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Desde el Asia Oriental nos visita un circo de la capital de la tercera nación más extensa del mundo: el “Circo Chino de Beijing”. Sin embargo, para los hispanohablantes la capital de China - el país más grande de Asia del este y el más poblado del mundo con más de 1.300 millones de habitantes- no es Beijing sino Pekín, a pesar del Circo y a pesar de los Juegos Olímpicos Beijing 2008. Veamos por qué, y sobre todo recordemos –con el apoyo de enciclopedias y obras especializadas- la forma hispanizada de algunos nombres geográficos.

Topónimo es una palabra de origen griego (topos, lugar y onymos, nombre) que significa -según el Breve diccionario etimológico del académico mexicano Guido Gómez de Silva- “nombre propio de un lugar u objeto geográfico”; y exónimo (también de origen griego: ex, fuera, y onymos, nombre) es el “nombre de un lugar cuando es diferente de su nombre en el idioma local”. Así, la capital de Inglaterra, London, es un topónimo para los ingleses y un exónimo para nosotros, porque lo escribimos y pronunciamos Londres; igualmente sucede con la ciudad francesa de Saint-Jacques-de-Compostelle, que es un topónimo para los francos, pero un exónimo para nosotros, porque su grafía es Santiago de Compostela. Nombres como la ciudad francesa de Córcega (Corse) o la alemana Núremberg (Nürnberg) o la italiana Turín (Torino) son en realidad exónimos.

Todos estos topónimos (todo exónimo es un topónimo) tienen su grafía española, forma hispanizada de larga tradición en nuestro idioma. A veces, no hay una forma española bien asentada o conocida para designar el nombre de un lugar determinado; sea por caso la ciudad y provincia canadiense de Quebec (en francés Québec), que en español se pronuncia como palabra aguda /kebék/. Lo mismo ocurre con Ottawa, nombre de la capital del Canadá, que en inglés es esdrújula, y en español es grave o llana, /otáua/. También Canberra, ciudad y capital federal de Australia; Ghana, el estado de África occidental; y la ciudad italiana de Génova. El Niágara, río de América del Norte que forma las famosas cataratas de 50 metros de altura, igualmente conserva la grafía inglesa.

En otras ocasiones, la forma española de un nombre extranjero coincide con una designación también extranjera, como el caso de las dos ciudades alemanas llamadas Frankfurt (del Main y del Oder), que tanto en español como en francés se escriben Francfort. En Nicaragua, sobre todo en ocasión de la famosa feria del libro, se ha escrito con frecuencia Frankfurt, como en alemán.

A veces, el topónimo tiene nombre de origen español como el estado norteamericano de Texas, que puede ser denominado por esa razón Tejas. Hay pues motivo suficiente para preferir la forma hispanizada, sobre todo porque el adjetivo derivado que empleamos no es texano sino tejano.

El empleo de los topónimos, en sus formas hispanizadas, es obviamente recomendable. Obsérvese los distintos nombres del río que en español conocemos como Danubio. Este famoso río de Europa Central de 2. 850 km de longitud -el segundo de Europa después del Volga- que bordea o atraviesa siete países -del nacimiento (Alemania) a la desembocadura (Mar Negro, en Rumanía)- recibe un nombre particular en la lengua del país por donde pasa: Donau, en Alemania; Dunaj, en Eslovaquia; Dunav, en Serbia, Croacia y Bulgaria; Dunárea, en Rumanía. En Hungría recibe el nombre de Duna. En abril recién pasado y desde el imponente mirador El Bastión de los Pescadores pude apreciar -en compañía de mi esposa Carmen y mi hijo Luis Alfonso- el espectáculo nocturno de este inmenso río que une mediante largos y luminosos puentes las dos antiguas ciudades (Buda y Pest) que conforman ahora la capital húngara: Budapest.. Otro río importante de Europa Occidental es, en su forma española, el Rin (1. 320 km de longitud), que en alemán se llama Rhein, en neerlandés Rijin y en francés Rhin.

En cuanto al nombre del estado asiático situado entre Vietnam y Tailandia, en español es Camboya. Manuel Seco, en su Diccionario de dudas, afirma que no debe emplearse Cambodia ni Cambodge. Tampoco hay fundamento serio para usar el nombre indígena Kampuchea. Lo mismo hay que decir en cuanto a los adjetivos derivados: solo debe usarse camboyano.

Beijing, así escrito por los distintos periódicos, lo conocemos particularmente por el famoso congreso internacional de género, en el que participaron muchas mujeres de distintos países de todo el mundo.

En un artículo reciente sobre esta cuestión, Juan Puig afirma: “Cuando el nombre de una ciudad (y de cualquier cosa) tiene un modo de decirse en español, digámoslo en español. En la transliteración de Beijing, la be no es la nuestra, ni la jota, ni desde luego las vocales: esa palabra no está en nuestra lengua. El nombre de Pekín, en cambio, ha existido en español por siglos”.

Y Manuel Seco, en la obra citada, explica que el nombre tradicionalmente dado en español a la antigua capital china es Pekín, forma hispanizada que recomienda también el Diccionario Panhispánico de Dudas.

La Agencia EFE ya dio el paso esperado:
EFE/Pekín. El equipo chino de gimnasia ha dado un disgusto a sus rivales, al confirmar en la jornada de clasificación de los Juegos de Pekín que no ha dejado ni un cabo suelto. (END/10/09/08)
Recapitulemos. Topónimo es el nombre propio de un lugar (London, para los ingleses) y exónimo es el nombre de ese lugar cuando es diferente de su nombre en el idioma local (Londres, para los hispanohablantes). Los topónimos citados en este artículo son los siguientes exónimos: las ciudades francesas Santiago de Compostela y Córcega, las ciudades alemanas Núremberg y Francfort, las ciudades italianas Génova y Turín, la ciudad de Canadá Quebec y la capital del país Ottawa, la ciudad y capital federal de Australia Canberra, el estado de África occidental Ghana, el estado estadounidense Tejas, el estado asiático Camboya, la capital de China Pekín, las cataratas del Niágara y los ríos europeos Rin y Danubio.


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