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El nueve de agosto del año en curso, en los medios informativos tuvimos la oportunidad de observar las secuelas de nuestro reciente pasado bélico cuando un grupo de ex combatientes del servicio militar patriótico reclamaba atención médica para uno de sus miembros, el cual sufrió la amputación de sus piernas producto de sus heridas.

La forma de cargarlo y lo impactante de sus heridas me trasladó a aquellos días cuando miles de jóvenes fuimos llamados a filas del entonces Ejército Popular Sandinista a cumplir el servicio militar patriótico, decreto 1327 que fue publicado en la Gaceta diario oficial el 6 octubre de 1983.

Muchas reflexiones bullían por mi mente y la principal es el olvido en que pronto cayeron estos héroes de nuestro tiempo y que hoy ya cuarentones enfrentan la vida difícilmente y más aún los lisiados de guerra, huérfanos de guerra, madres de caídos, que aún no tienen una pensión, ( o talvez es insuficiente) esta existe por ley pero a menudo se desconocen los canales respectivos y la falta de orientación en algunos casos de las organizaciones que los representan, espero no sea el caso de la asociación de cachorros.

De 1990 a 1992 todos los oficiales del EPS y del MINT que pasaron a retiro fueron beneficiados con vehículos, fincas, casas, terrenos, capacitación para su reinserción en la vida civil así como indemnización económica.

Muchos dirigentes de estas organizaciones ocuparon influencias y se vieron envueltos en escándalos, fraudes de índole económica, algunos todavía enarbolan reinvincaciones, hicieron de ellas su modus vivendis, en cambio, los cachorros después del cierre de la casa nacional de apoyo a los combatientes a comienzo de los 90 pasaron al olvido y su gloria y gesta fue olvidada.

A partir del 90, nunca hubo un programa real de reinserción a la vida social y económica, a las madres de caídos que recibían pensiones en la década de los 80, el gobierno de Violeta Barrios con el cambio de moneda les pagó una pensión miserable así como a muchos miembros de la ex resistencia víctimas de la guerra.

Los cachorros tuvieron que librar su batalla solos, los gobiernos neoliberales argumentaron que el culpable de su situación era el partido que los había llevado a la guerra, pero por ley el Estado debía responder por los ex miembros de un ejército constitucional que sufrieron secuelas en cumplimiento de su servicio y no solo era responsabilidad del gobierno de turno.

Los cachorros que protestaban frente al Hospital Militar con un lisiado de guerra, fueron atendidos inmediatamente por la institución a la cual un día sirvieron. En ese momento les fue reconocido públicamente su derecho a ser atendidos en ese hospital; Humberto Ortega decía en este periódico hace algunos meses que el servicio militar patriótico contribuyó estratégicamente en la modernización del ejército de Nicaragua esto a mi entender, dada la cantidad de miembros que se integraron con un alto nivel de escolaridad a la oficialidad de forma permanente. Así como por su inserción a las unidades de combate donde el personal permanente apenas llegaba a un siete por ciento.

Pero el Ejército de Nicaragua, 20 años después de firmado el armisticio y la abolición de la ley del servicio militar obligatorio jamás ha presentado estadísticas sobre el reclutamiento, bajas, lisiados y heridos del servicio militar, no figuran específicamente en la memoria histórica del ejército y la Historia militar de Nicaragua presentadas por el coronel Francisco Barboza y la institución castrense en el año 2009. Estas cifras nos podrían dar ideas sobre la dimensión del problema.

Esto debe servirnos para reflexionar y no pretender el surgimiento de grupos armados con fines políticos, con la guerra de los ochentas tuvimos guerra para mil años.

Las imágenes de los cachorros cargando a un herido me remontaron a la montaña, me comprenderán aquellos que han combatido, por ética y respeto a los discapacitados no se debe utilizar el drama humano para atacar de manera oportunista al gobierno del FSLN y pretender sacar réditos políticos, es hacer escarnio de su tragedia y debemos respetarlos, sin exonerar a nadie de culpas al fin y al cabo en mayor y menor grado todos tenemos responsabilidad con ellos, los que nos fuimos voluntarios, los ex miembros de la dirección nacional del FSLN, la junta de gobierno, los ex comandantes guerrilleros, poetas, escritores y cantantes de nuestras hazañas los ex diputados de los ochentas que aprobaron la ley, la Asamblea Sandinista, los partidos adversarios que apoyaron la guerra, los medios de comunicación que apoyaban nuestra lucha, todos tenemos una parte en el problema. Las propuestas de solución deben ser ágiles, constructivas y de corto y mediano plazo, me consta que los lisiados son objeto de programas de atención del gobierno pero este debe ser más beligerante, más abierto. Nuestros cachorros se nos están muriendo en el olvido, cada sandinista en su barrio y comarca sea cual sea su tendencia debe buscar al discapacitado y brindarle la mano para ser objeto de los beneficios de ley.

El gobierno actual y el sandinismo en el sentido más amplio de la palabra tiene una deuda moral inmensa con los cachorros, si bien se ha dado una respuesta parcial a través de la comisión de reconciliación y paz presidida por el cardenal Obando y Bravo es hora de volver diligentemente por aquellos lisiados de guerra, madres de héroes y mártires que aún viven y no tienen pensiones. Se debería retomar el capítulo especial para la atención de los cachorros y los lisiados de la ex Resistencia nicaragüense.

Muchos de ellos vagan en el alcoholismo, el desempleo y la desintegración del núcleo familiar, otros han tenido mejor suerte, pero ante todo deberán organizarse y reclamar por que sus derechos y los de sus hijos estén plasmados en las leyes de la república así como fortalecer las organizaciones de veteranos de guerra, tener la capacidad para poner al frente de las mismas a los más capaces, los más honestos sin afán de protagonismos personales, protagonismos que han llevado a desaparecer a organizaciones similares, tener el olfato para detectar a aquellos que con afán de un cargo público o partidario, candidaturas y proyectos personales quieren sacar lustre del sacrificio ajeno, exigir representación y reconocimiento en la comisión de reconciliación y paz, hacer nuestras organizaciones funcionales y autosuficientes para beneficiar a sus miembros.

Muchas respuestas pueden encontrarse en la solidaridad de ex compañeros de armas, es una responsabilidad compartida principalmente desde el Estado, gobierno de Nicaragua, organizaciones y la sociedad en general, solo así podremos ayudar a nuestros hermanos lisiados y combatientes a enfrentar la dura batalla por la vida en una Nicaragua difícil pero optimista, personalmente siempre me sentiré orgulloso de mi emblemático sombrerito de cachorro. Opiniones diferentes habrán y las respeto pero ante todo deberemos enfrentar la nueva lucha, por nuestro bienestar, por una vida digna en la cercana tercera edad, por nuestros derechos, es como trepar juntos nuevamente un cerro empinado para buscar en la cúspide una mejor posición de combate, se requiere de mucho valor hermandad y tesonería. Hagámosle “güevo” camaradas que esta nueva batalla apenas está comenzando.