Jorge Eduardo Arellano
  • |
  • |
  • END

El daño que ha hecho a este país la decisión de La Prensa de publicar y promover una peligrosa revisión histórica de la mano de un dictador es incalculable, sobretodo en las nuevas generaciones. Más lamentable aún ha sido la defensa de este trágico hecho, bajo explicaciones que sin el menor sentido autocrítico escamotean los argumentos de fondo.

Uno de estos argumentos es la decisión política tomada por La Prensa de publicitar --con bombo y platillo--, la versión del dictador sin el cuidado necesario que implica escarbar la historia nacional y que definitivamente no puede hacerse con esta ligereza. En este sentido, el periodismo objetivo no consiste en superar el simple maniqueísmo de entrevistar a “buenos y malos”, sino en situar la versión del entrevistado en su contexto histórico, es decir, contraponerlo con los hechos. Hablar de un hito nacional, como es la muerte de PJCH, no puede hacerse aislando al personaje del momento histórico en que tiene lugar. Sin embargo, dicha publicación niega desde el inicio esta posibilidad, y sacrifica la “búsqueda de la verdad” al privilegiar una versión sin contrapesos. El problema con este malentendido periodismo objetivo es que termina por anularse a sí mismo.

Por otro lado, la publicación de esta entrevista no es --a como nos quieren hacer creer--, el ejemplo per se de libertad de expresión. Al contrario, el valor de este principio podría entenderse si se mostrara la contradicción entre el autoritarismo que encarnó la dictadura de los Somoza y la libertad de expresión invocada. Sin embargo, en ningún momento se recuerda que quienes lucharon por la libertad fueron el blanco de este régimen y sufrieron la persecución, la tortura y la muerte. Por ello, la contradicción entre éste autoritarismo y el derecho invocado para justificar la promoción del dictador, es tan abiertamente violenta, que no sorprenden las reacciones. Al respecto, cometen un error los que desestiman y consideran las críticas como resultado de los sentimientos que resurgen. La verdadera razón es producto de la tensión que emana de aquello que no se escribe y que es tan importante como lo que se escribe. Ni hablar de la desagradable promoción de Somoza bajo la imagen de exitoso empresario con “porte de caballero”. No resulta extraño pues, que dicha publicación sea percibida como una bofetada a la historia de este país y un verdadero insulto a todos los que lucharon contra esta sangrienta dictadura y pagaron el precio con su muerte.

¿Pero cómo explicar esto? ¿Acaso las razones puedan encontrarse en motivos tan mezquinos como las ventas del periódico o la imposición de la línea editorial y el trasfondo político de la misma? ¿Podría ser que estemos presenciado la clausura de una época en la que figuras como PJCH todavía representaban la decisión ética del periodismo? Quizás somos testigos de un giro dañino y peligroso que obliga a fortalecer las reservas del periodismo, la salvaguarda de la memoria histórica y el compromiso contra cualquier forma de tergiversación de la historia, provenga tanto de la derecha como de la izquierda.

He leído varias entrevistas a dictadores en las que se interrogan los hechos que la historia no puede desmentir. Contrario a lo que dice La Prensa, estas entrevistas no son consideradas panfletarias. En ellas, cuando el dictador hace uso de la arrogancia y el cinismo para justificarse, el periodista no cede sino que cuestiona. En ningún momento evita la controversia, al contrario, la confronta, pues sabe que su labor es devolverle el sentido a las palabras, protegerlas del cinismo. Lastimosamente, cuando Somoza intenta reivindicarse como personaje histórico de este país, argumentando para ello la falacia de su buena voluntad, el periodismo no asoma. ¿Acaso sería hacerlo promover un periodismo de propaganda? ¿Es Robert Fisk periodista de propaganda –por nombrar a uno de los mejores periodistas independientes en la actualidad- por criticar la hipocresía de las democracias occidentales frente al mundo Oriental? ¿Por recordarnos el delirio del poder que padecen los gobernantes frente a la sangrienta realidad que padece el mundo? Por favor.

Es realmente grave que un medio de comunicación no encuentre entre sus principales objetivos impartir verdadera cátedra de Periodismo. Algo a lo que por lo visto renunció como podemos verificar en su Editorial del martes 5 de febrero. Frente a eso, uno no puede más que preguntarse: ¿Si se renunció al periodismo, desde dónde asumir la responsabilidad de esta publicación? ¿Y no es acaso lamentable que se niegue la legitimidad de las opiniones críticas y por el contrario se nos exija la tolerancia --como sinónimo de complicidad-- de la mano de un dictador? La búsqueda de la “verdad y la justicia” no es colocar las luces del escenario para que suban a la tribuna la infamia y el cinismo; sino hacer un esfuerzo por descubrir las palabras que atentan contra ellas. A eso le seguiremos apostando.