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En muchas partes del mundo, los sistemas de seguridad social están bajo presión, y consecuentemente revisión, para garantizar sus sostenibilidad financiera. En general, la causa fundamental es que con la prolongación de la esperanza de vida de la población, por mejoría en la nutrición a lo largo de la vida y en los sistemas de salud, y el envejecimiento de la población, es decir, menos gente entrando al mercado de trabajo, se reduce la proporción entre gente trabajando y cotizando, y gente pensionada. En resumen, ingresos por cotizaciones tienden a crecer más lentamente que los egresos por servicios de salud, jubilaciones y otras prestaciones.

Esta semana el tema volvió a las noticias pues las autoridades del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS) reconocieron que, en las actuales circunstancias, la viabilidad financiera de nuestra entidad de seguridad social llega hasta el año 2019. Esta no es una novedad pues desde hace dos gobiernos el Fondo Monetario Internacional (FMI) viene solicitando se revise la situación. Y no olvidemos que fue el orteguismo el que desde la Asamblea Nacional y desde las calles, se opuso a cualquier reforma que significara aumento de las cotizaciones y prolongación de la edad de retiro. Ahora como gobierno también ha postergado la medicina que, entre más se retrase, más amarga será, y con gran descaro, como si Ortega pudiese ser candidato y además pudiera ganar siendo minoría, hablan que en el “segundo gobierno de Ortega” se realizarán las reformas de la seguridad social.

Y lo que es peor, con una jerga críptica, es decir, indescifrable, de “reformas paramétricas”, se oculta la verdad. En efecto, antes a los 60 años se “era viejo” y por tanto se consideraba que la vida activa había terminado. Ahora se puede llegar a los 65 y más años en buenas condiciones de efectividad laboral. Esta razón yace en la base de la prolongación de la edad de retiro en muchos países, y así, teniendo más trabajadores activos, se alivia la carga del sistema de pensiones. Pero no es ésta la razón fundamental del caso de Nicaragua. En nuestro situación, la explicación fundamental, además de las malas inversiones de los recursos del INSS, es que estamos desaprovechando el llamado “bono demográfico” sobre el cual, con tanta vehemencia y fundamento, han argumentado profesionales como Adolfo Acevedo.

Pese a que tenemos una población fundamentalmente joven, pero no se están creando oportunidades de trabajo en buenas condiciones de productividad para la inmensa mayoría de los jóvenes, estamos desaprovechando la oportunidad de tener una mayor proporción de gente trabajando y cotizando, y así los problemas financieros del INSS serían mucho menores.

La clave está en generar más y más empleos de calidad, y tener más población joven bien capacitada, y esto no está ocurriendo, ni ocurrirá con el gobierno de Ortega, en que el ritmo de generación de empleos formales, que depende del crecimiento de la inversión, ha disminuido dramáticamente. Que no de tantos brincos la mona, si está tan plano el camino.