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Preguntado el filósofo alemán Hegel, sobre cómo definía la historia, su repuesta fue: “La historia nos enseña que el hombre no aprende nada de la historia”. Otros historiadores manifiestan que si la historia de una civilización se concibe con inteligencia, puede ser instrumento de civilización, y puede estar en aptitud de señalar en qué dirección se está moviendo una sociedad dinámica. Los hechos indican que Nicaragua ha tomado nuestra irracional historia, no como enseñanza, sino como manual para continuar dentro del desorden y anarquía.

Los eventos actuales no están divorciados del pasado. Los más llamativos fueron el de Fruto Chamorro, quien fuera el Primer Presidente de Nicaragua. En su discurso inaugural, al igual que Luis XIV, dio a entender “El Estado soy yo”. Convocó una Asamblea Constituyente para redactar una Constitución que confiriera mayores poderes al Ejecutivo, y sin haber elaborado el nuevo Código, la Asamblea otorgó estos poderes al nuevo sistema y lo nombró Presidente, posponiendo el voto popular. La actitud de Chamorro dio origen a la Guerra Nacional (1854), para culminar con la presencia del filibustero William Walker. Lo mismo sucedió con la llegada del Gral. José S. Zelaya al poder en la contrarrevolución de 1893. Convocó una Constituyente, y la Asamblea lo nombró Presidente. Aunque se elaboró una Constitución que se ha considerado una de las más avanzadas (en lo escrito) que ha tenido Nicaragua en varios aspectos, pero se evadió, lo que es esencial para el establecimiento de sistemas democráticos y de orden, lo concerniente a la libertad electoral, el juzgamiento de actos del gobernante y los derechos y garantías de los ciudadanos. Estas vivianadas se conjugaron con las anteriores para dar paso a la anarquía socio-política que nos ha cobijado en nuestra vida republicana. Las continuas violaciones a nuestra Constitución, leyes, irrespeto a los Poderes del Estado, tramoyas, nos han enmarcado dentro de la ilegalidad, ilegitimidad y propiciado el fortalecimiento de la anarquía.

El espectáculo continúa. Se siente que Nicaragua no ha logrado superar la psiquis de la colonización. En el poco proceso de desarrollo que la región tuvo durante la colonia y post independencia, siempre fuimos los menos desarrollados. Tanto en el comercio, agro, industria, arte y educación fuimos los últimos en dar ese salto cualitativo que los países necesitan para su evolución, como consecuencia de la violencia generada. La población adquirió un defectuoso concepto del Estado y sus Instituciones; del Estado Social, cayendo en un masoquismo que se mezcla con la carencia de la auto-estima y auto-respeto.

Qué podemos esperar de un país en donde no se respeta la simple luz roja del semáforo, mucho menos las leyes y la Constitución de la República. Hasta el día de hoy ha habido 29 cambios parciales, radicales y totales de nuestra Constitución Política, todos ellos provocados por la permanencia en el poder. Entre los lamentos y justificaciones, siempre se escuchan las aberrantes y estúpidas opiniones que Somoza, Alemán, Ortega, o tutti cuanti, era mejor o peor porque daba más o menos por las compras de conciencia, o repartían más favores, etc. Lo que tenemos que sopesar es el legado de las secuelas mentales y morales que esos delitos han dejado y socavado las estructuras de una sociedad. El delito será siempre delito, sin importar en qué año o siglo se haya efectuado, o quién o quiénes hayan participado. Para el nicaragüense esto constituye una genialidad o viveza. Romper el orden Constitucional es un delito contra la soberanía y la seguridad interna de cualquier país.

En este laberinto sociológico se producen toda clase de fenómenos. El Estado y el ejercicio de la política han caído en una degradación intolerable, proyectando una falta de seriedad y respeto. Pareciera que los grupos políticos fueran franquicias de McDonald o Burgerking, cuando se refieren a presentar ante el Parlamento un “paquete de Combo 2, 3,4,”etc. La actual escogencia de Magistrados de la más alta investidura legal de cualquier país, nos enmarcó y enseñó que el Sistema Judicial alcanzó el nivel de chalupa o bingo, dejando a un lado las normas establecidas de capacidad, conocimientos y honestidad. Las Magistraturas se reparten a bases de convenios violentando el orden Constitucional, y lo peor del caso con alguien que tiene delitos pendientes con la justicia.

Un país que se rige más por las inclinaciones partidarias que por verdaderos proyectos de seguridad económica ha impactado profundamente en la mente de la población. Se ha desarrollado un concepto vano de desprecio a los valores morales y a la vida en sí. Somos testigos cómo los vehículos de transporte público urbano y rural son conducidos por verdaderos hotentotes, quienes sin ningún escrúpulo juegan con la vida de pasajeros, ante la mirada impávida y complaciente de las autoridades.

En reciente entrevista en el Canal 4 el comandante Tomás Borge expresaba que en este país no hay detenidos políticos ni exiliados, que se trabaja en proyectos sociales, alfabetismo, etc. Pero el Comandante olvida que los ciudadanos tienen derechos civiles, y que el actual gobierno está haciendo exactamente lo que hicieron Chamorro y Zelaya. Y para suprimir esos derechos se utilizan grupos de choque que agreden con apología de la violencia; por mencionar algunos, el caso del misionero católico Sr. Juan Boschi, o de los estudiantes golpeados salvajemente, presenciado en la TV, o el de los hechos ocurridos recientemente en la UNAN en León, que traspasa los límites de la decencia y razón. Catedráticos agredidos, ultrajados, golpeados por estudiantes enmascarados y armados con los famosos morteros-considerados armas por la reciente reforma del Código Penal- sin que la Policía interviniera. De qué sirve el Código Penal? Ya se volvió una gracejada el uso de máscara o disfraz para ocultar la identidad y efectuar cualquier tipo de delito. El uso de antifaz es permitido y reglamentado para las fuerzas especiales de nuestra Policía y Ejército, pero es insólito que las autoridades permitan que estudiantes o cualquier ciudadano usen máscaras que señalan de antemano la premeditación del delito (Ver Cabanella). Estimo que los jóvenes estudiantes están confundidos con la absurda idea de que Autonomía significa inmunidad e impunidad. La Autonomía es administrativa, y no el establecimiento de una República dentro de otra República. El Gobierno y las autoridades callan. Personas conscientes no estamos en contra de los proyectos sociales: alfabetismo, salud, vivienda. Pero sí estamos contra la manipulación y la demagogia. El proceso de alfabetizar es un logro loable y es el primer paso para alcanzar la formación integral de la sociedad, pero es el proceso de educación y culturización plena la que enseña a un pueblo a razonar y racionalizar sus actitudes y aptitudes. No se puede obviar que la mayoría de los países de América Latina no han logrado superar la infamante injusticia social, pero es absurdo lograr superar estos cambios institucionalizando la violencia y el caos, que es la justificación de los caudillos que emergen en estas circunstancias. Si a nuestros pueblos no se les enseña orden, ley y especialmente educación, siempre estaremos girando en círculos.

El discurso gastado de los partidos políticos es de ayudar al pobre y luchar contra la pobreza. La realidades que la pobreza es la mejor industria para ellos. No se sale de la pobreza, porque ésa es la fuente del voto y la manipulación aprovechándose de la ignorancia. La historia ha sido que el que llega al poder no lo quiere dejar, y la oposición quiere encaramarse, para luego no hacer nada. Desde 1821 ésa ha sido la consigna.

La ley sigue siendo una utopía en Nicaragua, y cada día que pasa la anarquía se afianza peligrosamente y sustituye a la ley y la razón. En términos sociológicos, la anarquía tradicional, pone en práctica la violencia y el caos, y todo indica que aquí se ha escogido la forma tradicional de someter a la ciudadanía por el miedo, usando una de las consignas anarquistas: “En donde hay autoridad; no hay libertad”.

Abundan las lamentaciones y análisis, pero si queremos ser un país de orden y salir realmente de la pobreza, tenemos que ser un país de orden y regirnos por la ley sus reglamentos y aplicarla en donde hay que aplicarla. Dejemos de creer que somos los genios de la política. Se tiene que terminar con las marrullerías y el parasitismo político; frenar la formación de mini-partidos que ni siquiera llenan las especificaciones requeridas por la Ley Electoral, pero se les permite sobrevivir para el uso del chantaje, negociación o cualquier trabajo sucio. Las pseudodemocracias de que tanto se cacarea, han sido para beneficio de los familiares, compadres y amigos de turno, o ejercer el revanchismo partidario, y cuando el gobernante o dictador ofrece o da una concesión, se jacta de su poder y se acepta como una regalía, cuando es deber del gobernante el darla y derecho del ciudadano el recibirla. Ojala esta tendencia termine algún día y nos convirtamos en una sociedad y un país constructivo.


*Diputado Suplente MRS.

Microbiólogo- Estudios de Ciencias Políticas.