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Desde hace un mes, Moscú viene ardiendo en un calor de 40 grados (100 grados Fahrenheit) y un smog pesado y pegajoso que irrita los ojos. Los índices de monóxido de carbono han alcanzado niveles críticos, con una concentración seis veces por arriba del máximo permisible. Otras sustancias tóxicas en el aire de Moscú están nueve veces por encima del nivel normal.

En los primeros días de agosto, un periodista llamó a la oficina del alcalde de Moscú, solicitando comentarios sobre la situación. “La oficina está cerrada”, respondió una mujer en la oficina de prensa, y agregó que el smog había penetrado en el edificio de la alcaldía, que está ubicado a menos de 3,2 kilómetros del Kremlin, de modo que todos habían recibido la orden de irse a casa. Era un día de semana, poco después de la hora de almuerzo. “¿Es posible obtener un comentario del alcalde Yuri Luzhkov?”, preguntó el periodista. “No está en Moscú”, respondió la mujer.

De hecho, existen informes de que el secretario de prensa del alcalde les ha dicho a los periodistas que no existía ninguna razón para que el alcalde regresara a Moscú. “¿Por qué debería hacerlo?”, dijo el secretario. “¿Existe una crisis en Moscú? No, no hay ninguna crisis”.

Al mismo tiempo, un médico de un hospital local escribía en su blog: “Es una catástrofe. No hay aire acondicionado en el hospital, no funcionan los ventiladores, el smog está penetrando en todas partes, hasta en el quirófano de la guardia. Todos los días mueren unas 16 o 17 personas. La morgue está llena, y no hay suficientes refrigeradores para los muertos –depositan los cuerpos junto a las paredes”.

Por cierto, de acuerdo con el Departamento de Salud de la Ciudad de Moscú, la tasa de mortalidad se ha duplicado en las últimas semanas. Y aún así el alcalde de Moscú optó por permanecer de vacaciones en el campo. Afortunadamente, los comentarios provenientes de la oficina de prensa de Luzhkov causaron tal indignación pública que el alcalde interrumpió sus vacaciones y regresó a la ciudad.

Uno se pregunta qué habría sucedido si Luzhkov debiera hacer frente a una reelección (su mandato expira en octubre de 2011). ¿Se habría permitido unas vacaciones semejantes mientras su ciudad era azotada por el calor y una niebla tóxica? Por supuesto que no. Pero ni Luzhkov, ni nadie que pueda reemplazarlo, debe preocuparse por la aprobación de los votantes, ya que el Kremlin nombra al alcalde de Moscú, en vez de dar lugar a elecciones libres y justas –una práctica establecida hace unos años por el entonces presidente Vladimir Putin para todos los cargos de importancia en toda Rusia.

Otro ejemplo de esto es la región Nizhniy Novgorod, apenas 400 kilómetros (250 millas) al este de Moscú, que ha sido azotada por la ola de calor y el fuego. Al menos 36 personas, entre ellas 7 niños, han perdido la vida en esta región (en total 52 personas han muerto en la parte europea de Rusia debido al fuego) y más de 1.000 personas se han quedado sin su casa y su sustento de vida.

Una cobertura ingenua poco frecuente del primer ministro Putin, exhibida en los canales oficiales, lo mostraba visitando una de las ciudades en la región. La gente que había perdido su vivienda, su ropa y todo lo demás se quejaba ante Putin de que el gobierno regional y local no les había advertido sobre la llegada del fuego. Prácticamente no había camiones de bomberos. En muchas ciudades y pueblos, no había electricidad, de modo que las bombas de agua no funcionaban. “Nadie ni siquiera intentó salvarnos”, le gritaban a Putin, que estaba acompañado por el gobernador regional, Valery Shantsev.

Una semana después, una ceremonia de inauguración oficialmente dio inicio al segundo mandato de Shantsev en su cargo. Al igual que el resto de los gobernadores rusos, no fue elegido por quienes viven en su región (antes de convertirse en gobernador, era el segundo de Luzhkov). Fue designado por el presidente, y por ende no carga con ninguna responsabilidad de ningún tipo frente a quienes supuestamente debe servir.

Los incendios en la zona europea de Rusia han destruido 190.000 hectáreas de bosques. Los especialistas forestales le echan la culpa a una ley implementada despreocupadamente en 2007 que redujo el 90% de los guardias forestales. La ley fue propuesta por el gobierno y rápidamente sancionada por la Duma, donde el partido de Putin controla dos tercios de los votos. Poco antes de la votación, el orador de la Duma proclamó que el parlamento no es un lugar para las deliberaciones. Por lo tanto, la legislación fue sancionada sin reflexión ni discusión alguna –y los rusos hoy enfrentan las consecuencias.

El verano ardiente de 2010 en Rusia subraya algo que los politólogos reconocen en todas partes. Los regímenes autoritarios, debido a que no dan cuentas de sus acciones, son pésimos a la hora de enfrentar situaciones anómalas. Como controlan los medios masivos de comunicación –primero y principal, la televisión-, los líderes en estos países carecen de la capacidad para prever y calcular posibles riesgos.

Desafortunadamente, la población rusa todavía tiene que atar cabos: la situación trágica en la que hoy se encuentran los rusos es una consecuencia directa de la manera en que votaron en el pasado. La apatía política que caracteriza a la Rusia de hoy plantea un serio desafío para la supervivencia del país.

Sin embargo, pareciera que esta apatía está empezando a disiparse. El verano ardiente de 2010 puede ayudar a los rusos a entender que su existencia depende de si las autoridades pueden o no ofrecer asistencia en tiempos de emergencia. Un régimen que no puede responder a las necesidades básicas de sus ciudadanos no tiene legitimidad alguna.

*Yevgenia Albats es profesor de Ciencia Política en The Higher School of Economics y es editor de The New Times Magazine. Copyright: Project Syndicate, 2010. www.project-syndicate.org