romanos cuando iban a morir peleando en la arena del Coliseo: Ave Caesar, morituri te salutant (“Salve, César, los que van a morir te saludan”); la frase atribuida a Sócrates: Nosce te ipsum (“Conócete a ti mismo”); la frase de Descartes: Cógito, ergo sum (“Pienso, luego existo); la frase atribuida a Hobbes: Homo hóminus lupus (“El hombre es lobo del hombre”). Y otras muy conocidas también y empleadas oportunamente como: Vox populi, vox Dei (“La voz del pueblo es la voz de Dios”); Errare humanum est (“Errar es muy humano”).

Locuciones en el español de Nicaragua

Rasgo peculiar del español de Nicaragua y de América en general, particularmente de Colombia, Venezuela y algunos países centroamericanos, es el uso de muchas locuciones adverbiales. Frecuentísimas en nuestro país, son comunes en Colombia, Venezuela, Chile y gran parte de Centroamérica: “Ella viene a verme cada nada” (“a cada rato”); “Con esta jaña voy a la fija” (“a lo seguro”).

La locución adverbial a lo mejor (“tal vez, quizá”), de uso en España, se dice esporádicamente en Nicaragua a la mejor, compartido también por México, Venezuela y Cuba: A la mejor ni viene al casorio.

De ipegüe (registrado en el DRAE de 2001 como uso exclusivo de Nicaragua con el significado “añadidura”), equivale a de yapa (América meridional) y de pilón (México): “Le compré la vaca y me dio de ipegüe el ternero”.

En Nicaragua es bastante general el uso de la construcción lo más + un adjetivo o un adverbio equivalente a “muy + ese adjetivo o ese adverbio”, con matiz superlativo: “Tu esposa es lo más bueno que hay”. “Estoy lo más bien”.

Representativo del habla nicaragüense y de América en general, es el uso de no más con valor de: a) “solamente”: “Le cuesta dos tuzas no más”; b) detrás de adjetivos o adverbios, equivale a un sufijo reforzador: Ponga los tereques ahí nomasito (“ahí mismo, ahí cerca”).

Es abundantísimo en Nicaragua el empleo de la locución la vez pasada con el significado de “hace unos días”, “hace algún tiempo”, “una vez”: La vez pasada lo encontraron dormido en el taurete. Su uso se considera general en muchos países de América, especialmente en la región rioplatense.

La locución desde ya (“desde este momento, desde ahora, a partir de este momento”) es general en Nicaragua y compartido con Argentina, Chile y Uruguay: Desde ya me comprometo a venir temprano a clase. Se trata, como afirma Zamora Vicente, de un portuguesismo brasileño.

En nuestro país, y en general en América, es usual ¿qué tanto? por “¿cuánto?”: ¿qué tanto falta para llegar? ¿qué tanto billullo te dieron de aguinaldo? Zamora Vicente dice que su uso está registrado en el español clásico.

Nicaragua comparte con México y probablemente algún otro país el uso de la locución arriba de con el significado de “encima de”: Puso los tiliches arriba del lavandero.

Es peculiar en nuestro país el uso de un tantito

con valor de “un momento”: esperame un tantito para que vayamos a sacar la miel de la mariola. Y por un tantito, equivalente a “casi”: Por un tantito le dan en la nambira.

Son también abundantes las locuciones adverbiales: de repente (“algunas veces, a lo mejor, de manera impensada”), al tiro (“de una vez, enteramente”), de viaje (“de una vez, totalmente”) y otras: De repente, una garduña se me vino encima. Cuando vi al gamonal, al tiro lo reconocí. La puerta de golpe del corral estaba abierta de viaje.

Como en Honduras, el verbo escapar se emplea con el significado de “casi”: Escapó de caer en el guindo.

La idea de “posible, quizá, talvez”, se expresa con la construcción capaz que: Capaz que venga con todo y cagadera.

Todas estas construcciones dicen mucho de un hablante que crea y recrea sus posibilidades expresivas. Porque el lenguaje, como afirma el ensayista español José Antonio Marina- forma parte de la estructura de nuestra inteligencia¨y nos pone en comunicación con nosotros mismos”. Y Álex Grijelmo agrega: “La manera en que nos comunicamos con nosotros mismos es la manera en que pensamos y razonamos, la forma en que hacemos uso de una herramienta que adquirimos sin esfuerzo durante la infancia y que aún puede crecer y desarrollarse en la madurez”.


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