Jorge Eduardo Arellano
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No hay que dejar de sorprenderse por la propuesta de la “concertación ya” de Humberto Ortega, consigna a veces provocadora y con algunas súplicas del fanatismo convergente. Esto viene a cuento por la aparición de un campo pagado por Humberto Ortega en los dos periódicos matutinos el día 6 de febrero del año en curso, el
Miércoles de Ceniza, como dice él: El inicio de la cuaresma, tiempo para tener un voto de confianza de los políticos religiosos, para confesarnos y llegar a la “concertación ya”. Esto no es más que una ironía de Humberto. Así lo entiendo, por el momento.

En el campo pagado, Humberto trata de presentar la historia a tu manera. No es la primera vez que usted, Sr. Ortega, se arroga el derecho de autoproclamarse el estratega de la insurrección, el historiador moderno de Nicaragua o posmoderno, como se le quiera llamar. Trata de rescatar la historia del Frente Sandinista y a la vez de Nicaragua. Ensayos muy difíciles: Interpretar la historia, transformarla y, además, conciliarla, sobre todo porque la Revolución Popular Sandinista de 1979 no está lo suficientemente estudiada o analizada.

Anoto lo anterior porque el mensaje de H. Ortega dirigido a los políticos o a la Nación, no explica el carácter del entendimiento al que podemos llegar. Cree que el actual presidente, su hermano, está asumiendo la estabilidad del gobierno al encontrarse bilateralmente con los distintos organismos, tanto empresariales como gremiales o sindicales, pero la “concertación ya” no se hace con proclamas o con documentos publicados en medios informativos.

El Sr. H. Ortega trata de rescatar la historia de Pedro Joaquín Chamorro que, dicho sea de paso, ya está bien definida y redimida por sus propios familiares e historiadores amigos y no amigos. No creo que hoy necesite de aduladores.

Dos puntos voy a tomar sobre el campo pagado del Sr. Humberto Ortega: El primero es cómo se organizó la insurrección en general; y el segundo, el llamamiento a la concertación. Este último obedece a un fanatismo político sectario que se encuentra en las filas del Frente Sandinista bajo la dirección de Daniel Ortega y al que hoy se suma el Sr. Humberto Ortega. Estas personas son políticos de corto alcance que tratan de alinear una política de unidad indefinida a lo que basta decir: cedamos todos, como si el pasado no pesara sobre nuestro pensamiento.

En estas condiciones la estabilidad no se consolida por ceder, aún tenemos que responder a la población sobre la década de 1980. No es cierto, como afirma Humberto Ortega, que con la iniciativa del Presidente de la República, se pueden acordar medidas concretas que moderen la pasión de las elecciones municipales. Daniel Ortega trazó una línea de conducta diseñada a su imagen y semejanza en la campaña electoral de 2006 bajo la consigna de Reconciliación y Unidad Nacional y ésta se convirtió en una farsa una vez ganadas las elecciones. El cambio de promesas no fue más que un acuerdo en defensa de sus intereses, creados al calor de la revolución sandinista y su política exterior.

La concertación, la unidad, la convergencia y otras más no están a la altura de los acontecimientos de cara a la globalización. La política económica de globalización que proyecta el gobierno de Daniel Ortega es tan atrasada que pesa todavía en él.

Por otro lado Humberto, la insurrección no se organizó bajo tu dirección únicamente, en todo caso ésta fue presentada y argumentada por Carlos Fonseca Amador, quien fue el primero en plantearla a la dirección del Frente Sandinista en 1975.

Cuando yo me encontré con tu hermano Daniel en 1976, en un lugar de Masaya, fue precisamente para trazar una estrategia insurreccional, pasando primeramente por la guerrilla que no estaba acabada tal como lo anotas en el campo solicitado de los medios escritos. De esa manera empezamos a organizar la guerrilla, pero ya no en el norte de Matagalpa, sino en la cordillera de Dipilto.

De Managua, Daniel y yo nos trasladamos a Honduras, y fue ahí cuando nos encontramos, ¿recuerdas Humberto? En esos años radicabas en Costa Rica clandestinamente, y algunos otros compañeros que regresaban de Cuba producto de la acción realizada a la casa de Castillo Quant tomaron parte en la discusión. Ahí se analizó la primera reunión de naturaleza guerrillera. Se organizaron tres frentes: el Norte, Carlos Fonseca, el Sur, Benjamín Zeledón y el Occidente, Rigoberto López Pérez.

El asesinato de PJCH fue el detonante que nos llevó a la insurrección, pero nosotros no trazamos estrategias sobre personas influyentes, nos estábamos preparando para la insurrección. Que la muerte de PJCH aceleró los acontecimientos, es cierto, y supimos aprovecharla no oportunistamente, como hacen creer algunos, sino revolucionariamente, siempre dándole su lugar al mártir de las libertades públicas, el creador de la frase de que Nicaragua volvería a ser República, que aún es válida, pues está pendiente todavía la tarea de construir la República.

Por último, los mártires de nuestra organización son tantos y tan valiosos como Camilo Ortega. No hay que redimir a un mártir de la familia, hagamos como lo reivindicaba Carlos Fonseca Amador nombrándolo uno por uno, poniendo en primer lugar a Carlos Fonseca Amador, luego a Jorge Navarro, Germán Pomares, Julio Buitrago, Casimiro Sotelo, Carlos Agüero, Jacinto Hernández, Bernardino Díaz Ochoa, Arlen Síu, Claudia Chamorro, Francisco Rivera, entre otros ¿Acaso éstos no son nombres de referencia que hicieron posible la guerrilla y posteriormente llegar a la insurrección?