Jorge Eduardo Arellano
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Toronto. El editorial de La Prensa del 5 de febrero, titulado “Bajo la bandera de PJCH”, defiende obstinadamente el derecho de ese periódico a publicar la entrevista que hiciera el periodista Fabián Medina a Anastasio Somoza Portocarrero hace unas semanas. Y al hacerlo, La Prensa revela una pobrísima comprensión del papel que juegan los medios de comunicación en la definición y construcción de la moralidad social en un país como Nicaragua.

La entrevista a Somoza Portocarrero permitió el manoseo de uno de los principales símbolos y puntos de referencia ética que tenemos los nicaragüenses para luchar por una sociedad mejor. Más aún, con esa entrevista, La Prensa apuntaló la amoralidad del somocismo, en un momento en que esa amoralidad amenaza con institucionalizarse nuevamente en nuestro país.

Es necesario, entonces, analizar y debatir las razones que ha ofrecido La Prensa para publicar su entrevista a Somoza Portocarrero. Es necesario evaluar esas razones y su congruencia con la defensa de “la justicia” y “la verdad” que ese periódico proclama en su lema institucional. Hacerlo significa ejercer el derecho y la responsabilidad que tenemos los nicaragüenses de señalar los errores de juicio que comete un periódico que, como La Prensa, cuenta con el poder y la capacidad para contribuir al fortalecimiento o al deterioro de la moralidad ciudadana en nuestro país.

¿De qué “justicia” y “verdad” hablamos?
La Prensa defiende su decisión de publicar la entrevista a Somoza, asegurando que es “una tribuna para la búsqueda de la verdad y la defensa de la justicia, y por lo tanto una vitrina pública en la que se informa de todo lo que tiene valor noticioso e interés ciudadano, lo mismo que se entrevista y presenta a personas ‘buenas y malas’ dejando a los lectores la potestad de creer o no lo que dicen los entrevistados”.

La contradicción que encierra esta frase es alarmante.

La Prensa se define como un periódico que busca la verdad y que defiende la justicia. Al mismo tiempo, se percibe a sí misma como una “vitrina pública” en la que se ofrecen artículos de toda clase, “buenos o malos”. Es decir, dice defender la verdad, pero se autodefine como un escaparate para la exhibición de cualquiera: honestos y mentirosos, abusadores y abusados, víctimas y victimarios. Peor aún, traslada a los lectores la responsabilidad de determinar quién miente y quién dice la verdad desde sus páginas.

La posición de La Prensa es ética y profesionalmente indefendible. Si la verdad es un objetivo de ese periódico, su línea editorial debe contribuir a buscar, proteger y defender esa verdad contra los que hacen de la mentira una forma de vida. Así lo hizo PJCH. Por eso lo mataron.

Los medios y la construcción de la moralidad social
Los medios de comunicación no son simples transmisores de información. Ellos forman opiniones y contribuyen a definir las prioridades temáticas y los parámetros éticos y morales que rigen a una sociedad.

La participación y el poder de los medios en la construcción de eso que llamamos “la realidad social” es más evidente, cuando un periódico con el poder y la influencia que tiene La Prensa, decide crear una noticia de “interés nacional”.

Las opiniones de Somoza Portocarrero sobre su padre, la amante de su padre y él mismo, no eran noticia hasta que La Prensa publicitó a bombo y platillo su entrevista con el frustrado heredero del somocismo. Puesto de otra forma, Somoza Portocarrero no era noticia hasta que La Prensa decidió darle “valor noticioso” y dignidad normativa a sus palabras.

El problema, desdichadamente, no termina aquí. La Prensa pudo, al menos, haber actuado con la inteligencia, la intuición y el conocimiento que se espera de un periódico con más de XX años de experiencia profesional. No lo hizo así. Y con una ingenuidad que cuesta digerir se lanzó a una entrevista con Somoza Portocarrero para responder la pregunta: “¿Quién asesinó a Pedro Joaquín Chamorro?”

La Prensa debe entender que el enrevesado candor que se expresa en la pregunta que orientó la entrevista de Fabián Medina justifica la ansiedad de los lectores y comentaristas que han puesto en duda sus motivaciones para hacer y publicar las declaraciones de Somoza Portocarrero. ¿De verdad pensaba La Prensa obtener una respuesta confiable de su entrevistado? ¿Contemplaba La Prensa la posibilidad real de que Somoza Portocarrero aceptase su responsabilidad, o la responsabilidad de su padre, o la del régimen que él representa, en ese asesinato?
Más allá de toda la aparente candidez mostrada por La Prensa --un periódico que arrogantemente declara que no acepta lecciones de nadie: ¿Piensa ese periódico que Somoza Portocarrero tiene la estatura moral como para evaluar el significado de Olama y Mollejones, o el “valor político” y el “valor simbólico” de PJCH, o la validez del testimonio vertido por PJCH en Estirpe Sangrienta y otros temas sobre los que opina el entrevistado, aprovechando una entrevista que solamente puede calificarse como obsequiosa?
Obsequiosa, porque en esa entrevista se evitaron las preguntas que por la justicia y la verdad que La Prensa dice defender tenían que haberse hecho. La Prensa explica que no quiso hacer preguntas de fondo porque la entrevista no fue hecha “para hablar sobre otros asuntos en los que estuvo involucrado (Somoza Portocarrero) cuando fue alto oficial de la Guardia Nacional . . .” . ¿Otros asuntos?
La Prensa decidió separar el asesinato de PJCH, del contexto social, político e institucional dentro del cual se realizó ese crimen, a pesar de que el régimen que activamente apuntaló y defendió Anastasio Somoza Portocarrero está irremediablente ligado al asesinato de PJCH, de la misma manera que el Holocausto Judío está inevitablemente ligado a la ideología, naturaleza y prédica del gobierno de la Alemania Nazi.

Fabián Medina tuvo frente a sus ojos a uno de los principales y más obvios responsables del asesinato de PJCH. Y con inexplicable inocencia decidió hacer una descripción de la apariencia física de Somoza, y una entrevista para responder la pregunta: “¿Quién mató a PJCH?” Todo esto, después de que el 14 de agosto del 2000, luego de otra entrevista al mismo Somoza Portocarrero, La Prensa declarara y reconociera: “nuestra opinión es que él (Somoza Portocarrero) trata de justificar en términos generales al régimen somocista, pretende demostrar que es honrado el origen de la multimillonaria fortuna de la familia Somoza y niega que hubieran cometido crímenes de guerra ni de lesa humanidad”.

El manoseo de un símbolo
“Bajo la bandera de PJCH” es el desatinado título del desatinado editorial de La Prensa del 5 de febrero pasado. En Nicaragua, desdichadamente, las banderas son usadas como mamparas para ocultar la verdad. Sobre ella se estampan las firmas de pactos y componendas inconfesables. Con ellas se cubren las espaldas --literalmente-- algunos de los principales responsables de la miseria en que se encuentra hoy nuestro país. Así las cosas, PJCH no es una bandera. No en Nicaragua, donde las banderas no valen nada.

PJCH no es un trapo para limpiar nuestras inmundicias. Es un ejemplo de coraje y dignidad ciudadana en un país en donde hoy, desgraciadamente, escasean esos valores y florece el cálculo pragmático de la conveniencia. Ese cálculo lleva a muchos al silencio, frente a los atropellos del gobierno actual, o frente a los desatinos de un periódico como La Prensa.

Afirmemos entonces que PJCH es un símbolo que todos los que soñamos con una Nicaragua democrática y justa debemos proteger, por el respeto que se merece la memoria del Mártir de las Libertades Públicas y porque hoy, más que nunca, necesitamos de un Norte ético que nos ayude a salir del pantano en que nos encontramos. PJCH es ese Norte.

Cualquiera que lea los editoriales de PJCH, o sus libros, encontrará en ellos el ejemplo de una defensa sin compromisos de la verdad. La verdad, para PJCH no la definía la conveniencia. Es por eso que para PJCH el enemigo de su enemigo no era necesariamente su amigo, ni su aliado, ni su vocero, ni su instrumento de guerra. En La Patria de Pedro: El Pensamiento de Pedro Joaquín Chamorro se lee: “seguiré publicando, mientras Dios me dé fuerzas, toda clase de abusos, sea que se cometan contra un liberal, un conservador, un socialcristiano, un agüerista, un somocista, un sindicalista, un fascista o un comunista. Porque para mí, renunciar a dejar de publicar esas verdades sería como renunciar a mi conciencia y eso no puedo hacerlo, aún a riesgo de perder todo lo que tengo, incluso la vida.”

La Prensa hoy no responde a la ética de la verdad por la que vivió y murió PJCH. Para La Prensa la verdad se define utilitariamente y es cualquier cosa que contribuya a promover sus intereses coyunturales. Por eso ha dejado de ser lo que antes fue: “el diario de los nicaragüenses”.

* El autor está escribiendo un libro sobre la ética y la visión sociológica que orienta el pensamiento político de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal.