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Estudios psicológicos han documentado que entre las consecuencias derivadas del abandono infantil están la alteración de la conducta, ansiedad, hiperactividad, bajo rendimiento escolar y la alteración del sueño, lo que además impide lograr tranquilidad durante el descanso. A largo plazo, estos rasgos pueden constituir la personalidad de un adulto cuyo comportamiento se caracterice por maltratar a personas y animales, padecer depresión, ser rebelde y, sobre todo, carecer de confianza en sí mismo.

Joe Arpaio, el sheriff del condado de Maricopa (Arizona), es hijo de inmigrantes italianos. Creció sin madre ni padre, pues aquélla murió durante el parto, y éste no se interesó en criarlo, circunstancias por las que vivió su infancia con diferentes familiares, quienes lo acogían o rechazaban, dependiendo de si podían cuidarlo o no. Con este origen y situación, el bebé Arpaio, de hecho fue inmigrante intrafamiliar, condición que debió impedirle crecer con estabilidad y establecer sólidos lazos afectivos, carencia que, como sustenta la psicología, pudo alterarle la conducta, y hacer de él un niño hiperactivo, desobediente, que para ser corregido, en la década de 1930, bien pudo ser sometido a maltratos físicos, considerando el fogoso temperamento de algunos de sus parientes, practicado a medio siglo antes de la Convención Internacional de los Derechos del Niño.

En esas condiciones, con el paso del tiempo, el Arpaio muchacho tuvo, obligatoriamente, que crear mecanismos de defensa para sobrevivir, y quizá por eso, resulta lógico, que se alistara y sirviera a la Armada de los Estados Unidos de 1950 a 1953. Después, durante más de 5 años sirvió a la policía de Washington y Las Vegas, “para servir y proteger”, como reza el slogan de la policía gringa, pero quizá también para tener el poder de joder a otras personas, como un medio de vindicta personal por las afrentas y padecimientos en su niñez. Los siguientes 32 años trabajó como agente especial de la DEA, período en el que fue destinado a Turquía y México, hasta ascender a Director de ésta en la División Arizona, cargo que ocupó 4 años antes de retirarse del servicio activo. En 1992, Arpaio llegó a la Oficina del Sheriff del condado de Maricopa y, desde entonces, con apoyo considerable de los votantes, ha sido reelegido 4 veces. Un artículo de la revista Harper´s, escrito por Barry Graham (abril 2001), lo define, entre otras cosas, como “idealista, megalómano, mentiroso y matón”.

Hace unos años, Arpaio, hoy de 78 años, imitando a los sheriffs del salvaje Oeste norteamericano, tipo John Wayne, dio un espectáculo con “sus” prisioneros. Sacó a los latinos detenidos en una cárcel del condado y, encadenados de pie y manos, los trasladó a otra prisión, desfilando con ellos a pie por la ciudad. A estas personas les impusieron las cadenas sin preguntarles si eran inmigrantes, si tenían documentos migratorios o si eran ciudadanos de los Estados Unidos. Bastó que tuvieran la piel morena o el apellido hispano. Sus agentes llegan en cualquier momento, a edificios, barrios, fábricas, o a cualquier lugar donde se reúnen los latinos o inmigrantes. Arpaio se jacta de haber detenido en dos años a 33 mil inmigrantes ilegales; y para evitar el hacinamiento en las cárceles construyó una casa de campaña gigante, donde prohibió cigarros, café, sal y pimienta; y ha obligado a los reos a vestir uniforme de rayas, y ropa interior y calcetines rosados, color cuya preferencia no se ha explicado por qué.

A Joe Arpaio no le importa que lo critiquen por hacer detenciones basadas en la raza, el apellido o el color de piel, es un racista que no pierde oportunidad para salir en la prensa con algún comentario anti-inmigrante. Para combatir sus tácticas, los inmigrantes han creado sus mecanismos de defensa. La organización Respeto tiene redes para avisarles cuando se enteran de una redada o cuando la migra anda cerca. Algunos se salvan, otros, van a las cárceles de Maricopa, de donde son deportados. La nueva ley migratoria, obligará a todos los jefes policiacos de Arizona a actuar al estilo Arpaio, y un candidato republicano en la Florida ya ha dado muestras de querer imitarlo.

Recientemente, Arpaio fue abucheado en San Diego, California, cuando intentó que lo escucharan unos 150 manifestantes, quienes entre lemas contra el racismo declararon non grata su presencia. Arpaio declaró a la prensa que él estaba en su país y que tenía derecho a visitar los lugares que él decidiera. En su discurso ante un grupo conservador en el Country Club de Rancho Bernardo, Arpaio dijo a unos 200 simpatizantes, que muchos de los inmigrantes sin papeles que él ha arrestado se dirigían a California, y sugirió que el gobernador de ese Estado debería agradecerle por detenerlos antes de que llegaran.

Sin embargo, parece que el sheriff desconoce que entre 1846 y 1848, las pretensiones expansionistas de los Estados Unidos de Norteamérica provocaron la guerra contra México, apropiándoseles de la mitad del territorio mexicano, incluidos Texas, Alta California, Arizona y Nuevo México. Por esta razón histórica, muchos de los inmigrantes indocumentados tienen más derecho de estar en esos territorios que este señor racista norteamericano. Sin embargo, no esa mala idea que se le practique un examen para conocer el estado real de su sospechosa condición mental.


¡Dios bendiga a tantos indocumentados y los proteja de este diablo blanco!