Jorge Eduardo Arellano
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Las frases elaboradas con eufemismos no son una exclusividad de la izquierda ni de la derecha, sino un recurso de cualquiera que desea esconder verdades incómodas. Por eso, mejor ir al grano: el historiador, Aldo Díaz Lacayo quiso defender la condición de izquierda del presidente Ortega toreando los hechos ante su entrevistador, Edwin Sánchez (“Izquierda mide a Ortega con la vara de la derecha”, END 3/02/08).

Esperé en vano la señal de Díaz para saber cuál era la vara de la derecha con la que la izquierda hace la medición de Daniel. Creo que siempre ha estado claro que él ofrece su propia medida con sus actos de caudillo-presidente. Dada mi auto valoración como hombre de izquierda –lo cual sé que no puede ser un aval ante el orteguismo ni quiero que lo sea—, me siento aludido por Díaz. Es que he tomado muchas veces mi propia vara para medir al presidente, aunque no pretendo haberlo hecho de cuerpo entero.

Seguiré el orden en que las ideas de Díaz aparecen en la entrevista, para no perder la objetividad, no por el deseo de hacerle una lectura mecánica. Díaz opina que la izquierda critica a Ortega incurriendo en los “vicios” que “esa zona ideológica” –o sea, la derecha—, tiene “casi de uso corriente” para juzgarlo. En palabras directas, cree que la izquierda juzga a Ortega con los “vicios” o “parámetros de la derecha”.

Desde mi “zona ideológica”, a la derecha creo conocerle sus “vicios” y se los combato. Pero también algunos vicios de Ortega los he tratado de señalar con objetividad, sin la vara de la derecha: ambición de poder, autoritarismo, apropiación del liderazgo partidario, exclusión de compañeros acusándoles de “traición” por haberle hecho contrapeso a su ambición, manejo familiar del partido y del gobierno, autopromoción ególatra, abandono de la ética de Sandino --como aquello de que el héroe no ambicionó ni un palmo de tierra para su sepultura--, conducción con métodos reaccionarios, como utilizar la religión con fines de manipulación política y manejar la política con las concepciones religiosas.

No son todos sus “vicios”, pero suficientes para no pasarlos inadvertidos. El vocablo “vicio” tiene no menos de once acepciones y ninguna mencioné, aunque alguna no le vendría mal al presidente. Existe, sin embargo, un acto político de Ortega que le acerca más a la derecha que cualquier adjetivo: su apoyo a la penalización del aborto terapéutico. Una marca de envase reaccionario que no se la quita nada ni nadie. Díaz nunca ha mencionado esta actitud típica de un hombre de derechas.

Estoy de acuerdo en que no son de extrañar los juicios de la derecha sobre Ortega, pero ninguno de esos juicios los he mencionado aquí, porque en esta mi “zona” no se necesitan argumentos prestados, existen los necesarios para hacerle la crítica. En tanto, Díaz no hace bien repitiendo que la “carga mediática” contra su jefe tiene “diecisiete años”, porque no es verdad: tiene todos los años durante los cuales Ortega tuvo actividades de revolucionario y aun cuando las dejó de ser. Con rebajarlos a diecisiete años, le hace un favor a la derecha.

No le acompaño en su siguiente dicho: “Lo que sí resulta extraño son las valoraciones de la izquierda, que en la mayoría de los casos parten de negarle a Daniel Ortega Saavedra tal categoría (de izquierda). Ubicándolo, por el contrario, en la derecha”. Nada es extraño en nuestra negación, porque parte de la negación misma está en sus propias acciones, actitudes y discursos. Es bueno que Díaz no niegue el derecho a la crítica, porque Ortega “no está exento de los juicios de la izquierda”, pero no está bien su consejo de que “no debe juzgarse con los parámetros de la derecha”, porque, desde la izquierda, no veo que haga nadie.

A Díaz le parece estar en lo justo cuando aconseja acerca de lo que la izquierda no debe imitar de la derecha. Pero, ¿cuándo alguien de la derecha ha suscrito alguna vez juicios como el siguiente sobre Ortega?: “Con este juego maquiavélico con Dios y la religión, el orteguismo abrió otro frente de lucha con la derecha al ver (ésta) invadido su viejo territorio, y también con los sectores democráticos, porque con su seudo religiosidad desprestigia su causa”. Se escribió aquí en esta “zona de la izquierda”.

Lo que viene, sugiere cierta ingenuidad de parte de Díaz: que la izquierda al “sentar en el banquillo” a Ortega no toma en cuenta “al partido, la formación ideológica, el comportamiento partidario y gubernamental de sus cuadros”. ¡Pero si por tomar en cuenta todo eso es que nació la crítica contra Ortega! Fíjese bien: al partido lo han desfigurado de tal forma que ya no existe como tal, sólo un nombre tras el cual pretende esconder su poder personal. ¿De cuál “formación ideológica”, de qué “cuadros” habla Díaz? ¿Acaso de quienes su “comportamiento” es participar de la violación constitucional, aplaudiendo curas en los actos oficiales del Estado, u orando e invocando a las divinidades en los actos del “partido”?
¡Ay, profesor Díaz! Eso de que la izquierda nicaragüense elabora “juicios que hace caso omiso de la coyuntura nacional e internacional que tiene un peso específico determinante”, aun aceptándolo como válido, es mal argumento. Ningún militante de izquierda haría bien callando los errores del gobierno de izquierda de su país, por las dificultades de una coyuntura internacional. Todas las coyunturas internacionales han presentado dificultades y los procesos locales han seguido su curso.

Proponer a cambio de la crítica la tolerancia ante los abusos de un gobierno, porque es de “izquierda”, sería un formidable aliciente para que los gobernantes no hagan la mínima rectificación. Esto es un mal consejo: anular la ética sólo para conservar el apodo de “izquierda”. Cuando se ha adormecido o se ha ausentado la crítica y la autocrítica dentro de la izquierda, sus líderes han terminado dictando represiones contra sus propios compañeros de partido. El peor ejemplo fue lo ocurrido en la URSS bajo el estalinismo, y luego con la burocracia, que ahora parte de la mafia.

Resulta un poco cómica la beatífica advertencia de Díaz: “Si la izquierda no logra trascender el contexto de la derecha, en el cual actúa y desarrolla, jamás podrá apoyar críticamente a los gobiernos de izquierda, como es su deber, en un sentido dialéctico, para superar contradicciones para rectificar errores, para mejorar. ¿Crítica “en sentido dialéctico”? No voy a preguntarle con qué se come. Sólo recuerdo que la crítica al orteguismo por sus “errores” comenzó de lo simple a lo complejo, a medida que sus abusos vinieron creciendo: primero por lo que hizo al amparo de las leyes de la propiedad urbana y rural en el 90, y luego contra la conversión del partido en una maquinaria electorera, y protectora de los intereses materiales acumulados desde “abajo” y desde “arriba”. Y esta crítica la responden con agresiones, no con rectificaciones.

Se me acabó el espacio, pero no para la despedida. Díaz alude la solidaridad de Venezuela y dice que la derecha la ha “ideologizado en extremo”.Eso no tiene que ver con esta “zona”, la cual no rechaza esta solidaridad. Rechaza que los fondos generados por la venta del petróleo venezolano el gobierno se niegue pasarlos por el Presupuesto General de la República, para ofrecer la mínima garantía de transparencia.